Más de diez años al servicio de los enfermos de sida

  • La asociación Siloé celebra este año el décimo aniversario de su casa de acogida y continúa desarrollando proyectos para ayudar a los afectados de VIH

Los habitantes del Hogar Siloé celebrarán en octubre el décimo aniversario de la casa, pero el espíritu que puso en marcha a la asociación hace catorce años sigue tan vivo como el primer día.

El edificio blanco, que descansa sobre una loma del pago Torrox y es sede del hogar, se proyectó como un lugar destinado a la acogida de enfermos terminales de VIH. "Algo ha cambiado", explica Antonio Barrones, director del centro, "las estancias son ahora largas por lo general, hay personas que pueden llevar en la casa ocho años y con perspectivas de seguir más tiempo debido a la cronicidad y a los tratamientos".

Esta prolongación de la estancia ha provocado un descenso en el número de ingresos, unos doscientos setenta desde la apertura del centro en 1999. Aproximadamente la mitad de los ingresados permanecen más de dos años en la casa y de los veintidós habitantes, media docena lleva más de seis años viviendo allí.También se da el caso contrario; personas ingresadas que no se han adaptado bien al funcionamiento del Hogar Siloé y han acabado abandonándolo tras una estancia que oscila entre la semana y los dos meses.

En el centro hay enfermos que vienen y van. Barrones explica: "Hay personas que en cuestión de quince o veinte días notan la mejoría, piensan que ya están bien y se vuelven a la calle". La mayoría regresa de su alta voluntaria mostrando síntomas de recaída debidos a la falta de trabajo, al desgaste de la calle y el abandono familiar.

Siloé es eso, una gran familia donde fisioterapeutas, cuidadores, psicólogos, monitores de ocio, trabajadores sociales, médicos y voluntarios se afanan en garantizar a estas personas una calidad de vida que les ayude a sobrellevar mejor su enfermedad. El director subraya que "el voluntariado lo que hace es darle un plus de calidad a lo que se está haciendo".

Y como en una gran familia, cada uno tiene sus roles. Los treinta y siete voluntarios se dividen el horario para apoyar a los cuidadores en sus tareas, pues más de la mitad de los ingresados en el hogar son personas dependientes, con secuelas graves a nivel de movilidad o mental. Aunque hay algunos ronden la veintena, los voluntarios son en su mayoría personas mayores y pensionistas que han decidido dedicar su tiempo a esta causa. Los enfermos menos graves, a su vez, participan en alguna tarea de la casa, ocupándose de su habitación y su baño y colaborando incluso en el cuidado del huerto o del gallinero.

Las actividades de Siloé en Jerez no se limitan al hogar. Desde su fundación, la asociación ha llevado a cabo programas de apoyo a personas afectadas, de acompañamiento hospitalario y un centro de día años antes de que el hogar fuese una realidad. Desde hace cinco años, la asociación ha saltado al continente africano para poder llevar a cabo su tarea también allí.

El Lar Siloé, enclavado en Munhava, uno de los barrios más desfavorecidos de Mozambique, acoge a unos cien niños huérfanos de SIDA entre sus paredes. Aunque esté situado en un continente distinto al nuestro, el contacto de la asociación con el Lar Siloé es continuo. Barrones confiesa que no paran de ir a hacer el seguimiento. Para eso mismo, facilitar el seguimiento, han designado hace poco a un delegado con el que hablan semanalmente por teléfono y que tiene como función servirles de enlace con la dirección del Lar. A la sombra de este centro y relacionados con él han ido naciendo además otros proyectos como la escuela agraria, pensada para formar profesionalmente a los jóvenes del Lar y del barrio o los programas para dar una formación sanitaria básica a las mujeres de Munhava.

Uno de los que lleva más tiempo en funcionamiento es el programa dedicado a la alfabetización de mujeres, que lleva dos años funcionando en un lugar donde el analfabetismo afecta al 70% de la población, especialmente a las mujeres de la zona. Los profesores, estudiantes universitarios, han conseguido que aprendan a leer y escribir más de seiscientas mujeres en estos dos años de andadura.

Aún cuando lleven poco tiempo con los programas de África, la asociación Siloé ya tiene en mente nuevos proyectos para Jerez; como programas de reinserción laboral o la participación en programas de la red de artesanos.

"Dentro de la asociación no nos faltan proyectos" comenta Antonio, "muchas veces tenemos algunos en la junta directiva que queremos poner en marcha, pero queremos consolidar antes los que ya están en marcha".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios