"En las barriadas te terminan conociendo como si fueras familia"

Pedro Gaona se conoce bien las calles de Jerez. No en vano lleva más de treinta años repartiendo bombonas de butano por barriadas como el polígono de San Benito, La Granja e Icovesa, "y algunas otras porque como me ha tocado también sustituir a algunos compañeros, pues siempre se cubren otras zonas", comenta.

De pequeño dio sus primeros pasos por la zona de Mundo Nuevo y luego pasó a la Hijuela de las Coles. Sus padres murieron cuando apenas era un chaval y comenzó a trabajar con apenas 17 años, por eso a su medio siglo de vida lleva más de tres décadas y media vinculado al reparto del butano con la empresa Carbis. "Hay otro compañero que entró conmigo en esa misma fecha y prácticamente con la misma edad. Éramos los dos muy jovencitos, él se ha quedado en la oficina y yo en la calle, repartiendo".

Aún recuerda el principio, cuando todavía no tenía la maña que hace falta para no lesionarse cargando unas bombonas que pesan unos 26 kilos "y se me ponía el hombro todo colorado, eso ya lo olvidé hace años". "Me he criado en esto del butano y no temo a la escalera, todo se toma luego como una rutina y cuando te dicen que subas a un quinto y ya sabemos que el bloque no tiene ascensor, pues se coge la bombona y no se piensa", dice. También hay trucos, como el de empezar siempre por el piso más alto a repartir, así parece que se alivia más la carga.

En estos años ha visto cómo ha crecido la ciudad, cómo han cambiado los barrios y ha conocido a muchos de sus vecinos. Pese a los cambios en el sector de la energía, Gaona dice que sigue vendiendo mucho porque "es lo más barato y eso se nota en el bolsillo".

Su jornada laboral empieza bien temprano, a las siete de la mañana, con el reparto de bombonas a distintas gasolineras y luego toca meterse en faena por las barriadas. "En los barrios te terminan conociendo como si fueras familia. Tengo muchas anécdotas". En más de una ocasión le han comentado aquello 'este niño se parece al butanero', "con eso de que soy rubio y tengo los ojos azules... Hay muchas señoras a las que conozco de mucho tiempo que suelen decirlo en broma".

Tiene dos hijos que no se dedican a esta profesión, sino que trabajan en el sector sanitario. "La profesión de butanero no se va a perder mientras haga falta gas. Lo más duro es repartir por la calle con frío y lluvia, lo demás se hace muy llevadero. Cada uno coge su rutina y hasta se pasa bien, si no me gustara este trabajo, hubiera pedido un cambio", señala este repartidor.

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