medio ambiente

Un ruego necesario por las abejas

  • Estos insectos son fundamentales para el reino vegetal, piedra angular de nuestra alimentación

  • El número de ejemplares desciende cada año y Jerez no escapa a esta dinámica

Algunos de los miembros de la familia García, propietaria del Rancho Cortesano y el Museo de la Miel, ubicados junto a Cuartillos. Algunos de los miembros de la familia García, propietaria del Rancho Cortesano y el Museo de la Miel, ubicados junto a Cuartillos.

Algunos de los miembros de la familia García, propietaria del Rancho Cortesano y el Museo de la Miel, ubicados junto a Cuartillos. / vanesa lobo

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Quizás lo hayan apreciado porque son más difíciles de ver que hace años, quizás no, pero la situación de las abejas en nuestro planeta es cada vez más precaria. Y la situación de la Campiña de Jerez no es, por desgracia, excepción. Y estos insectos son necesarios, por ejemplo, para la polinización de la planta del algodón. Afecta entre otras cosas el gran sometimiento a las que se ven a menudo las fincas agrícolas. Es una de las tantas razones por las que la zona no se escapa a una dinámica mundial que, como decía el físico Albert Einstein, pondría en riesgo la vida humana tan sólo cinco años después de la desaparición de las abejas. "Para que nos hagamos una idea, de cada euro que producen las abejas en miel, genera otros 20 en otro tipo de productos. Esto supone billones y billones de dólares", dice José Manuel García, secretario de la cooperativa que dirige El Rancho Cortesano y el Museo de la Miel, un espacio que viene a ser un 'resort' para las abejas ubicado en las inmediaciones de Cuartillos con 35 años de historia y que ostenta el premio Ciudad de Jerez. "¿Te imaginas un mundo sin apenas flores? De las abejas depende alrededor del 80% de lo que comemos", dice.

Por su parte, Vicente, hermano de José Manuel, es de los que más tiempo pasa mano a mano con las abejas, pues tiene mayor carga de trabajo de campo. "Una colmena hay que entenderla como un organismo, no como muchos pequeños seres vivos. Es la colmena la que enferma. Esas cosas se aprecian fácilmente cuando ves que las abejas no se tocan entre ellas, sino que van volando de forma descoordinada", indica Vicente.

Por cada euro que producen en miel, generan otros 20 por su labor de polinización

¿Y qué haces sin nos encontramos con una abejita pululando cerca de nosotros? La primera reacción del ser humano de hoy en día es la de alejarse o intentar matarla. "¡No hacen nada!", dice José Manuel. "Cuando salen de sus enjambres son bichitos muy nobles. Los apicultores las cogemos con las manos. Sí se vuelven agresivas dos veces al año, cuando se les saca la miel, pero es normal porque lo que estás es robándole su producto", explica. "Si hay una planta de romero cerca, por ejemplo, la abeja lo que hará será chupar un poquito de néctar para generar la miel, pero nada más, luego se irá tranquilamente. Las avispas, eso sí, son más 'puñeteras' porque te pican por picarte, sin motivo alguno. Pero yo en la puerta de casa tengo un avispero y también las cojo con las manos, sólo que hay que saber cómo hacerlo. Las abejas, si pican, lo harán por algún motivo", matiza. "Pero es que estamos hoy en día en un mundo de locos. Si vamos al campo no queremos mancharnos los pies de barro, ni queremos que se nos acerquen los insectos... Hay que pensar que la naturaleza es así, y en el Rancho Cortesano precisamente es lo que damos a conocer".

Es importante respetarlas y dejarlas con vida, porque la situación es cada vez más crítica. En el entorno de la provincia, hace 25 años se perdían alrededor del 10% de las colmenas, lo que significa que una de cada diez llegaban al final de su ciclo vital. Hoy se pierde un 25%. "Las colmenas son menos fuertes porque no son capaces de guardar suficientes recursos para el invierno. Eso ocurre porque a causa del cambio climático, las primaveras son mucho más cortas. Eso que se dice de que del invierno estamos pasando a temperaturas de verano les hace mucho daño. Una colmena fuerte puede tener hasta 100.000 individuos. Lo más normal es que tengan hoy en día unos 50.000 ó 60.000".

Vicente apunta a otras de las razones: "El abuso de los insecticidas, que la producción del campo está mucho más dirigidos a la mayor producción, los glifosatos... Digamos que es una agricultura conservadora porque no quedan flores. A las abejas al final se les está alimentando con preparados que no son los ideales. Afortunadamente se está apostando por más cultivos y más ecológicos. Pero el agricultor no sabe que la abeja es el gran aliado".

En favor de estos insectos va también que ha aumentado el número de personas que se dedica a la apicultura. Pero ya entrando en el asunto de la miel, José Manuel, como productor local, dice que "recomendaría a los consumidores que a la hora de comprarla no se fijen primero en el precio, sino en su procedencia. En las etiquetas incluso se enmascara porque pone 'Origen: Varios países'. Y eso significa que no sabremos nunca de dónde procede. Además, a menudo llevan un 15% de añadidos como azúcares. Eso no es miel".

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