Jerez

Un trabajo

Si hay algo que irrita a Morenatti es ser noticia. Para Emilio Morenatti su trabajo es eso, un trabajo. Y punto. Alguien tiene que hacerlo, alguien tiene que explicar lo que pasa en los lugares remotos donde todo, incluida la existencia, vale muy poco, alguien tiene que mostrar vidas arrancadas por la guerra, alguien tiene que jugársela para que Occidente, plácidamente, observe su reverso. Uno de sus  muchos reversos.  Lo hace él y lo hacen otros, pero ellos no son los protagonistas de ninguna película, como se empeña Hollywood: los protagonistas están allí, domiciliados en nuestros reversos. Puede ser Palestina, donde los niños juegan en los ocasos sin padres porque los padres están en la guerra o en la cárcel... o muertos; puede ser Pakistán, donde las mujeres son desfiguradas con ácido; puede ser Afganistán, donde  niñas con trajes de vistosos colores posan para Emilio en una pradera desafiando con sus duros ojos verdes. Qué preciosa foto. Cada color, y son muchos colores, es una herida. Sí, un trabajo arriesgado. Es su elección. Ha trabajado duro para ser uno de los grandes fotógrafos del planeta. Lo es. El ni se lo plantea. Antes de irse a Afganistán comentó que se empotraría en las tropas estadounidenses.  Estaba preocupado por cómo iban las cosas en Pakistán, por el avance talibán, por la inminencia del estallido. Hablaba de forma muy profesional, analizando hechos y enfoque. No iba de aventura; iba a currar. Ama su profesión hasta el punto de que le gustaría que no existiera, que no hubiera un drama que retratar. Pero están ahí. Hay que hacerlo. No hay héroes. En la profesión de Emilio Morenatti no hay un solo héroe. Morenatti no es un héroe: es una mirada. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Pero no es necesario. La mirada de Emilio, afortunadamente, sigue intacta.

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