La economía e Iraq centran el último discurso del Estado de la Unión de Bush

  • Sólo el 32% de los ciudadanos norteamericanos aprueban la gestión del presidente

La economía y la situación en Iraq centraron el último discurso sobre el Estado de la Unión que el presidente George W. Bush pronunció ayer ante las dos cámaras del Congreso americano.

El gobernante aprovechó su alocución para insistir en la necesidad de poner en marcha, cuanto antes y de la manera más amplia posible, el plan de estímulo económico con el que la Casa Blanca y el Congreso pretenden alejar los aires de recesión.

Igualmente, insistió en los progresos que se han realizado en Iraq y trató de demostrar que lo que su equipo ha venido diciendo estos últimos años -fundamentalmente que "se necesita tiempo" para lograr avances- era cierto.

La situación en Iraq parece ahora estar ahora más controlada de lo que ha estado nunca y el presidente subrayó que va a dejar a su sucesor un Iraq más estable.

Destacó asimismo cómo la estrategia desarrollada contra la insurgencia en ese país ha conseguido reducir los ataques cerca de un 60 por ciento.

Pero aun así, insistió en que el año que tenemos por delante no va a ser fácil en Iraq, algo que los demócratas tienen muy claro.

Sin embargo, por primera vez desde que empezó la guerra, hace casi cinco años, los estadounidenses no tienen la guerra en Iraq como su prioridad, aunque según los sondeos, la gran mayoría sigue pensando que fue un error y dan a Bush poca credibilidad por su política en este terreno.

Ahora, según la última encuesta del diario The Washington Post y la cadena de televisión estadounidense ABC, la preocupación por la coyuntura económica que vive EEUU ha superado en el sentir popular la que existe por la situación en Iraq.

Según este sondeo, el 29 por ciento pone a la economía como el principal problema del país, mientras que un 20 por ciento piensa que es Iraq.

Sea lo que sea lo que más preocupa al ciudadano de a pie y la "nota" que esta encuesta concede a Bush lo refleja claramente: sólo el 32 por ciento de los estadounidenses aprueba su gestión, el peor índice de todo su mandato.

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