Acusación particular

España, 2010. Director: Peter Torbiörnsson.

La mejor de las intenciones puede contribuir a aumentar el censo de víctimas inocentes, hoy llamadas 'daños colaterales'. Peter Torbiörnsson, autor de este trabajo, dejó de lado un día la objetividad periodística para tender la mano a una causa con la que simpatizaba y creía justa. Hoy, veinticinco años después, como en unas macabras bodas de plata, intenta recomponer las piezas del rompecabezas que le dejó herido para siempre. Su proyecto combina las grabaciones del pasado en contraste con las imágenes del presente, la foto fija, junto con entrevistas y autorreflexiones, todo con el hilazón de su propia voz en off, hablando en su lengua original, lo que concede un tono grave y solemne a la grabación. En un perfecto montaje, se desarrolla una trama que mantiene en todo momento el suspense y el interés, de tal manera que a veces se pierde la noción de documental para percibirse como una suerte de película de espionaje con tintes de política-ficción. Se trata, sin embargo, de ilusión o licencia de director pues la estructura vuelve una y otra vez a los hechos reales, relatando de manera bien resumida las circunstancias, causas y consecuencias de un dramático atentado. Saltando por encima de la pena negra del rencor, la culpabilidad o el remordimiento que se desprenden, trata de poner el dedo en la llaga, una vez más, para entonar el canto del J'acusse y denunciar la corrupción del poder, que se extiende como una pandemia para la que no se consigue vacuna. La reparación que se busca no parece hallar consuelo, aunque se haya generado un producto impactante y excelente en ritmo, selección de imágenes, voces, textos o participantes, capaz de generar debate e interrogantes. Así, la sombra de la venganza parece proyectarse, aunque de manera velada, por detrás de la justicia que se demanda, pues la rabia de sentirse traicionado por los tuyos, que compartían tus nobles ideales, no halla consuelo.

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