Álbum de instantes y pellizcos

  • Rey Lear publica el volumen 'Flamencos', 30 años de protagonistas de este arte vistos por el objetivo de Jerónimo Navarrete Sagas, cabales y revolucionarios se citan en sus páginas

En el principio estuvo una playa de Cádiz. Ése fue el primer instante de comunión con el cante que vivió Jerónimo Navarrete (Madrid, 1967). Una noche de hace 30 años que inició lo que con el tiempo se convertiría en el motor de su carrera: la fotografía ligada al flamenco. "Al escuchar a aquel gitano cantando, sentí entonces lo que luego entendí que era el pellizco o duende: algo irracional y profundo que me puso los pelos de punta como ninguna música lo había hecho", expone el fotógrafo en el arranque de Flamencos (Rey Lear), un álbum de instantáneas, retratos y momentos captados a cantaores, bailaores, guitarristas y músicos de varias generaciones que han posado para su cámara.

Sin embargo, en las primeras páginas de este libro Navarrete quiere dejar constancia del día en que Camarón no quiso ser retratado. Era febrero de 1992, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid. Había una gran expectación por escuchar a Camarón en un concierto que a la postre sería el último de su vida: "Me cuelo en el camerino con mi cámara y le pregunto a José si le puedo hacer una foto. Está embutido en un abrigo negro, aunque allí no hace frío, y tiembla. Tiene la cara desencajada y charla con un amigo mientras Tomatito calienta los dedos haciendo falsetas con la guitarra cerca del maestro. Me mira con cara de pena y me dice que no tiene cuerpo para fotos. Así que le hago una al Tomate, y me subo a la sala".

El respeto que se percibe hacia los deseos del maestro, esa sensibilidad para dar un paso atrás, la humildad de quien sabe esperar el momento idóneo, la complicidad del gesto amable tras el objetivo o la virtud del silencio para retratar el quejío, el dolor y la fiesta se transmiten en las más de 150 instantáneas que Navarrete recoge en este libro, editadas en blanco y negro.

Flamencos se observa, se disfruta pausadamente como el álbum de una vida itinerante por sitios tan dispares como Barcelona, Cádiz, Sevilla, Madrid, Hannover, San Francisco... A todos estos destinos viajó Navarrete junto a todos esos flamencos que reúne en este libro editado por María Robledano: las sagas consagradas, los cabales, los revolucionarios, los que llegaron a esta música procedentes de otras latitudes y "cambiaron la sonoridad de una época", como cuenta de Rubem Dantas, el brasileño de Bahía que incorporó el cajón peruano al flamenco de la mano de Paco de Lucía para acompañarlo por escenarios de todos el mundo durante 28 años.

Precisamente con el retrato de Paco -serio, mirando enérgicamente a la cámara- se inicia esta nómina anárquica de nombres propios del flamenco captados por la cámara de Navarrete en las últimas tres décadas. "El espíritu del flamenco tenía que buscarlo en esos seres, eran ellos los que lo llevaban y en ellos debía encontrar lo que me animaba y fascinaba", cuenta en el capítulo El espíritu del flamenco.

El álbum, que cuenta con los comentarios de José María Goicoechea y José Manuel Gómez Gufi, éste último discjockey de la flamenca Sala Caracol, arranca con Paco y se termina con Morente, un creador que se fue, como el de Algeciras, de forma prematura. "Nunca logré que me dijese cuál era su disco favorito, y eso que alguna vez me puse pesado", escribe sobre el creador de Omega.

Casi imberbes Joaquín Grilo y Poveda, jovencísimos Tomatito o El Torta pasean por estas páginas junto al siempre divertido Chano Lobato al compás de las palmas con Manuel Soler por las calles de Sevilla en 1996, una majestuosa Lola Flores vigilada por Farruco o Vicente Amigo en un hotel de Estados Unidos son estampas deliciosas de un libro que escapa a los cánones. Merche Esmeralda, Carles Benavent, Jorge Pardo, Tino di Geraldo, los Ketama, Rancapino, El Zambo, Menese, Chocolate, Capullo, Manuela Carrasco, Sara Baras, Pilar López, Belén Maya, Antonio Gades, Canales, Mario Maya, Israel Galván, Rafael Campallo, Arcángel, Tomasito, Raimundo Amador... y siempre Camarón. "Una de las grabaciones en vídeo del cantaor y Paco de Lucía de mediados de los años 70 les muestra de frente a las cámaras como leyendas del glam: mucho maquillaje, una pasmosa seguridad en sí mismos y más guapos que David Bowie. Camarón y Paco cambiaron el flamenco con una mezcla de velocidad y rabia". Así los recuerda. Así los retrató.

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