Carnero navega entre la emoción y la reflexión en 'Regiones devastadas'

  • El poeta valenciano publica en Vandalia su nueva entrega, conformada por poemas breves marcados por la intensidad y la sugerencia y en los que dialoga con Tiziano, Bronzino y Góngora

Guillermo Carnero, días atrás. Guillermo Carnero, días atrás.

Guillermo Carnero, días atrás. / fotos: fundación josé manuel lara

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Guillermo Carnero afirma que Regiones devastadas surge de un "experimento involuntario": a lo largo de las últimas dos décadas, el impulso de escribir poemas largos ("sinfonías") no invalidó la necesidad, casi secreta pero palpitante, de dar forma a piezas de pequeña extensión ("canciones") que fue almacenando: "No se deben mezclar las sinfonías con las canciones, así que fui dejando estas de lado, en un cajón, a ver qué pasaba". Y lo que pasó fue que estas composiciones llegaron a alcanzar un número "suficiente" para justificar un libro. "Las leí, las ordené, escribí alguna más y vi que el conjunto tenía sentido, a pesar de no estar planificado", señaló días atrás a este periódico el poeta valenciano, que presentó la obra, publicada por la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara, en el Hotel de las Letras de Madrid junto a Antonio Lucas e Ignacio F. Garmendia.

El título fue "una revelación". "Se me ocurrió en seguida -afirmó-, y la imagen de la cubierta [el busto fusilado de Cicerón del Castillo de Sant'Angelo de Roma] la tuve siempre en la cabeza. Una de las acepciones de devastación es la destrucción de monumentos y obras de arte". Y en Regiones devastadas hay muchos monumentos y mucho arte, un imaginario cultural enfrentado a la mirada del poeta, que cita a Virgilio y Ovidio, que visita la villa de un magistrado en Macedonia y una factoría de garum en Bizerta y que dialoga con Lucas Cranach el Viejo, Tiziano, Bronzino, Tintoretto, Góngora, Tiepolo, Rodin y Romero de Torres.

"La obra de arte te da a entender que en ella hay algo que te refleja", señala el escritorSus maestros del siglo XX, afirma, son Luis Cernuda y Pablo García Baena

"La obra de arte te llama la atención y te da a entender que en ella hay algo que te refleja, y merece la pena que eso sea explorado y escrito", apuntó Carnero, nacido en 1947 y que inició su trayectoria poética en 1967 con Dibujo de la muerte.

Poemas breves que alumbran un concepto de "intensidad" poética a través de la "concentración" y una economía de desarrollo que no renuncia a las conquistas de la reflexión ni a las aventuras de la imagen. En su poesía, "necesariamente, la emoción lleva a reflexionar sobre la conciencia de lo que uno es y lo que quiere ser". La emoción por sí misma "es una tontería". En poesía "es necesaria pero no es suficiente: pasó ya hace mucho tiempo lo de volverán las oscuras golondrinas...". En su desempeño poético Carnero defiende esa "alquimia especial" que se basa en la conjugación "de todas las facultades humanas" y que nutre "toda la gran poesía contemporánea".

"Cada vez que acabo un libro pienso que será el último, que ya no voy a escribir más", indicó el valenciano. "No me esfuerzo, uno no debe esforzarse a la hora de idear un libro, porque entonces puede ser un fracaso. Sí en cuestiones técnicas, una palabra, un verso...", explicó el autor de Verano inglés, que se incorpora al catálogo de la que para él es "la mejor" colección de poesía de España "en estos momentos". Vandalia, que recientemente ha publicado a Jesús Aguado, Pere Gimferrer, Javier Vela y Eduardo García, es "señera" en el sentido de que "va delante y lleva la bandera".

Carnero, uno de los máximos especialistas en Cántico (al que dedicó a mediados de los años 70 el decisivo ensayo El grupo Cántico de Córdoba. Un episodio clave en la historia de la poesía española de posguerra), participará en el seminario sobre Ricardo Molina que el próximo otoño se celebrará en Córdoba. En la poesía española actual, las huellas del grupo cordobés están presentes sobre todo en la promoción de Carnero y Gimferrer, los novísimos, los "venecianos, que es una denominación que no me gusta", y algunos de sus herederos. "Mis dos maestros del siglo XX son Luis Cernuda y Pablo García Baena, además de Cavafis", indicó el poeta, ganador del Nacional de la Crítica, el Nacional de Poesía y el Loewe, entre otros premios, y que regresa para afirmar que "toda belleza duele y es violenta".

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