'Coppélia', si existiera lo perfecto

  • El Teatro Villamarta recibe en escena la magistral y colorida interpretación que la prestigiosa Alicia Alonso hace de la popular obra

A sus 92 años, la danza es aún para Alicia Alonso su pasión. Un sentimiento que queda patente en la nueva producción del Ballet Nacional de Cuba, Coppélia, que dirige la prestigiosa bailarina, y que el jueves por la noche se representó en el Teatro Villamarta. Una media entrada para un espectáculo lleno de colorido, expresividad y técnica al que le sobra (por decir algo), uno de los dos descansos entre actos, que hace la espera cansina. Comentado el detalle, hay que recordar que la formación visita de nuevo la ciudad con uno de los montajes de danza más emblemáticos del siglo XX.

Coppélia se estrenó el 25 de mayo de 1870 en la Ópera de París. Al fundarse el Ballet Nacional de Cuba, en 1948, uno de los primeros títulos escogidos por Alicia Alonso para integrar el repertorio de la nueva compañía fue Coppélia. El primer montaje de esta obra para la compañía se le encargó a León Fokín, quien trajo a Cuba una versión sobre la original de Marius Petipa. La obra, centralizada por Alicia Alonso e Ígor Youskévitch se estrenó el 28 de diciembre de 1948 en el teatro Auditorium, hoy Amadeo Roldán. Alicia Alonso, como repositora, coreógrafa y responsable de las grandes piezas del repertorio tradicional dentro de la compañía, realizó una tarea de transformación total de la obra, a la que aportó su sello más personal. Para ello retomó siempre que le fue posible elementos originales -de Saint-Léon a Petipa- aplicando un riguroso criterio para establecer los conceptos del estilo clásico-demicaractère que corresponde a este ballet, y cuidando de la coherencia narrativa de la trama. Por otra parte, enriqueció la coreografía con momentos de gran virtuosismo técnico, tanto en los despliegues de la técnica puramente académica, como en las danzas de carácter o demicaractère.

La belleza musical de Leo Delibes a partir del cuento El hombre de arena de ETA Hoffmann, tiene en esta puesta en escena a unos primeros bailarines que superan, si es posible, los límites de la maravilla de la obra en sí. Gestos, expresividad, teatralidad, movimientos, técnica imposible decir perfectos porque no existe la perfección. Aquí casi se roza. Aunque el escenario se quedó en ocasiones pequeño, los bailarines supieron hacer suyo este espacio desde el principio con una buena coreografía, eclipsada en ocasiones por la traviesa Swanilda y su novio Franz. El público, al principio un tanto retraído por la lentitud del primer acto, vibró a partir del segundo y se confirmó en el tercero. Un arranque, aunque un poco tardío, cuya fuerza y dinamismo se agradeció.

La representación de Coppélia en el Teatro Villamarta engrosa las vivencias de Alicia Alonso en Jerez, ciudad en la que residió allá por el año 1929 junto a su familia. Con este tierra ha querido compartir su pasión por la danza. Una experiencia que será retratada en el libro que seguramente se llamará La dimensión de Alicia Alonso en España, de Mayda Bustamante, quien ha compartido muchos momentos de su vida artística con Alonso desde su anterior cargo de vicepresidenta del Gran Teatro de La Habana. "En Jerez, Alicia y su hermana se dedicaron a tomar clases de danzas españolas para cumplir el deseo de su abuelo", sostiene la autora. Él quería que las niñas aprendieran bailes españoles, puesto que de esa forma "le traerían un pedazo de su tierra". Concretamente, de Cantabria, donde se sitúan los ancestros españoles de la mayor parte de su familia.

Y por eso, Jerez debió saber el jueves que parte de lo que ocurría en el escenario, Alicia Alonso lo vivió en la propia ciudad y que permanecería en su recuerdo para siempre. Una tierra a la que le une además el reciente reconocimiento con el premio Atahualpa de Cioppo, por parte del FIT de Cádiz .

En 1957 la coreógrafa presentó su versión, con notable éxito, en el Teatro Griego de Los Ángeles, donde interpretó el papel de Swanilda secundada por André Eglevsky. Diez años después la Alonso realizó una importante revisión de la obra para una nueva producción con el Ballet Nacional de Cuba, y con posterioridad dirigió su puesta en escena en el Ballet de Bellas Artes, México, D.F. (1976). En esta ocasión, Alicia Alonso, a su manera, volvió a 'subir' al escenario para deleitar a los espectadores a través de su interpretación de su propia Coppélia y para dejar claro que mientras haya danza, hay vida.

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