Demasiada tersura

Animación, España, 2011, 90 min. Dirección: Ignacio Ferreras. Guion: Paco Roca e Ignacio Ferreras. Música: Nani García. Cines: Avenida.

Arrugas aspira a emparentar con esa animación europea dispuesta a levantar un modelo estético adulto y alternativo frente a las propuestas infantiles, digitales y fotorrealistas de Hollywood con un retorno a la artesanía del dibujo animado que, no obstante, no está reñido con la intervención de las nuevas tecnologías.

Si la industria francesa parece haber tomado la delantera con propuestas tan estimulantes, iconoclastas y dispares como las de Michel Ocelot (Azur y Asmar, Les contes de la nuit), Marjane Satrapi (Persépolis, Poulet aux prunes), Sylvain Chomet (Bienvenidos a Belleville, El ilusionista), Felicioli y Gagnol (Una vida de gato) o Delesvaux y Sfar (Le chat du rabbin), la animación española empieza a dar señales de existencia con Chico y Rita, nominada al Oscar, y esta Arrugas, basada en el cómic de Paco Roca, Premio Nacional en 2008, y dirigida por Ignacio Ferreras.

Desgraciadamente, se trata más de buena voluntad que de excelentes resultados. A partir de un tema socialmente sensible como la vejez, la cinta de Ferreras y Roca, crónica de una amistad en una residencia de ancianos entre un enfermo de Alzhéimer y su compañero argentino de habitación, exhibe una estética reposada y humanista (algún colega entusiasta quiere ver aquí a Miyazaki) a la que, en cualquier caso, todavía le queda mucho que mejorar en cuestiones técnicas: a saber, en los movimientos y gestos de sus personajes y, sobre todo, en el ritmo de una narración en la que siempre tenemos la sensación de que cada plano y cada escena se alargan un poco más de lo deseable.

Tampoco convence su elenco de voces aseadas y radiofónicas, su evidente y molesto product placement, el tratamiento de la banda sonora o la deriva algo simplista y siempre excesivamente bienintencionada de una historia a la que los toques de humor no le hacen mella alguna y las reflexiones en voz alta sobre la soledad, el abandono o la dignidad de los mayores acaban resultando de manual del Imserso.

Por otro lado, cuando se decide a volar libre (con las escenas fantásticas que recrean los sueños, recuerdos o visiones de los ancianos enfermos), la cinta lo hace demasiado a ras de suelo o con un tono pelín cursi (esa caza de nube), con miedo a salirse del redil de su lineal y previsible desarrollo. Y es que, paradójicamente, a Arrugas le sobra tal vez demasiada tersura.

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