Demasiados fiambresPuro teatro

Lectores sin remedio

HACE unos años, en las páginas de esta misma sección dedicada a los lectores, bromeaba con una frase del famoso autor de novela negra John Connolly: "no puede escribirse un libro que llegue al gran público sin un crimen". Por entonces, la novela histórica copaba la atención del público (todavía lo hace, aunque más tibiamente), pero ya se intuía el inmenso empuje que estaba experimentando la novela negra, fruto de la atención de un número creciente de lectores. Aún no había irrumpido en el panorama literario de nuestro país esa legión de autores nórdicos, aunque el fenómeno de Millenium surgido de la mente de Larsson estuviera en ciernes, y sólo Henning Mankell con su serie sobre el inspector Wallander empezaba a llamar nuestra atención, atrayendo hacia la novela policiaca o negra (aunque quizás el término utilizado por Connolly "libro con crimen" sea más certero) a muchos que como yo hasta ese momento no habían sentido un interés especial por el género. ¿Qué es lo que ha pasado para que de unos años atrás este tipo de literaturas arrase? Es cierto que la novela negra, como la histórica, siempre han contado con un elevado número de seguidores, pero resulta curioso que los apasionados por los personajes en su día creados por Simenon, Chandler, Agatha Christi, Patricia Highsmith o Vázquez Montalbán, por citar algunos de los más notables, miren con cierto recelo este fenómeno que como comentaba Connolly, más que novela negra es novela con crímenes. Lo que queremos decir es que quizás no estemos asistiendo a un éxito sin precedentes del género negro entre los lectores en esta última década, sino más bien al éxito de un sucedáneo del mismo. La novela negra en la actualidad sigue teniendo sus autores clásicos que continúan la estela de los maestros, algunos de los cuales hemos nombrado más arriba. Incluso se celebran anualmente eventos que como 'la Semana negra' de Gijón tratan de mantener los signos distintivos del género. Pero es evidente que la mayoría de las novelas que hoy se califican con cierta frivolidad como 'negras', lo único que tienen en común con ellas es que en sus páginas hay crímenes que resolver. En las primeras novelas de P.D. James, como las de Donna Leon o Mankell, John Connolly o más recientemente Philip Kerr. También en la serie protagonizada por Mariana de Marco de José María Guelbenzu, ya en nuestro país, identificamos muchas de las características que auparon al género negro cautivando a generaciones de lectores. Sin embargo, los últimos años una marea de libros se solapa al calor de este fenómeno, como ya pasó y sigue pasando con la novela histórica. Hoy parece, como ya advirtiera Connolly, que no se puede escribir un libro con garantías de que lo lean, si no contiene entre sus páginas al menos un cadáver (en nuestro país las últimas que se apuntan al carro son Ángela Vallvey y Susana Fortes). Resultado: a día de hoy, y entre tanto fiambre, es difícil encontrar una buena novela negra. Ramón Clavijo Provencio

Mathias Enard. Mondadori, 2011.

Precedida de un notable éxito, lo que da fe de una larga relación de distinciones y premios cosechados por esta novela (ahora, finalizada su lectura, creo que del todo merecidos) el autor hurga en unos hechos que hasta este momento pudieran parecer apenas una anécdota perdida en las páginas de la historia. Pero Enard, con su prosa vigorosa ha tenido el tino de mostrar al lector una historia que desde el principio se torna apasionante. En primer lugar, por los protagonistas de la misma, Miguel Ángel y el papa Julio II. En segundo lugar, por el escenario, la Constantinopla de 1506. Y por fin por los acontecimientos que se desencadenan en ese fastuoso escenario en el que desembarca un 13 de mayo de 1506 el gran artista Miguel Ángel, que ha abandonado la construcción de la tumba del papa para embarcarse en un fastuoso proyecto que le propone el sultán Beyazid: construir un puente sobre el Cuerno de Oro. R.C.P.

AA. VV. Alfaguara, 2011.

Aprovechando el 25 aniversario del fallecimiento del gran escritor argentino se reedita esta selección de pequeñas historias, cada una de ellas en sí misma una pequeña joya literaria. Pequeñas en su extensión pero grandes en cuanto a sus valores literarios. Cualquiera de ellas podría ser objeto de deseo de infinidad de escritores que cambiarían toda su producción por haber firmado una sola de estas breves narraciones. El origen de la mencionada selección está en un artículo publicado por Borges en la revista 'El Hogar' en 1935, donde explicaba por qué el cuento de Mary Sinclair 'Donde su fuego nunca se apaga' era el más memorable que había leído nunca. La mencionada historia viene acompañada por once no menos memorables narraciones de autores como Poe, Conrad, Chesterton o el Infante Juan Manuel. Doce relatos que acaban enamorando al lector. R.C.P.

Joseph Roth. Acantilado, 2002.

Había leído hace unos meses su novela 'Confesiones de un asesino' y, la verdad, esperaba algo más de un escritor considerado uno de los grandes del siglo XX. Mi segunda lectura, 'La cripta de los Capuchinos', sin llegar a cubrir todas mis expectativas, me ha resultado una novela interesante sobre todo porque Roth expone a través del protagonista, el joven Trotta, el cambio que se produjo en el centro de Europa antes y después de la Primera Guerra Mundial. Un nuevo orden en aquella Europa pero, sobre todo, un cambio en la sociedad, la pérdida de un mundo viejo anclado en unos principios heredados del siglo XIX que dejaron de tener sentido al término de la primera gran guerra. Ambientes aristocráticos y encantadores, que podemos también leer en las novelas cortas de Hermann Broch ('Pasenow o el romanticismo') que desaparecerán irremediablemente. La siguiente página de la historia ya la conocemos: el nazismo. J.L.R.

Arthur Rimbaud. Libros Río Nuevo, 1977, edición bilingüe.

Arthur Rimbaud es uno de esos poetas a los que su propia vida le ha añadido un plus de prestigio, fama y leyenda, aspectos que en algunos agrandan o magnifican, por no decir sobrevaloran, sus méritos literarios. Sin embargo, no cabe duda de la influencia que su poesía ha ejercido y sigue ejerciendo, sobre todo por la brevedad e intensidad de su obra; no olvidemos que compuso sus primeros versos a los quince años y a los veinte dio por cerrada su labor literaria. Como breve también fue su vida, pues murió a los treinta siete años, toda una biografía plagada de sucesos entre los que cuenta su íntima y escandalosa relación con otro de los grandes poetas franceses, Paul Verlaine. La edición que reseñamos tiene el valor nada desdeñable de ser bilingüe, característica que, si es buena la versión (y ésta lo es), establece con el lector una relación mucho más estrecha con los textos originales. ¡Lástima que este tipo de ediciones no abunden! J.L.R.

'Mercurio' es una de esas revistas de literatura que se reparten de forma gratuita y no por ello habría que sospechar de su calidad, sino todo lo contrario, en sus páginas cualquier curioso puede ver colmadas sus inquietudes si lo que busca es buena y rigurosa información sobre literatura o simplemente sugerencias. Casos extraños de gratuidad en estos tiempos en los que nadie da nada por nada. Estaba leyendo hace unas semanas el número que dedicaba al teatro (nº 131, 'Teatro, palabra en acción') y no pude por menos darle la razón a José Ramón Fernández cuando terminaba su artículo con estas palabras: "Dos apostillas sin ánimo de tocar las narices… la segunda es que las va a pasar usted canutas para encontrar muchos textos (se refería a textos de autores actuales). De la edición y distribución de textos teatrales en España habría que hablar largo y tendido". Más razón que un santo. En el siguiente artículo, Javier Ors nos indicaba dos editoriales (Fundamentos y ediciones Irreverentes) y recogía las opiniones de sus respectivos responsables sobre la fortuna editorial de las obras de escritores actuales españoles, y cuando hablamos de 'actuales' no nos estamos refiriendo a la última hornada, sino a dos y a tres generaciones anteriores. Y aunque el responsable de la editorial Fundamentos es bastante optimista, de acuerdo con los niveles de publicación de su editorial, no cabe duda de que en las librerías la sección de teatro brilla normalmente por su ausencia, de que te las ves y te las deseas para encontrar ediciones de autores actuales, y de que algunas editoriales como la guipuzcoana Iru pone precios realmente desorbitados a textos plagados de erratas (ver 'Muerte accidental de un anarquista' de Darío Fo, a 13,30 euros). Y de la distribución, ni hablamos, mejor lloramos. En cambio, los clásicos no tienen derecho a removerse en sus tumbas por falta de atención, disfrutan de excelentes y numerosas ediciones. Y es que la edad ha sido siempre un grado.

José López Romero

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