Ejercicio de postrimerías

EL pasado mes de noviembre el pintor jerezano Manuel del Valle, presentaba en la antigua iglesia de San Miguel de Arcos, un magnífico proyecto en el que el tema de las Postrimerías - el fin de la existencia que aúna a todo los seres - volvía a manifestar estéticamente sus infinitos postulados. El viejo recinto eclesial arcense, hoy convertido en Sala de Exposiciones, recuperaba un particular esplendor gracia a la especialísima decoración ex profeso, que el artista había desarrollado con todo tipo de argumentaciones, plásticas, estéticas y conceptuales, en torno a una realidad que no tiene vuelta de hoja. En estas páginas ya dimos cumplida cuenta de la magnífica acción de Manolo del Valle que, además, coincidió con el mes, adecuadísimo, de los santos difuntos.

Ahora, el pintor jerezano lleva parte de este proyecto al gaditano recinto del Castillo de Santa Catalina, dentro de ese proyecto ambiguo que ha creado el Ayuntamiento de Cádiz, en sustitución de aquella feria de Arte Contemporáneo que no llegó a nada por culpa de unas escasas ideas mal diseñadas, peor organizadas y de nefasta ejecución. La antigua capillita del Castillo acoge parte del primitivo proyecto. El artista envuelve de misterio el espacio con unos inquietantes rezos en latín, decora las mínimas estancias con unos reposteros de gran austeridad plástica donde aparecen frases alusivas a los momentos representados, textos que aluden a la muerte extraídos de libretos operísticos, augurios terribles de unas postrimerías demasiado cercanas, además pinta escenas dramáticas protagonizadas por un coro de mortuorias figuras que ponen una nota de intimidad, melancolía y hasta agónica materialización de una realidad presentida, grandes lienzos que recrean escenas donde la muerte ofrece sus lúgubres y ambiguas manifestaciones y que dejan entrever la iconografía plástica de un pintor con unas maneras pictóricas extremas, fácilmente reconocibles y que dejan bien a las claras la máxima caligrafía formal de Manuel del Valle.

La intervención del artista jerezano en la vieja y recoleta capilla de la antigua fortificación consigue hacer cómplice de este juego de sombras y de presencias extrañas donde se nos transporta a una realidad humana descarnada y ha perdido su luminosa posición para plasmar un destino inmisericorde.

Metáfora de la existencia patrocinada desde una intervención plástica muy bien ideada, mejor planteada y acertadamente resuelta. Un proyecto que supera con creces los reducidos espacios y que abre inmensas perspectivas.

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