Esencial iconografía rural

A la Galería que regentan Maru y Jack Neilson sólo se le puede achacar, si tal cosa fuese motivo contrario, que se encuentra en Grazalema, la bellísima población serrana que siempre supone un supremo atractivo visitarla. Sin embargo, el trabajo llevado a cabo por ellos, la dinámica manifestación de su completísima programación la hace una de las galerías andaluzas con mayor interés, argumento que se constata con el momento tan difícil en el que nos encontramos, con muchos espacios expositivos con sus cierres definitivamente echados hace tiempo y con el mercado artístico con más miedo que la famosa prima de riesgo y, sin embargo, la bella galería de la calle doctor Mateos Gago de Grazalema subsistiendo y apostando por los más selectos asuntos de la creación contemporánea.

Muy en esta línea de acertada argumentación plástica se encuentra esta exposición que llena los cuidados espacios de Neilson Gallery. Ramón David Morales es un pintor sevillano, conocido en los ambientes por haber formado parte de aquel importante grupo Sala de eStar que dio vida expositiva al panorama artístico sevillano con un espacio a contracorriente donde se presentaron muy buenos proyectos de gente que, ya, son una auténtica realidad artística. Además, el artista de El Viar ha estado presente en significativas instituciones donde ha obtenido becas de tanto prestigio como la Fundación Vázquez Díaz, la Antonio Gala, la del MUSAC de León, formando su obra parte de colecciones tan de prestigio como la del Gobierno de Cantabria, UNICAJA o la del Ayuntamiento de Bilbao, entre otras.

Ramón David Morales siempre ha tenido una gran vinculación con el medio rural y su vida ha estado tremendamente ligada a los trabajos del campo; por eso, su obra, de un especialísimo carácter estético, mantiene una absoluta inmediatez con unos planteamientos estrechamente relacionados con lo campesino. Sin embargo, su pintura va mucho más allá que la simple ilustración agrícola. Su obra perece pegada a la tierra, huele a tierra, a origen, a primitivismo, a lo más esencial y puro, como esa naturaleza a la que el pintor acude una y otra vez.

El artista anda inmerso en un proyecto de identidad de la cultura rural. Estas obras son ejemplo de ello. En las mismas hay una especie de homenaje a las raíces, a aquello que surge casi espontáneamente, a lo realizado con amor y sencillez, sin afectación alguna. De esta manera, Ramón David Morales se adentra en una naturaleza pura, sin pulir; generosa en colorido y expresividad; acentúa los registros, los contrastes, las formas. Al mismo tiempo se vale de los simples utensilios de los trabajos agrícolas para componer una iconografía de lo rural, que el pintor adereza con ironía y jocosa exuberancia expresiva; a veces surrealista, a veces festiva, siempre llena de intensidad y carácter.

La exposición de Grazalema nos sitúa en esa estética a contracorriente que anima la pintura sevillana de los últimos tiempos, donde Ramón David Morales es uno de los más destacados protagonistas, con esa pintura básica, esencial y portadora de los mejores valores; esos que trasladan a una nueva dimensión en la que la realidad no ha hecho sino potenciar su poder ilustrativo y volverlo más extremo y determinante.

Muy feliz exposición esta que contemplamos en una galería que sigue manteniendo muy alta la bandera de la profesión, a pesar de lo que está cayendo.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios