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Flamenco Viene del Sur, una oferta estable

  • El ciclo de la Junta llega en su undécima edición, tímidamente aún, a tres nuevas provincias

LA programación Flamenco Viene del Sur (FVS) de la consejería de Cultura nació en 1997 con un objetivo claro, el de situar al flamenco en el mismo nivel y lugar que cualquiera otra manifestación escénica a través de una programación estable y de calidad que, en un principio, se empezó a ofrecer de forma exclusiva en el Teatro Central sevillano. Se quería de esta forma -en palabras de Bibiana Aído, Directora de la Agencia del Flamenco- "presentar los espectáculos del género como un producto competitivo, generador de ingresos, capaz de difundir una oferta cultural andaluza de calidad y crear nuevos públicos para dar a conocer más y mejor el flamenco".

En sus diez años de existencia, FVS ha crecido y se ha multiplicado de diversas formas. En primer lugar, estarían los teatros: al Central se le uniría muy pronto el Alhambra granadino y, desde hace cuatro años, el Cánovas malagueño. Todo ello sin contar la incursión madrileña del pasado año de la que no se tienen noticias de repetición. Ahora, en su undécima edición, el programa rompe por fin el triángulo habitual y llega -aunque tímidamente aún- a tres nuevas provincias con la promesa de abarcar la totalidad de ellas en el próximo año. No cabe duda de que estamos ante un fenómeno que, visto con el prisma del tiempo, ha situado al flamenco en los circuitos teatrales en una temporada que no era la habitual: los inviernos han sido tan de las peñas como los veranos de los festivales. Ello tiene una incidencia clara en la consolidación de la industria flamenca, en la ruptura de su estacionalidad y en la reactivación de su tejido empresarial.

Con respecto a los artistas y espectáculos que se ofertan este año en las distintas programaciones, además de su crecimiento numérico, habría que resaltar una fuerte presencia del baile y de la danza, y no precisamente en forma de recitales, sino a través de auténticas funciones que, o bien proceden de otros festivales -el de Jerez o la Bienal de Málaga- o son de absoluta novedad. En el primer grupo estarían obras como Del Amor y otras cosas de Rafaela Carrasco, Puertas Adentro de Antonio El Pipa, Por el decir de la gente o Almario de Rocío Molina y Flamenco siglo XXI: Ópera, copa y puro de la Compañía Estévez-Baños. En la categoría de novedades se sitúan la interesante Mujeres -que reúne el baile de casi tres generaciones con Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina-, la atractiva propuesta de la directora Pepa Caballero Khalo Cal -creada sobre la figura de la pintora mejicana- o el nuevo trabajo del bailaor linense David Morales, El Indiano. Bailes de ida y vuelta. También promete la reunión de la pianista japonesa Mie Matsumara con el bailaor Alejandro Granados y la joven de Jerez, Leonor Leal, la noche jerezana con Mercedes Ruiz y Luis El Zambo y otras noches dedicadas a figuras consagradas como Manuela Carraco o Pepa Montes.

Mucho baile, pues, y una menor presencia del cante, que parece haber sido elegido por las novedades discográficas: Esperanza Fernández, Marina Heredia y Calixto Sánchez llevarán a la escena sus nuevas grabaciones, mientras que Juan Peña El Lebrijano ofrecerá una antología de su obra. En la guitarra, la presencia de Manolo Sanlúcar, con un concierto que titula como su recién publicada autobiografía, El alma compartida; Paco Cepero, con su última grabación, Abolengo y Tomatito.

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