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Crítica de Cine cine

Gran épica periodística

spotlight

Drama, Estados Unidos, 2015, 121 min. Dirección: Thomas McCarthy. Guión: Thomas McCarthy, Josh Singer. Música: Howard Shore. Fotografía: Masanobu Takayanagi. Intérpretes: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, Brian d'Arcy James, Gene Amoroso, Billy Crudup, Elena Wohl, Doug Murray, Sharon McFarlane, Jamey Sheridan, Neal Huff, Robert B. Kennedy, Duane Murray, Brian Chamberlain, Michael Cyril Creighton, Paul Guilfoyle, Michael Countrymanchael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Jane Fonda y Paul Dano.

Vías cruzadas (2003) fue un debut prometedor. The visitor (2007) confirmó su talento, Ganamos todos (2011) ni quitó ni le añadió nada, Con la magia en los zapatos (2014) -que despilfarraba una historia cuyo planteamiento hubiera podido ser de uno de los cuentos judeo-neoyorquinos de Isaac Bashevis Singer- hizo temer que el talento de sus dos primeras películas se había agotado o había sucumbido a las presiones o seducciones del desnortado Hollywood actual. Pero he aquí que Spotlight confirma aquellas iniciales promesas e incluso las supera. Porque es un gigantesco paso adelante en la carrera del guionista y director Thomas McCarthy a la vez que lo consagra ante la crítica, el público y la Academia, que le ha otorgado seis nominaciones, entre ellas la de mejor película y mejor director. Se lo merece porque es la mejor película de investigación periodística desde Todos los hombres del presidente.

Cine clásico en estado puro en las tres acepciones de la palabra: la general -lo que se tiene por modelo digno de imitación-, la referida al cine -linealidad del guión, mesura en la dirección de actores y naturalidad sin alardes visibles en la puesta en imagen- y porque, como dijo el Gallo, "clásico es lo que no se pué hacé mejón". Esta película quedará como un referente clásico sobre el periodismo en el cine, como un ejemplo de la pervivencia del inagotable filón del llamado cine clásico y -el Gallo- como una obra clásica porque "no se pué hacé mejón" el relato de unos hechos complejos que tratan de una cuestión espinosa y tentadoramente proclive a la manipulación: la investigación de los redactores del Boston Globe que descubrieron los numerosos casos de pederastia que la jerarquía eclesiástica de Boston había encubierto.

No se alarme nadie. El tema se trata con la gravedad y seriedad que corresponde. Y los católicos, antes que nadie, deben alegrarse de que estos terribles casos se denunciaran. No deben sentirse ofendidos por esta película, aunque sí heridos por lo que narra. Trata del descubrimiento de la verdad. Y quien mayor autoridad tiene en la Iglesia dijo que la verdad nos hará libres. La horrible verdad denunciada por el Boston Globe ayudó a la Iglesia a liberarse -dolorosa pero necesariamente- de un pecado de imposible perdón ("al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar") y de la vergüenza del encubrimiento.

El relato de la investigación, y de los obstáculos que los poderes religiosos, políticos y judiciales opusieron a esta investigación que fue premiada con el Pulitzer es apasionante porque está apasionadamente narrada con un ritmo que nunca decae, con una emoción contenida -los sobrios retratos de las víctimas- y una ira creciente -la ocultación de la verdad- que hacen de la película un alegato a favor de la dignidad personal y de la grandeza del verdadero periodismo justo cuando empezaba el ciclo de decaimiento de los grandes diarios a causa de internet (la acción se inicia en 2001), el recorte de las redacciones y con ello el ocaso del periodismo de investigación. La película se inicia cuando la venta del periódico al New York Times, un nuevo director y los recortes pueden poner en peligro a Spotlight, el equipo de investigación del periódico (primero creado en los Estados Unidos). Pero el nuevo director, el gran periodista Martin Baron (actualmente director del Washington Post) será quien ponga en marcha la investigación sobre la pederastia que llevará a cabo el equipo Spotlight.

Todo el reparto está tan bien que sería injusto nombrar a nadie. Tan perfectos los actores principales como los que, interviniendo sólo unos minutos (caso de las víctimas), dan su mayor dimensión humana. Para que a Spotlight no le falte nada tiene una muy buena banda sonora de Howard Shore, el más creativo de los actuales compositores cinematográficos, que hace un inteligente y elegante guiño pianístico a David Shire, el compositor de la banda sonora de Todos los hombres del presidente.

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