Hernán Cortés ingresa en la Academia Hispano Americana

  • Su discurso versará sobre un retrato de Felipe VI con Cádiz de fondo. Será contestado por su amigo José Pedro Pérez-Llorca.

Hernán Cortés sigue acercándose, estrechando vínculos con la ciudad que lo vio nacer, la de los avatares de su niñez, la que inspira su pintura. Vuelve a Cádiz y esta vez para ingresar en la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz, en una cita que tendrá lugar a las 20.00 horas en el salón regio de Diputación Provincial de Cádiz, y en la que será contestado por su amigo, el también gaditano José Pedro Pérez-Llorca.

El acto supone un emotivo gesto para el académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz y miembro del Real Patronato del Museo del Prado, que ahora hereda este vínculo con la Hispano Americana de su admirado progenitor, que ya formó parte de esta institución en la que hoy entra Cortés por la puerta de las emociones. "Para mí es muy significativo formar parte de una institución que afronta decididamente su futuro, y que aboga por la unión de los pueblos iberoamericanos a través de la cultura".

No en vano su discurso, que se titula Reflexiones y sensaciones ante un retrato de Felipe VI (con Cádiz de fondo), estará impregnado de este vínculo con Iberoamérica, pero también de su infancia bañada por la inspiradora luz de Cádiz, que paseaba junto a su padre y que marcó su pintura inicial. Asimismo, ofrecerá unas pinceladas sobre el retrato que le ha realizado al monarca Felipe VI, entre retazos de su carrera pictórica. Una actividad que se remonta a los seis años, cuando recibió su primera paleta, óleos y pinceles comprados en la papelería El Fénix (en calle San Francisco). Su madre le hizo este significativo regalo con el que se dejó caer en los brazos del arte y de la pintura. De su mano iba al Museo de Cádiz a deleitarse con la pintura de Zurbarán y de los gaditanos Abarzuza, Godoy y Prieto. Su padre, en cambio, quiso que fuera médico como él, por lo que enfocó su trayectoria hacia la medicina, donde incluso se matriculó. Entre las paredes de sus aulas apreciaba sobre todo la asignatura de Anatomía, haciendo más novillos de los que debiera, ha confesado en alguna ocasión a Diario de Cádiz "para seguir creando, para hacer paisajes de la catedral, de los bloques, el puerto, los barcos..". Finalmente cedió ante una innegable vocación que al instante supo apreciar Antonio Cortés, orgulloso, y que hoy queda plasmada en importantes espacios expositivos, instituciones y hogares de importantes personalidades del mundo de la política, la cultura, empresarial e incluso de la Casa Real. De España y el mundo. De hecho, en sus manos recayó el encargo del Senado de retratar a decenas de personajes clave de la democracia con motivo del 30 aniversario de las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 y que hoy cuelgan en la Cámara Alta.

Una virtud, traspasar la frontera de lo físico hasta dibujar el alma del retratado, que hoy queda plasmado, por ejemplo, en el retrato del Rey que donará a la Hispano Americana.

Cortés, que estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y se licenció en Bellas Artes en la Escuela Superior de San Fernando de Madrid, viajó por París, Italia e Ingalterra, de donde se impregnó de la pintra de Tàpies y Nicolás de Staël, de los frescos de Giotto, Piero della Francesca, Mantegna y de los retratos contemporáneos de Sutherland y Bacon. De los paisajes de la bahía gaditana -que pinta cuando puede- pasó a cultivar la figura humana. En ella se ha deleitado creando los retratos de Jorge Guillén, Fernando Savater, John Elliott, Hugh Thomas, el Rey Juan Carlos o Norman Foster, por citar sólo algunos de sus innumerables trabajos.

Una atareada carrera de ida y vuelta entre Madrid, el mundo y su Cádiz natal, donde hoy regresa, orgulloso, emocionado, para reforzar estos imperturbables lazos de vida.

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