MANUEL VALENCIA 'EL DIAMANTE NEGR0'

"Hoy se canta bien, pero no existe el metal que había hace setenta años"

  • Manuel Valencia 'El Diamante Negro' repasa, a sus 80 años, una trayectoria artística inmejorable, en la que ha compartido escenario con grandes como Carmen Amaya, Caracol Lola Flores y Vicente Escudero

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Octogenario pero con una memoria privilegiada, Manuel Valencia Peña 'el Diamente negro' (1932) es una auténtica leyenda viva del cante de Jerez y del Barrio de Santiago, una mina en tiempos pasados pero que hoy desespera, salvo contadas excepciones, entre flamenquito y sonidos contemporáneos sin un rumbo definido. Su garganta ha acompañado a genios como Carmen Amaya, Vicente Escudero y Lola Flores, y sus oídos han escuchado a figuras como Caracol, Terremoto, La Paquera, El Gloria y otros tantos como La Pompi. Aún mantiene ese garbo y flamenquería al andar y sobre todo al sentarse pues Manuel puede presumir de haber sido artista desde que se levantaba hasta que se acostaba.

-Antes que nada, ¿por qué lo de Diamante Negro?

-Pues mira, eso me lo puso Pulpón, el padre. Empecé a trabajar con él a los trece años y como le gustaba lo que hacía una vez me dijo 'eres un diamante, pero negro' por mi piel oscura (risas).

-¿Qué recuerda de su infancia?

-Que se pasaban muchas fatigas. Yo empecé a cantar por los tabancos que estaban por La Plaza. Tenía once años, hacía mis cantes y luego pasaba la boína que llevaba. La gente me echaba un real o una perra gorda. Después me compraba dos o tres tajás de pescado frito y avellanas y me jartaba de agua para llenarme la barriga. Había mucha hambre.

-¿Cuándo empieza realmente su dedicación al cante?

-Principalmente cuando decido irme a Sevilla a los trece años. Tenía una tía allí y me quedé a vivir con ella. Conocí a Pulpón y poco a poco me fue dando trabajo. En aquella época estaban todos los grandes en Sevilla. Juan Talega, Mairena, el Posadero de Sevilla, la Pompi...Ellos iban a La Europa, las Siete Puertas y el Pasaje de Murillo, que estaban en la Alameda Hércules y alguna vez más que otra entraba con ellos en una fiesta. En aquella época se cantaba muy bien.

-O sea que Sevilla fue su trampolín definitivo...

-Puede ser, porque desde allí me salió trabajo con José Toledano, que tenía un ballet, y me ofreció irme con él a Madrid. A partir de entonces recorrí toda España gracias a Pulpón. Canté en Madrid, en Barcelona, en los pueblos cercanos a Barcelona como La Cava y Amposta y también hice alguna gira por Lisboa y Casablanca.

-Pocas personas pueden presumir de haber trabajado con Vicente Escudero, Carmen Amaya y Lola Flores.

-Sí, he compartido escenario con los tres y con todos he disfrutado. A Vicente le conocí ya mayor porque vino una vez a Jerez a buscar artistas para un concurso que iba a hacer en Madrid de cante flamenco. Habló con El Borrico, El Serna, con mi padre (Perico El Tito) y yo. 'Bueno, qué, ¿quien se va a venir a Madrid?', nos dijo. El único que se atrevió fui yo porque a los demás no los sacaba tú de aquí ni a tiros. Al final, vino conmigo Juan Acosta, que fue un saetero bueno. Fuimos al Teatro Monumental y cuando yo salí al escenario y vi la gente que había no veas la que me entró (risas).

-¿Y Carmen Amaya y Lola Flores, cómo eran?

-Esa categoría de artistas ya no existe. Lo de Carmen era inexplicable porque bailaba a una velocidad imposible y lo hacía todo perfecto. Lola era otro tipo de artista, más flamenca, y con ella me 'jartaba' de reír. Las dos tenían una personalidad que ya no hay.

-Antes ha mencionado a su padre, Perico El Tito, un cantaor de Jerez del que dicen que cantaba los martinetes como nadie. ¿Háblenos más de él?

-Mi padre era manijero del campo pero cuando venía a Jerez se emborrachaba con los gitanos de aquella época. No veas como cantaba por soleá, por seguiriyas y sobre todo por martinetes, yo he cogido su escuela. Nunca se dedicó al cante pero cuando se tomaba dos vasos cantaba que no veas, y nadie le pisaba la oreja (risas).

-¿Qué ha significado Madrid en su vida artística y personal?

-Mucho, porque allí me he llevado cuarenta años, desde el año 64 que me asenté por primera vez hasta el año 99 que decidí volverme a Jerez. En Madrid he trabajado mucho, he pasado por los tablaos y cafés más importantes. He estado en el Arco de Cuchillero, en Los Canasteros, en Los Cabales, que era un tablao que regentaba Luisillo, y ya por último en el Café Chinitas, donde me jubilé después de estar catorce años trabajando allí.

-¿Cómo era trabajar con Manolo Caracol?

-No era fácil porque tenía guasa para dar y tomar. A Caracol lo conocí bastante porque estuve trabajando con él mucho tiempo, pero tengo que decir una cosa, toda la guasa se te olvidaba cuando se ponía a cantar, porque era un monstruo. Estuve en Los Canasteros hasta el año 73 cuando murió Manuel.

-¿Qué ha aprendido del contacto directo con todos esos genios?

-Muchas cosas, ya no sólo como artistas, sino también como personas. Personalmente, todo lo que he aprendido ha sido por escuchar a los demás, pero directamente, no leyendo ni por discos, es de estar ahí, al lado de ellos, que es lo que ahora se ha perdido. La gente de ahora no han conocido eso, que para mí era lo puro del cante.

-Entonces de lo que hay ahora ni le pregunto, ¿no?

-Hoy en día no me gusta nada lo que escucho. Es cierto que hay chavales que cantan bien, pero cuando uno ha convivido con tantos grandes pasa esto. Yo he escuchado a Tía Luisa La Pompi, que era de Santiago, cantando por seguiriyas y eso no se puede describir. He escuchado a Juanito Mojama, al Niño Gloria, que el pobre terminó vendiendo sardinas en la Plaza. Era un monstruo porque cantaba por todo. ¡Cómo cantaba por seguiriyas y por soleá! Y de los fandangos ni te digo. Todavía se escuchan a algunos que los quieren hacer, pero eso es muy difícil. Todos los cantaores eran muy parejos y de todos te gustaba algo. Los cantaores de hoy cantan bien, porque no puedes decir que lo hagan mal, por lo menos algunos, pero no son los cantaores de hace 70 años. Los de antes eran la raíz. Yo no conocí a Chacón ni a Manuel Torre, pero sí a Caracol,Mairena, Mojama, Juan Talega, El Gloria, Terremoto y esos sí.

-¿Le da pena que todo eso se esté perdiendo?

-Sí que me da, pero es así. Puedo considerarme el último eslabón de los cantaores de hace 70 años, tengo un conocimiento que no lo tiene nadie hoy en día.

-¿Va mucho por su barrio, por Santiago?

-Sí te digo la verdad no me gusta ir por allí. Santiago ya no es lo que era. Yo he vivido el apogeo del barrio y ahora lo ves y da pena. Cuando he ido me vienen recuerdos de lo que fue y veo lo que es hoy día y me pongo malo. Además, hay mucha droga y está muy 'quemao'.

-Todo el mundo se acuerda de usted por su contribución al Canta Jerez, pero ¿ha dejado más discografía?

-Aparte del Canta Jerez he grabado una sola cosa, y fue con Antonio Gallardo. Fue un disco de zambras y de temas que él escribía. Grabé dos microsurcos, que eran seis canciones, tres por cada lado. Fue en el año 62 y ha sido lo único. También grabé muchas cosas para televisión con Fernando Quiñones.

-Ha hablado antes del cante en general, pero ¿y el de Jerez, en qué situación se encuentra?

-Está muy maltratado, sólo unos pocos lo conservan. El cante de Jerez es el cante de Jerez, pero hay que respetarlo, no se puede rebujar. Eso es lo que hay hoy, rebujones. Empiezan una cosa pero no la terminan. Le meten cosas que no son y al final se desvirtúa. Es como cuando cantan por bulerías, que empiezan metiendo tres letras por Jerez pero cuando llegan a la cuarta ya están haciendo el cuplé. El cante hay que sufrirlo y respetarlo, y se debe decir como es, no como ahora que los cantaores chillan demasiado. Al cante hay que rezarle y echarle sentimiento, si no, no vale nada. Tú puedes cantar muy bien porque tengas muy buena voz, pero tiene que decir algo, si no es como el que vende tomates. Hay que respetar los tercios del cante y quejarse a tiempo.

-¿Se ha quedado anquilosado el cante en general?

-Yo creo que sí, porque además no han sabido conservarlo. La guitarra y el baile han subido en las últimas décadas, y sin embargo el cante no. Eso demuestra que el nivel de cante ha bajado, y la verdad, no sé por qué será, pero el metal que había antes no lo hay ahora. También es la vida, porque antes se pasaba mucha fatiga y eso hacía que nos quejásemos más, había mucha misera y mucha hambre. Hoy no, hay de todo, y lo que hay es algarabía, pero profundidad ninguna.

-Ha comentado que lleva aquí en Jerez desde el 99 y sólo ha cantado tres veces en su tierra, ¿le duelen esas cosas?

-La verdad es que no, cuando me han llamado he ido a los sitios. He estado en los Viernes Flamencos, en la Peña Antonio Chacón, que me dieron una placa, y en la Cátedra de Flamencología, que hice un recital muy bueno. Tampoco estoy yo ya para recitales, uno tiene ya una edad, aunque a veces hago mis cositas (risas). Yo todo lo que tengo ha sido gracias a mi esfuerzo, no he sido nunca persona de pasarle la mano por el lomo a nadie ni de ir a las peñas a rogar, a lo mejor si fuese distinto me hubieran llamado en más sitios. Gracias a Dios puedo vivir por lo que he hecho, pero aquí en mi tierra soy feliz.

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