Flamenco

Lebrijano salda su deuda con García Márquez

  • Una frase del escritor colombiano da nombre al último disco del cantaor

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La historia es bastante conocida y ha sido difundida con motivo de la edición del disco. El escritor colombiano Gabriel García Márquez y el cantaor Juan Peña Lebrijano coincidieron allá por los primeros años noventa del pasado siglo en alguna velada en torno al amigo común Felipe González. Tras el encuentro, el escritor dejó una cuartilla anotada dedicada al cantaor: "Cuando Lebrijano canta, se moja el agua". La frase, redundante, un juego muy a tono con el mundo mágico del colombiano, fue un regalo que Juan Peña conservó enmarcado en su casa y en su corazón. Desde entonces, como quien guarda una vieja deuda por saldar, ha ido cultivando la idea de cantar el universo literario de García Márquez, un proyecto que por fin ha visto la luz coincidiendo de forma desgraciada con una dolencia que ha llevado al cantaor al quirófano, lo que le obligó a cancelar temporalmente la presentación en sociedad de su trabajo.

Ya recuperado en su casa, Juan Peña muestra por igual su satisfacción por la obra y las huellas que la grabación ha dejado en su alma. "Todavía no lo puedo escuchar, me echo a llorar", confiesa mientras narra las fatiguitas pasadas para hacer realidad el sueño. Porque nada ha sido fácil. Primero fueron los textos, de los que se encargó su amigo Casto Márquez y que han debido pasar el escrutinio de la oficina del escritor, o lo que es lo mismo, de la exigente editora Carmen Balcells. Cuatro han sido los libros de los que se han extraído los nueve temas que integran el disco: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), para el tema que abre la grabación; El coronel no tiene quien le escriba (1961), Ojos de perro azul (1950), del que salen dos temas y Doce cuentos peregrinos (1992), que ha inspirado los cuatro restantes.

Tras la aprobación editorial, el cantaor comenzó el trabajo de adaptar los textos a distintos estilos flamencos, algo laborioso pero no para un cantaor largo como Juan al que no le sobran recursos ni conocimientos. Aún así, reconoce la dificultad que entraña el musicar unos textos de métrica no habitual para el género, en ocasiones pura prosa poética que, además, no van rimados, lo que complica su encaje dentro de la rítmica flamenca. Pero, ante un reto como éste, Lebrijano se muestra como uno de los cantaores más versados. No en vano, él ha protagonizado otros discos que también se pueden calificar como conceptuales, tales son los casos de aquel lejano La palabra de Dios a un gitano, Persecución, Tierra

Con esos antecedentes, el resultado no podía ser otra cosa que flamenco y, de esa forma, los textos que recrean la atmósfera y los temas del escritor colombiano suenan por soleares, bulerías, seguiriyas o romance portando acentos que recorren la geografía cantaora que va de Cádiz a Triana pasando por Jerez, Utrera y Lebrija. Bulerías para la Cándida Eréndira, unas seguiriyas con piano para El Coronel que no tiene quien le escriba (ecos de Curro Durse y Paco la Luz), mientras que unas contenidas bulerías por soleá de acento jerezano acompañan el monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. Las soleares, esta vez con colores de Triana y potentes arreglos de contrabajo y metales, volverán para ambientar el Sueño de los niños que inundó la Castellana (La luz es como el agua de Doce cuentos peregrinos). De la producción musical y los arreglos de la grabación se han encargado los sobrinos del cantaor Pedro Mª y David Peña Dorantes, algo que es perfectamente perceptible en su modernidad y en su capacidad para evocar los ambientes mágicos que definen la obra de García Márquez.

El disco, que hace el número treinta y cinco en la carrera del cantaor, es una obra de plenitud y Juan, que en la grabación está bien de voz, hace gala de sabiduría y madurez. En alguna ocasión, Lebrijano había manifestado que la obra que perseguía sobre García Márquez podría ser un buen colofón a esa trayectoria discográfica, aunque a uno le cueste imaginárselo sin pergeñar ningún proyecto futuro. Por lo pronto, un paquete de discos con una carta personal del artista ha llegado a la residencia mejicana del escritor colombiano.

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