Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Lecturas imposibles

  • Hay lectores que han traspasado la frontera de la curiosidad y se han introducido en un juego más peligroso

 ¿En qué piensa cada hombre aparte del sexo?  fue un increíble éxito editorial hace unos meses y digo bien, increíble porque del libro de Sheridan Simove lo único que se podía leer era el título y nombre del  autor en la portada, ya que las restantes doscientas páginas de su interior estaban en blanco. Y sin embargo, no me pregunten cómo, el invento funcionó, y se vendieron de él miles de ejemplares. Noticias como ésta, me refiero a informaciones que nos dan cuenta de lecturas sorprendentes, curiosas, inquietantes salpican diariamente el universo de  los libros o en general de la lectura. Hace unos días me desayunaba con la noticia recogida en un suplemento cultural  de que el ‘Necronomicón’ sigue siendo uno de los libros sobre el que más consultas y preguntas realizan lectores de todo el mundo. Esto no tendría nada de particular si no fuera, como es sabido, porque este libro fue una invención de Lovecraf. Y es que  hay lectores que han traspasado la frontera de la curiosidad y se han introducido sin saberlo en  un juego más peligroso, de búsquedas de manuscritos perdidos atribuidos a grandes escritores tras los que se lanzan obsesionados, como los caballeros medievales en pos del santo grial, después de saber de su existencia leyendo algún escrito inquietante, aunque tras tan débil prueba se adivina el  juego de otro escritor. Borges o Bioy Casares fueron maestros en el arte de crear bibliotecas ficticias, libros casi reales que condujeron a algunos a la obsesión o la locura, como aquel Luis de Murphy al que conocí hace algunos años y que me confesó buscaba un Viaje a España de un tal Perrain, autor francés de finales del XVIII, del que nunca he tenido noticias. Recientemente la prensa nos daba cuenta de la recuperación más de sesenta años después, de las cartas que se habían estado intercambiando una pareja californiana durante el tiempo que él estuvo en el frente europeo durante la segunda guerra mundial. Lo curioso es que tan misteriosamente como desaparecieron estas cartas de amor, en un robo en su casa a comienzos de la década de los sesenta del pasado siglo, ahora vuelven a aparecer igual de misteriosamente, lo que no deja de abrir muchas interrogantes.  ¿Quién y  por qué es capaz de robar unas cartas a Lloyd y Marion Michael, así se llaman los ya ancianos, hace décadas para ahora devolverlas? En todo caso la  pareja ahora solo espera tener suficiente tiempo para volver a leer aquellas misivas, eso sí,  quizás tras esas líneas manuscritas ya solo se esconda una novela de  Stephen King.  Ramón Clavijo Provencio. 

Ramón Clavijo Provencio

Libros recomendados:

El prisma del lenguaje

Guy Deutscher. Ariel, 2011.

Reflexionar sobre el funcionamiento de las lenguas es lo que nos propone Guy Deutscher en El prisma del lenguaje, libro que no dudo en considerar uno de los más interesantes e inteligentes que he leído en los últimos tiempos. Y hasta me atrevería a calificar de entretenido, a riesgo de exagerado. Partiendo del ensayo que el político inglés, y sin embargo gran conocedor de los textos homéricos,  W. E. Gladstone publicara en 1858, de las distintas formas de nombrar el espacio y el género en diferentes lenguas, Deutscher nos plantea la influencia que la naturaleza y la cultura ejercen sobre la lengua, relación “discutida y discutible” (¿recuerdan?) a través del estudio de los colores (el libro se subtitula Cómo las palabras colorean el mundo. Un paseo por lenguas desconocidas no exento de gracia e ironía. J.L.R.

La ley de Herodes

J. Ibargüengoitia. Booket, 2012.

Quizá su apellido no le haga ningún favor a este escritor mexicano para ser tan conocido y celebrado como todos los grandes narradores hispanoamericanos, aunque méritos no le faltan para ello. Nacido en Guanajuato en 1928 y muerto en accidente aéreo cerca de Madrid en 1983 (en un Boeing), Ibar… es el autor de novelas que están sin duda a la altura de las grandes del género, como Las muertas o Dos crímenes, en las que despliega el autor todo lo mejor de su estilo, con esos tintes irónicos y divertidos en los que envuelve su sentido satírico. La ley de Herodes (“o te chingan o te jodes”) es una colección de cuentos por donde desfilan escritores fracasados, estudiantes neuróticos, timadores, prestamistas, desahuciados, mendigos… todo un universo social abigarrado y por momentos absurdo y muy divertido. J.L.R.

El anarquista que se llamaba como yo

Pablo Martín Sánchez. Acantilado, 2012. 

Es esta novela una de las sorpresas agradables del pasado año y su autor  un descubrimiento inesperado para la narrativa de este país. Todo al parecer  surge de una curiosidad: cuando el autor tiene la tentación de teclear su nombre en Google para ver qué se dice en la red sobre él, y para su sorpresa descubre a un anarquista con su mismo nombre y cuya azarosa vida terminará bruscamente bajo el garrote vil en 1924. A partir de ahí Pablo Martín empieza a escudriñar en viejos documentos, o viajar por lugares que en su día frecuentó aquel anarquista. Y así se va materializando una novela que lleva al lector a seguir las aventuras y desgracias de ese personaje,  unas veces testigo y otras protagonista de acontecimientos como el movimiento anarquista en París, la aparición del cinematógrafo o la Semana Trágica de Barcelona. R.C.P.  

Pinturas y dibujos de los cuadernos personales

 Edward Hopper. Editorial la Fábrica, 2012.

La excepcional muestra pictórica que sobre Hopper albergó el Museo Thyssen durante el pasado verano, ha ido dejando una estela en forma de publicaciones. Entre ellas llama  la atención estos cuadernos personales, quizás porque en ellos y por vez primera descubrimos al gran pintor norteamericano más íntimo, más real, a través de los  apuntes y bocetos de muchas de sus grandes pinturas. Hopper no se prodigó mucho, apenas un par de pinturas al año, lo que hace que su obra sea relativamente escasa. Además, el fraccionamiento de la colección ha hecho siempre complicado reunir una muestra significativa de su obra. Ello explica el éxito de la exposición del Thyssen que, para los que no pudieron admirarla, tienen la oportunidad de repasar estos cuadernos. Una edición a tono con la calidad del maestro del realismo. R.C.P.

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