Manolo Prieto, in memoriam

  • Manolo Prieto Fernández ha sido uno de lo grandes imagineros andaluces de los últimos años

La noticia me ha pillado muy de sorpresa, como ocurre siempre cuando se muere un amigo o a alguien que aprecias y conoces estrechamente. Pero no podía imaginarme que le tocara tan pronto a Manolo Prieto. Es verdad que hacía tiempo que no veía su rápida estela pasar del brazo de su esposa por la plaza de Pío XII. Siempre tenía conmigo unas palabras sobre escultura y siempre acababa diciendo que la mejor escultura era un hijo. He tenido mucho aprecio por la figura de Manolo Prieto Fernández, el Sacri, primero fue el escultor, para más tarde pasar el hombre a protagonizar un cariño que, ahora se ha roto, por culpa de la crueldad de una muerte que otra vez se ha cebado tempranamente con uno de los buenos.

De la mano de Pepe Medina conocí al Sacri - el nombre viene de sacristán, pues Manolo fue muchos años el alma de la iglesia de San Mateo, lo mismo ordenaba las muchas e importantes celebraciones, que dirigía el coro o tocaba el órgano -. Él me habló de su taller de San Mateo, con Paco Pinto y José Herrera, de aquel otro de la plazoleta Becerra donde ya fueron aclarándose los caminos. En aquellos talleres los muchachos como Pepe o Juan Sánchez Villanueva, dibujaban, desbastaban y comenzaban a amar un arte que les ha durado toda la vida. Manolo Prieto y José Herrera, entonces dos jóvenes artistas con muchas expectativas y con unas ilusiones que se apartan absolutamente de los ambientes tradicionales de Jerez, necesitaban horizontes mucho más abiertos que los que en Jerez existían. José Herrera se fue a Francia y allí se convirtió en un artista grande. El Sacri se quedó en Jerez y luchó denodadamente por abrirse camino en una ciudad donde lo rancio campaba por sus respetos. Fue Profesor de la Escuela de Artes y Oficios donde ejerció un magisterio sobrado, sabiendo inculcar a sus alumnos su sabiduría artística y su preclara visión de un arte que estaba mucho más avanzado que el que hacía la mayoría de sus compañeros - aquí debe incluirse a los que compartían claustro y a los demás -. Como artista, ya en su taller de la calle Gaspar Fernández, creó una imaginería excelsa, llena de sentido, con un aire muy personal y matizando para bien lo bueno que este tipo de acciones ha tenido a lo largo de la historia. Algunas de sus imágenes pasean su trascendencia artística por las calles de Jerez - yo llevo varios años potenciando su figura siempre que puedo, Eugenio Camacho es testigo cada Viernes Santo en las imágenes de Localia TV -. Pero Manolo Prieto no sólo era un extraordinario escultor e imaginero; para mí el mejor de todos cuantos actualmente ejercen por esta zona - por cierto que las hermandades y cofradías podían mirar aquí antes de irse a los adocenados talleres foráneos donde se realiza una más que mediocre imaginería, casi calcada a lo que ya se ha hecho sin más trascendencia que repetir de mala manera los ejemplos manidos que han hecho fortuna en las últimas décadas - . Manolo Prieto era también un extraordinario pintor, cuya obra se alejaba de los pacatos planteamientos al uso y aportaba mucha frescura a una pintura muy necesitada. Pero el Sacri, hombre modesto, sólo la consideraba un humilde divertimento.

Se ha ido un artista grande y un buen hombre. Ahora vendrán los tiempos de las adhesiones inquebrantables y de los homenajes. Ya es tarde. El artista mereció mucho más en vida. Se le va a echar mucho de menos. Estoy seguro, además que la historia muy pronto lo va a poner en su sitio. A mi me va a doler no encontrarme su rápida estela del brazo de su mujer por la plaza de Pío XII. Descansa en paz artista.

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