Miciano en el recuerdo

  • La Academia, hoy

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C UANDO el 12 de Junio de 1974, moría en Madrid Teodoro Miciano, el mundo del arte perdía al más importante grabador de las últimas generaciones. Pocos días antes de su fallecimiento, la IV Edición de la prestigiosa Bienal Internacional de Artes Gráficas de Florencia, le había premiado con su Medalla de Oro, distinguiéndolo entre famosos grabadores de más de sesenta países.

Teodoro Miciano había nacido en Jerez en 1903, iniciándose en el arte bajo la orientación de su tío y padrino Nicolás Soro, continuando posteriormente sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla con Gonzalo Bilbao y Gustavo Bacarisas, siendo este además de íntimo amigo, la persona que influyó de manera más destacada en la trayectoria de nuestro artista.

Su etapa jerezana resulta generosamente fecunda, ejerciendo magisterio en la Escuela de Artes y Oficios y montando estudio propio en el que llevó a cabo una amplia producción de dibujos, ilustraciones de libros, carteles, grabados, artes gráficas y propaganda comercial, pero es en Barcelona, ciudad a la que tiene que exiliarse al finalizar nuestra Guerra Civil, donde Teodoro Miciano desarrolla brillantísimamente lo más importante de su creación.

Incansable buscador de nuevas técnicas, Miciano se convierte en "figura señera de las artes gráficas catalanas", según palabras recientes de Francesc Fontbona.

En la ciudad Condal, Miciano concibe la realización de su obra más emblemática "El Quijote" patrocinada por un grupo de jerezanos, los hermanos Jurado y otros amigos, asociados en "Ediciones Jurado". Se dice que esta obra, "El Quijote de Miciano", es la más importante y bellamente impresa entre las más de 1.300 ediciones ilustradas que se conocen de la obra de Cervantes.

Pero, por supuesto, no es "El Quijote" la única labor de su etapa en Barcelona, ya que allí imparte clases en la Escuela de Artes y Oficios, trabaja en el Conservatorio de Arte del Libro de dicha ciudad, colabora con la Asociación de Bibliófilos, ilustrando clásicos españoles, edita sus famosas barajas para Fournier, dicta conferencias sobre arte y, por muchas obras de su increíble amplísima producción, consigue numerosos primeros premios.

Cuando, después de más de quince años en Barcelona, se traslada a Madrid para dirigir la Escuela Nacional de Artes Gráficas, la Calcografía Nacional y colaborar en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Teodoro Miciano es ya un artista de prestigio internacional.

Resulta difícil condensar en breves líneas tanta grandeza. Por ello hoy, en la Real Academia de San Dionisio, de la que Miciano fue Académico de Número, vamos a recordar más ampliamente su vida y su arte.

Ana Rubio, historiadora del arte, estudiosa de Miciano y organizadora y comisaria de la Exposición sobre el artista, montada en Jerez con motivo del IV Centenario de la primera edición del Quijote, en el año 2003, dice que "hay que recuperar a Miciano en su ciudad". Por ello, siguiendo su consejo, pretendo poner mi grano de arena y mi modesta colaboración en tan grato y justo cometido.

Esta noche, a las ocho y media, hablaremos de Miciano en la Academia. Allí les espero.

Francisco Garrido Arcas

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