Cristina Colmena. Escritora

"Nueva York es cada vez más bilingüe y ese contagio cultural es productivo"

  • Esta autora sevillana afincada en Nueva York ha logrado estrenar su primera comedia en la cartelera teatral de Washington "Quiero escuchar a mis personajes hablar en español", dice

A Cristina Colmena (Sevilla, 1975) siempre le había gustado escribir pero empezó a tomárselo más en serio en 2010, a partir de la publicación de su primer libro de relatos La amabilidad de los extraños. Después se matriculó en un máster de escritura creativa en la Universidad de Sevilla, donde supo de la existencia del máster de escritura creativa en español de la Universidad de Nueva York. Le pareció "una oportunidad increíble, tanto por la ciudad como por la posibilidad de dedicarme tan sólo a escribir" y tuvo la doble fortuna de ser aceptada en el programa y conseguir una beca Talentia para poder financiar esos dos años de estudios. Aterrizó en Nueva York en septiembre de 2010 y, cuando terminó el máster en 2012, decidió quedarse y solicitar el acceso en un programa de doctorado en literatura en español que empezó el pasado otoño. Entre la escritura y la academia, ha asistido en los últimos meses al estreno en Washington de su obra teatral Happily Ever After, una comedia oscura que ha recibido críticas entusiastas y buenas reseñas en medios norteamericanos tan influyentes como The Washington Post.

-¿Cómo consigue una autora andaluza que su primer estreno teatral sea en la capital de Estados Unidos y, además, en inglés?

-Fue todo a partir del libro New Plays from Spain que publicó el consulado el año pasado en colaboración con el Martin Segal Theatre con ocasión de unas lecturas dramatizadas que se organizaron para el PEN Festival. Fue un honor compartir escenario y páginas con gente como Alfredo Sanzol, Ernesto Caballero o Guillem Clua. Ese libro llegó a manos de Karin Rosnizeck, la actriz de Happily, que no paró de moverse en Washington DC para montar la obra, cuando para esas fechas además ya estaba programada toda la temporada. Un mes antes del estreno me escribió para contarme que el Ambassador Theatre producía la obra y que al día siguiente comenzaban los ensayos. No podía creerlo, la verdad, parecía que en algún momento me iban a decir que era una broma. Lo bueno del teatro es contar con el entusiasmo y la pasión de otra gente para poner una obra en escena. Yo apenas conozco el mundillo teatral aquí en Nueva York, y menos aún en Washington, pero de alguna manera el texto se buscó la vida él solo para montarse en un escenario… yo no hice nada más que escribirlo, después fue circulando y aquí siempre están buscando textos nuevos para montar. La labor de la embajada y el consulado apoyando el libro y las lecturas fue fundamental para dar visibilidad a mi trabajo. Ahora me gustaría que las obras se montaran en Nueva York que es donde vivo. Aunque ya se han hecho varias veces como lecturas dramatizadas, el siguiente paso debería ser la producción.

-¿Cuál es su relación, vital y creativa, con la Gran Manzana?

-Al principio la ciudad te deslumbra, te desquicia un poco también. Yo soy muy cinéfila, y me sigue fascinando, pero poco a poco te vas acostumbrando a que es tu casa y no una película. No creo que haya ninguna ciudad como esta, la mezcla de culturas es increíble y hay una energía muy estimulante, aunque también es agotadora. Hay veces, sobre todo en los inviernos largos y fríos, como este último, que llegas a odiarla, pero en realidad me siento muy afortunada de vivir aquí. Respecto a la escritura, creo además que es un lugar muy enriquecedor sobre todo en lo que se refiere a la literatura en español. Nueva York es cada vez más bilingüe y hay escritores de toda Latinoamérica que residen aquí, con lo cual hay inevitablemente un contagio de otras hablas, de otras palabras, de otras historias y tradiciones. Creo que este contagio es muy productivo y está dando lugar a escrituras muy interesantes.

-¿Se reconoce principalmente como dramaturga o cultiva con igual dedicación otros géneros?

-No me considero dramaturga, simplemente escribo con distintas herramientas, ya sea la ficción o el teatro: son vasos comunicantes. Mis obsesiones, mis temas, son los mismos, también el punto de vista un poco desquiciado, absurdo, y el humor negro, medio agridulce. Sigo escribiendo narrativa, claro, pero me apetece también explorar las posibilidades que ofrece el teatro para contar historias, con otros recursos y otro lenguaje. Me gusta mucho además su inmediatez, el poder compartirlo con el público, ver su reacción, si ríen, si se conmueven en el patio de butacas. También el teatro supone trabajar con otra gente, con directores y actores, frente al oficio del escritor que es tan solitario. La obra deja de ser solo tuya, se le añaden más capas de creatividad y de talento de toda la gente que trabaja en ella, y además va cambiando con cada puesta en escena. De alguna manera está viva y ha cortado el cordón umbilical contigo. Es también muy divertido ver cómo tus personajes cobran vida, tienen de repente carne y huesos, hablan, se mueven, para mí sigue siendo casi milagroso. Son como mis monstruos de Frankenstein particulares, reconozco los trozos con los que están hechos, las costuras con las que los he zurcido… y de repente, se han salido del papel y andan por ahí caminando… ¡y encima hablan inglés! (…y a veces también asustan un poco a la gente, a decir verdad). Es todo un poco raro, pero me estoy divirtiendo mucho. Espero poder seguir alternando narrativa y teatro, no creo que haya que decantarse por uno u otro sino que cada historia pide ser contada de una manera.

-¿Qué referentes dramáticos y en general literarios le son más próximos o importantes?

-Como referentes, creo que Cortázar está ahí en algún lado casi desde siempre, pero después también me gustan mucho Cheever, Richard Yates, Lorrie Moore, Lydia Davis, Saer… En teatro, creo que quizás Beckett y el absurdo es lo que más me atrae. El teatro siempre está poniendo en juego la imaginación del espectador, y hay que aprovechar eso para empujar los límites del realismo hacia otras posibilidades. Me gusta trabajar con el extrañamiento sobre la vida cotidiana, porque si la observas de cerca es todo bastante disparatado en realidad.

-¿Cuál es su valoración de la escena teatral española actual?

-Ha sido aquí cuando he empezado a moverme en el tema teatral, con lo cual mi experiencia respecto a la escena en España es más como espectadora que como autora. Sí creo que es un momento interesante y que hay apuestas originales y con mucha variedad, pero que es muy difícil ponerlas en escena, tanto por los recortes en cultura como por la tendencia a programar clásicos o montajes más comerciales para garantizarse la taquilla. Habría que apostar más por la escritura teatral y la producción de textos de calidad para que después se lleven a escena, textos que hablen de lo que pasa hoy y en un lenguaje actual. Es una necesidad evidente en la proliferación de salas de microteatro, y que debería hacer más accesibles otras salas para desarrollar obras de mayor formato. Por ejemplo aquí casi todos los teatros tienen becas para dramaturgos, talleres, concursos de textos para después llevarlos a escena. Se le da valor a la creación teatral, hay lecturas dramatizadas para dar a conocer a nuevos autores… se cuida a los dramaturgos casi como en invernaderos: son la semilla para la producción de obras. Creo que es un modelo a imitar porque está claro que la fuerza de una obra está sobre todo en su escritura.

-¿Qué supuso su inclusión en el libro New Plays from Spain junto con autores de la talla de Alfredo Sanzol, Ernesto Caballero o Borja Ortiz de Gondra?

-New Plays fue una apuesta interesante porque reunía a autores ya consolidados como Sanzol, Ernesto Caballero, Guillem Clua o Borja Ortiz de Gondra, con otros con menos experiencia como Emilio Williams, Mar Gómez o yo, pero que trabajamos en Estados Unidos. Al publicar obras en inglés en una antología como esa hace más accesibles los teatros americanos a la dramaturgia española. Al menos los textos circulan y aquí siempre están a la caza de autores nuevos, y respecto a la tradición americana más realista, la española puede ser muy atractiva para muchos teatros. Creo que después de ese libro a todos nos han surgido oportunidades para que se montaran los textos en Estados Unidos. Sin duda ha servido para dar a conocer aquí la dramaturgia española y su gran variedad de temas y estilos.

-¿Qué opina de la cultura en España en este contexto de crisis económica? ¿Se siente parte de una generación en el exilio?

-Me considero afortunada porque cuando me vine a Nueva York fue por decisión propia y porque venía a hacer algo que quería hacer. Sin embargo, tengo que reconocer que lo que iba a ser algo temporal, tan solo mientras durara el máster, se empieza a convertir en algo sospechosamente permanente, entre otras cosas, porque da miedo volver con la crisis, el desempleo, etc, cuando aquí sin embargo se me están abriendo puertas… y respecto a la creación, el panorama en España se ha puesto muy difícil. Por el momento, creo que este es el sitio donde tengo más posibilidades de desarrollar mi carrera. Aquí, la cultura se considera una industria, un motor económico, y no como en España, el primer sitio por donde recortar. Esta ciudad ofrece muchas oportunidades y me quedaré un tiempo aquí, escribiendo y terminando el doctorado, aunque por supuesto me gustaría volver, estrenar y publicar en España. Sí creo que, como muchos de los que han emigrado en los últimos años, tengo esa sensación de exilio, porque aunque vine para estudiar y no buscando trabajo, como una decisión más vital que laboral, el regreso ofrece unas perspectivas tan limitadas que reconozco el vértigo de volver. Es algo que compartimos todos esos que andamos esparcidos por el mundo, esperando que amaine el temporal, pero van pasando los años, y la nostalgia también pesa a veces… pero la situación es la que es.

-No hay muchas españolas que hayan obtenido proyección internacional como dramaturgas. ¿Le parecen importantes estas cuestiones de género?

-Sí, lo son, creo que la literatura, y quizás aún más el teatro, prolonga un modelo patriarcal y no porque no haya mujeres escritoras sino porque parecen estar siempre fuera del canon, o incluidas casi como una excepción. Es sospechoso comparar la cantidad de hombres publicados con respecto a las mujeres, sin duda determina una visión bastante sesgada del mundo. Hace unas semanas acudí a la presentación de un libro de crónicas sobre América Latina con 14 escritores, ninguno de ellos mujer, algo por otro lado bastante común en el mundo editorial y no creo que sea por una cuestión de calidad. Cada vez soy más consciente de este desequilibrio y sí, pienso que las mujeres deben tener acceso a libros y a escenarios para hacerse oír. Necesariamente sus voces contienen una experiencia muy distinta a la que muestra una literatura mayoritariamente escrita por hombres y es vital que se oiga.

-¿Qué vínculos, vitales y artísticos, mantiene con Sevilla?

-Creo que más que vínculos lo que tengo es una especie de esquizofrenia geográfica, de intentar vivir dislocada en dos sitios, en dos vidas a la vez. La tecnología ayuda con skype, los whatsapps, facebook… y coger aviones un par de veces al año… pero también corres el riesgo de andar siempre un poco descabalgada entre los dos sitios, como en una especie de jet lag permanente. Me preocupa desarraigarme del todo, perder el vínculo con familia y amigos cuando ya no hay el roce diario, sobre todo en esta ciudad, llena de gente sola. No quiero dejar de pertenecer a aquello, pero al mismo tiempo tengo que fabricarme una vida en Nueva York. Supongo que poco a poco me he ido acostumbrando a hacer equilibrismos entre esas dos vidas, con todos los desfases vitales y horarios. Es una sensación rara de la que hablamos los "expatriados" habitar dos vidas paralelas -o al menos intentarlo- siempre un poco desubicados entre el aquí y el allí intercambiables, siempre echando de menos algo. Respecto a los vínculos artísticos, sí creo que estoy más desconectada. Tendría que ponerme a buscar editorial para publicar material nuevo y reeditar La amabilidad de los extraños y también moverme más en el ámbito teatral para conocer compañías con las que trabajar y que quieran montar mis obras. Tengo ganas de escuchar a mis personajes hablar en español.

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