Orden y vecindad del mito

Hay un vasto ramal de la literatura gallega en el que el mito y el folclore toman cuerpo, no con la rígida presencia del saber académico, sino con el escalofrío y el desorden de lo vivo. A esta singular heredad, donde la maravilla es expresión y rostro de lo cotidiano, contribuyeron, cada uno a su modo, Rosalía de Castro, Valle-Inclán, Vicente Risco, Torrente Ballester y Álvaro Cunqueiro. A esta manera de avecindarse con lo extraño pertenece también este Querido valle de lágrimas, del poeta orensano Manuel Vilanova. Una vecindad, en cualquier caso, que no excluye la erudición ni la melancolía; antes bien, la forma en que la modernidad se ha acercado a los mitos ha sido ésta de de convocar, envueltos por la bruma erudita, la antigua corpulencia de lo sagrado.

Dice Campbell, el mitólogo norteamericano, que hay tres energías primarias que mueven al hombre: la voracidad de la vida, el impulso reproductor y el afán predatorio. Queda excluida aquí la necesidad de saber, y en consecuencia, la voluntad de roturar y de fabular esos impulsos primarios. Es esta necesidad, sin embargo, la que ha movido al poeta Vilanova (poeta caudaloso, de numerosa y fértil imaginería), a componer un bestiario donde criaturas de todo orden complican e iluminan la oscuridad del mundo. Al cabo, los mitos no son sino expresión corpórea de una inquietud, y las inquietudes de Vilanova son aquellas mismas (el amor, la muerte, el doloroso alentar de la memoria), que han atenazado al hombre desde la noche del Paleolítico, "cuando se abrió el libro en el que arden / nuestros huesos".

Libro de lo extraordinario, Querido valle de lágrimas es, por eso mismo, un libro sobre lo terrible. Los tres impulsos enumerados por Campbell hallan aquí su forma alada o su rostro bestial, guarecido entre sombras. A ello debe añadirse la distancia que la erudición, que la herencia ilustrada, que la costumbre lógica, imponen a lo maravilloso. Se trata, en cualquier caso, de decir modernamente lo indecible. Llegada la hora de recordar la guerra, año de 1944, escribirá Vilanova: "Las orillas tragaron el nombre de los ahogados/ y yo crecí sin tambor y sin danzas/ entre los ahogados".

Manuel Vilanova. Follas Novas. Santiago de Compostela, 2014. 202 páginas. 14 euros

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