Orígenes de la fábrica de botellas de Jerez

La ciudad de la historia

EL 22 de junio de 1895, el ciudadano francés, D. Antoine Vergier Jeune, en representación del hacendado francés vecino de Lyon, D. Andrés Bocouze, mediante poder notarial expedido el 11 de junio de 1895, solicitaba permiso al Ayuntamiento de Jerez para establecer una fábrica de vidrio en el lado izquierdo del kilómetro 109, 30 del ferrocarril Sevilla - Cádiz, próximo a la estación de ferrocarriles de Jerez.

El Proyecto inicial de la construcción de la fábrica de vidrio, denominada desde un primer momento "La Jerezana", preveía la producción de botellas y cristales planos. Para ello, era necesario construirse hornos chimeneas de 30 a 35 metros de altura, fraguas, almacenes, talleres de herrería y demás accesorios propios de dicha industria. El lugar elegido era idóneo por la cercanía a una vía férrea, lo que facilitaba la rápida salida de los productos elaborados en la fábrica, y a su vez, la entrada del carbón necesario para los hornos. Por este motivo, el proyecto primitivo contemplaba la creación de un ramal viario, que partiendo del kilómetro 109,460 del mencionado trayecto ferroviario llegaba hasta la misma fábrica.

El Ayuntamiento, tras valorar la propuesta de la empresa para establecerse en Jerez, concedió el permiso para su instalación el 25 de junio de 1895, teniéndose en cuenta los grandes beneficios que la nueva fábrica reportaría a la clase obrera, pues la nueva industria necesitaría un elevado número de personal. Hay que tener en cuenta que en aquellos años la situación económica y social en Jerez y su campiña era crítica. Sólo tres años antes, Jerez había conocido el famoso asalto campesino, que en realidad no dejó de ser una revuelta campesina motivada por la carestía y hambruna que se vivía en aquellos momentos, aunque los hechos sirvieron para que las autoridades del momento demonizaran el incipiente anarcosindicalismo andaluz.

Como nos señala Fernando Aroca en su magistral libro De la Ciudad de Dios a la ciudad de Baco. La arquitectura y urbanismo del vino de Jerez (siglos XVIII - XX), D. Sebastián Canavesse, que se hace pasar como propietario de los terrenos, solicitó el 27 de junio de 1895 la alineación precisa para la construcción de la nueva fábrica, proyecto que llevó a cabo en el mismo año de 1895 el arquitecto Rafael Esteve. La nueva industria reunía para su instalación las condiciones previstas en el moderno reglamento de ordenación municipal que poseía Jerez en aquella fecha, en concreto con su artículo 166: se instalaba en las afueras de la ciudad, aislada de los ciudadanos, sin existir peligro de incendio o explosión para el vecindario ni molestias por humo o ruidos. Prácticamente un año después que los capitalistas franceses presentaran el proyecto, la fábrica de vidrios "La Jerezana" estaba ya construida y en funcionamiento. La fábrica de vidrio obtuvo licencia de apertura desde el 5 de junio de 1896.

"La Jerezana" no fue la única fábrica de botellas y demás tipos de vidrios que hubo en la ciudad. Casi por el mismo tiempo de su creación, coexistió durante bastantes años con la fábrica de botellas "La Constancia". Sabemos que en 1901, D. Manuel Fernández obtuvo licencia del Ayuntamiento jerezano para realzar los muros de la fachada de esta fábrica, situada por detrás de la Plaza de Toros y cercana al ferrocarril urbano. Dicho proyecto lo materializó el arquitecto José Esteve. Sobre parte del solar que ocupó esta fábrica se construyó a mediados del siglo XX la barriada "La Constancia", cuyo nombre deriva de la antigua ubicación de la fábrica de vidrios con el mismo nombre.

La historia de la actual fábrica de botellas es un ejemplo más de la notoriedad industrial que vivió Jerez en el siglo XIX al amparo de la entonces pujante industria del vino. Un ejemplo más de cómo el beneficioso negocio vinatero atrajo capitales extranjeros -en este caso de origen francés- para impulsar la industria local.

Hoy día, 113 años después de la presentación del proyecto original, cuando se prevé su traslado a otra zona de la ciudad, he querido con este artículo revivir la historia de este recinto industrial, que muy pronto se convertirá en una zona urbanizada. Desde este artículo pido que se conserven las tres altas chimeneas, que queramos o no, han pasado a ser un símbolo iconológico de la ciudad de Jerez y un recuerdo de un potente pasado industrial que hoy día añoramos.

Fco. Antonio García Romero

Coordinadores/Centro de Estudios Históricos Jerezanos www.cehj.org

Eugenio J. Vega Geán

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