Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Papeles de antiguos bodegueros

  • Confesaba el marqués que le costó mucho dejar de fumar, "ese ridículo vicio que tanto ataca a la salud y al bolsillo".

 Quizás algún día todo esté en Internet. Desde luego hoy no es ese día. Nos aguardan muchas sorpresas hojeando viejos volúmenes o releyendo olvidados manuscritos. Nuestra centenaria Biblioteca Municipal custodia abundante documentación relacionada con los bodegueros jerezanos, entre ellos el Marqués de Torresoto, Pedro Nolasco González Soto (1849-1946), en la ilustración junto a sus dos hijos mayores y el abad de la Colegial don Teodoro Molina (extraída de “Xerez: la campiña jerezana”, Nº 2, 1938). Un personaje de sobra conocido, y ampliamente tratado tanto en monografías sobre la casa González Byass, de la que su padre  era cofundador, como en artículos periodísticos y revistas especializadas. Y obviamente en Internet. Pero en estos papeles  he leído cosas que no he encontrado en ninguna otra fuente. Son de autor anónimo, que entrevistaría al bodeguero en una fecha, 1945, muy próxima a la muerte de éste. Decía que comenzó el colegio con apenas cuatro años, no por gusto, sino porque su hermano Manuel Críspulo exigía que lo llevaran en brazos y que fueran también sus hermanos pequeños. La escuela era la de San Rafael, en la Alameda Cristina. Confiesa que era algo travieso, como debe ser un niño normal a esa edad, y las personas que ocupaban el palco inferior al de su familia en el Teatro Principal se convertían con frecuencia en las víctimas de sus ocurrencias: en este caso, las hermanas solteras del marqués de los Álamos del Guadalete, cuyas galopantes alopecias provocaban irremediablemente la salivación de los chiquillos. Se ha dicho de él que era un viajero infatigable, y con razón: estuvo viajando por Rusia veinte noches seguidas en coche-cama, trabajando de día en las diversas paradas para coger un nuevo tren por la noche. De sus hábitos personales cuenta que le costó mucho dejar de fumar, “ese ridículo vicio que tanto ataca a la salud y al bolsillo”. La preocupación por los efectos del tabaco no es tan nueva como creíamos. Pero era un mundo de fumadores, y el marqués “confiesa que hoy día se avergüenza de estar en reuniones donde todo el mundo fuma, y estima hace un papel desairado al tener que rechazar los muchos cigarrillos que le ofrecen, incluso las señoras, como es cosa hoy corriente”. Gustaba de presenciar intervenciones quirúrgicas: en una ocasión se hizo pasar por un médico madrileño para ver en directo la autopsia de Pilar Cobos de Guzmán, trágicamente ahogada en una fiesta de caza en la Laguna de Medina. Cuando acompañó a su hermana Josefa a Madrid, aquejada de una grave dolencia, convenció al cirujano Federico Rubio, que ya era mucho convencer, para que le dejase entrar en la sala de operaciones. Me dejo mucho en el tintero, muchos y variados detalles que quizá aguarden a que un día alguien dedique al longevo marqués la monografía que sin duda se merece.

Natalio Benítez Ragel

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