Transgresión en continente y contenido

NO referirse al aspecto museográfico de la sala donde expone su trabajo Paco Pérez Valencia puede hasta que parezca ofensivo. De eso puede saber él más que nadie. Estoy seguro de ello. Su profesión pictórica no puede desligarse nunca de una museografía que lo ha llevado a las más altas instancias de una realidad artística que él ha impuesto un especialísimo sello.

Si empezamos por el trabajo artístico del autor de Sanlúcar de Barrameda, hay que decir que nos encontramos ante una serie de obras, dispar y de muy variada naturaleza plástica y estética, realizada en todo tipo de formatos, que permiten el feliz encuentro con una pintura que no deja indiferente. Su marcado dibujo, de feliz e intenso automatismo, sus formas y volúmenes, su inquietante conceptualismo en obras de infinita energía plástica, así como su diverso y complejo compromiso con todo tipo de soportes, nos conducen por el trabajo siempre apasionante y lleno de expectación de un Paco Pérez Valencia dispuesto siempre a marcar - o mejor dicho, a esbozar para que el espectador pueda continuar el discurso creativo - rutas de inesperadas perspectivas.

Pero, esta comparecencia del artista y museógrafo en este proyecto expositivo no es una simple muestra lineal de su obra. Sería demasiado fácil y muy a contracorriente de lo que es el ideario de este artista. Por eso la exposición presenta un aspecto museográfico totalmente diferente y con un nuevo sentido. El espectador no entra en un espacio expositivo habitual. Nada más traspasar la puerta, contempla lo que pudiera ser un despacho o un moderno estudio de diseño. Las paredes se encuentran cubiertas con obras de Paco Pérez Valencia; un entramado variado de ese diverso complejo artístico del autor sanluqueño. Obras en paredes, pero también en los más insospechados rincones. El continente se convierte, así, en una obra más; un receptáculo que acoge y magnifica una obra que, en su nueva ubicación, adquiere una especial dimensión. Sin embargo, el espectador tiene muchos más expectantes encuentros. En los cajones de las mesas, dentro de los armarios, en el pequeño cuarto de baño, en uno de los despachos de la sala… se encuentran también obras; lo que convierte al propio espacio en un guiño cómplice que provoca una interacción entre el espectador, la obra y el espacio expositivo. Toda una novedad museológica que altera por completo el sistema habitual e incide en la contemplación de una obra que aporta una nueva situación motivadora.

Vuelve Paco Pérez Valencia a situarnos en las expectantes circunstancias de sus obras, pero, sobre todo, en las coordenadas museográficas de una trascendencia expositiva inusitada. El objeto artístico y su entorno adquieren una realidad transgresora; lo que permite afirmar que cualquier parecido con la realidad es puro accidente.

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