Victorino, otro petardo

  • Aburrido cierre isidril, con una pésima corrida de Victorino, desigualmente presentada y muy descastada · Urdiales, El Cid y Fandiño, voluntariosos

El matador de toros vasco Iván Fandiño, con el peor lote, fue el torero más destacado con la pésima corrida de Victorino Martín, desigualmente presentada y bajísima en casta, muy cerca del petardo con el que ya nos deleitó en Sevilla. Es muy preocupante el momento por el que atraviesa esta ganadería señera.

Iván Fandiño destacó fundamentalmente porque se entregó con más decisión que sus compañeros y ello le costó dos palizas enormes, escapándose por tablas de ser herido por partida doble. El primer toro, en una zancadilla, lo derribó y le buscó con saña en la arena, sin conseguir herirle, afortunadamente. Con el sexto, una alimaña, el diestro de Orduña volvió a entregarse y en otra zancadilla cayó y volvió a recibir un palizón. El astado llegó a pisotearle.

Diego Urdiales y Manuel Jesús El Cid se mostraron porfiones en sus lotes. Urdiales pasó sin pena ni gloria. Contó con un primer toro noble y que humillaba, con un buen pitón derecho, con el que concretó una labor deslavazada y al que mató mal. Con el manso cuarto, que sólo admitía un muletazo y luego salía con la cara alta, hizo un esfuerzo muy dilatado sin fruto alguno. El banderillero Víctor García El Víctor fue volteado por el astado, que le empaló por la pantorrilla izquierda en un par.

El Cid tampoco logró cotas altas. Al segundo, noble, encastado y que fue a menos, lo toreó muy bien a la verónica. Con la muleta, trasteo pobre, con una tanda con la diestra entonada, algún desarme intercalado y un estocada desprendida, una labor por la que fue aplaudido, entre tanto despedían al toro con una fuerte ovación en el arrastre. El sevillano, muy atento durante toda la lidia, hizo un quite oportunísimo a su picador, Manuel Jesús Ruiz, caído en la arena tras un derribo y a punto de ser cogido por un toro al que prendió dos buenos pares de banderillas Alcalareño. El público, cuando llegó el ecuadro de la corrida estaba hastiado y protestó al quinto toro desde que pisó la arena venteña. El animal resultó descastado y gazapón y el saltereño no tuvo opción al lucimiento.

La corrida postrera de San Isidro fue un suplicio para los espectadores, sumidos en un aburrimiento descomunal gracias en gran medida a la ganadería de Victorino Martín, que dio otro petardo, sin las dimensiones que el de la pasada Feria de Abril de Sevilla.

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