El Wall Street tóxico y la dictadura argentina abren la carrera por los Osos

  • La primera jornada a concurso en la Berlinale acoge las proyecciones de dos directores debutantes, 'Margin Call', de JC Chandor, y 'El premio', de Paula Markovitch

La Berlinale entró hoy de lleno en la carrera por los Osos con Jeremy Irons y Kevin Spacey, dirigidos por el debutante JC Chandor en Margin Call y sumergidos en el Wall Street más tóxico, y con la visión desgarradora de la dictadura argentina del El premio, de la también primeriza Paula Markovitch.

"Quisimos reflejar la monstruosidad del sistema financiero, lo que no significa que todos los seres humanos que lo habitan sean monstruosos. También son personas", afirmó JC Chandor, quien desembarcó en Berlín con Irons, Spacey, Paul Bettany, y Zachary Quinton, algunos de los actorazos involucrados en primer film. A ellos, además del asimismo magnífico Stanley Tucci, corresponde dar un contorno creíble al codicioso ámbito financiero -y aún más altas quiebras-, "el mundo de los que no conocen la moral", en palabras de Spacey, cuyos mecanismos parecen no entender ni los responsables que aparentemente lo dirigen.

Activos tóxicos, un recital de managers, brokers, mandos intermedios y jefazos despiadados o desbordados, con los veteranos Irons y Spacey entre jovenzuelos que quieren ganar millones y no saben cómo gastar los que ya ganaron: ése es el mundo de Margin Call, en el Wall Street de 2008, el de Lehman Brothers. Todo ocurre una noche antes de que su mundo se hunda, entre seres sin familia -lo único similar a ello es del perro agónico de Spacey- a los que se comunica el despido desactivándoles el teléfono móvil, borrando mails y tarjetas de seguridad y dándoles la socorrida caja de cartón para que empaqueten sus cosas.

Spacey y Irons, impecables los dos, más Demi Moore, con su arquetípica cara de arpía, marcan el film con que Chandor irrumpe en el mundo de las bancarrotas y el regalo de bonos multimillonarios a quien coloque basura tóxica mientras se hunde el sistema. Chandor opta por la visión desapasionada, incluso melancólica, paseando entre rascacielos a través de la noche y mientras se masca una catástrofe global que no estallará con un avión estrellándose en la primera Torre Gemela, como el 11-S, sino por la información contenida en un pendrive -lápiz de memoria portátil-.

Redondeó la primera jornada a competición El premio, el primer largometraje dirigido por Markovitch, nacida en Buenos Aires y afincada en México, quien refleja desde una casita en la playa, a través de una madre y su hija de siete años, Ceci, el desgarro provocado por la dictadura argentina.

Madre e hija duermen vestidas, en una casa por las que se cuelan viento, arena y hasta el mar, y en la que la niña aprende que, a quien le pregunte en la escuela, sólo debe responder que papá vende cortinas en Buenos Aires. Papá no vende cortinas, se le presume desaparecido o tal vez muerto, puesto que no escribe. Entre vendavales y unas dunas que serían idílicas, si no fuera porque las circunstancias son las que son, discurre su mundo, hasta que participa en un concurso de redacción en la escuela donde debe describir que es el ejército.

El hallazgo de Markovitch es la niña, Paula Gallinelli Hertzog, que coloca a su madre al borde del abismo con su redacción, donde cuenta lo que oyó, es y hace el ejército de la Junta Militar. El resultado es una película bellísima, aunque para muchos excesivamente extensa, literaria, por deseo explícito de la directora, para quien "el cine es un género literario, con pocas imágenes, pero cada una de ellas de gran carga".

El premio fue acogida con el calor que siempre despierta en Berlín el cine argentino, aunque en términos de producción, éste no lo sea, ya que ese capítulo se lo reparten México, Alemania y Polonia. Markovitch acudía como debutante, pero no lo es tanto, puesto que su nombre pasó ya por el festival, como guionista de Lake Tahoe, el film del mexicano Fernando Eimbke que en 2008 ganó el premio Alfred Bauer del festival. Se trata de un film muy a la medida de la Berlinale y de su director, Dieter Kosslick, admirador confeso de las historias contadas por mujeres y, en concreto, del cine argentino.

El premio es el primer concursante latinoamericano, al que seguirá Un mundo misterioso, del argentino Rodrigo Moreno, ganador en 2006 del Alfred Bauer, con El custodio.

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