La alargada sombra del navegante

  • La fundación y el congreso que llevan su nombre consiguen, a lo largo de 14 años, que el escritor y su tierra natal acerquen posturas en momentos memorables que no se han perdido Vargas Llosa, Saramago, Azcona...

Como jerezano, se sintió con todo el derecho del mundo a criticar a su tierra. Un 'atrevimiento' que algunos no perdonaron y castigaron con el ostracismo de sus libros a los huecos ocultos de las estanterías. Fueron muchos los intentos frustrados de diferentes sectores por hacer estable un acercamiento de José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) y su pueblo. En época de la alcaldía de Pedro Pacheco, y de Carlos Manuel López Ramos como concejal de Cultura, en 1998, el Ayuntamiento se planteó firmemente la reconciliación y propuso al autor la creación de una fundación, la Fundación Caballero Bonald. Una oferta que cambió la actitud del escritor hacia Jerez. La idea le ilusionó mucho, sobre todo, el hecho de que su legado, su obra, se depositara aquí, en su tierra, que también ama, a su manera.

El encargo de Bonald era claro: la Fundación debía ser un centro vivo, con actividad permanente. Así que lo mejor forma de empezar a darle contenido era la puesta en marcha de un congreso. El primero se dedicó al Grupo Poético del 50, en el que se incluyen aquellos escritores que los antólogos y críticos etiquetan no como Generación del 50 sino como Grupo Poético del 50. "Se invitó a todos los autores vivos, críticos y estudiosos. Y todo esto nos creó el primer conflicto porque recibimos presiones para que se incluyeran nombres de la Generación del 50 en la programación. Esas personas pertenecientes a la Generación creían que los habíamos excluidos. Este se puede decir que fue el primer acto de resistencia. Bonald se mantuvo firme", cuenta el gerente de la Fundación, Fernando Domínguez. Dicho primer congreso se celebró en el Alcázar, en 1999, cuyo espacio hubo que vestir entero de mobiliario. "Fue un éxito y ahí están las actas para demostrarlo".

Desde entonces, cada otoño se celebraría el congreso de la Fundación Caballero Bonald. El segundo en la serie fue el primer acto público que se desarrollaría en la sede de la entidad, en la calle Caballeros. Ciertamente, cuentan que Jerez "no se había visto en otra. La asistencia de tantos nombres destacados a estas citas literarias, tan bien acogidas por los ciudadanos... De hecho, empezamos a tener problemas de espacio. En 2001 pasamos a celebrar los congresos en el Hotel Guadalete; en 2006 a la Atalaya, hasta este año, que hemos regresado a la Fundación por ajustes económicos", recuerda Domínguez. Congresos "impresionantes, espectaculares", como el protagonizado por 'Literatura y Memoria' con la asistencia de José Saramago o José Luis Sampedro. Otros "inolvidables" como el dedicado a 'Literatura y Cine' con directores, guionistas y críticos de ese momento como Juan Antonio Bardem, que murió a la semana de estar aquí, y aunque se encontraba bastante mal, se empeñó en acudir a la cita. O Rafael Azcona, "que nunca asistía a nada, ni tan siquiera iba a recoger sus premios". Alguien dijo una vez que Azcona "no existía".

Quizás uno de los momentos más especiales fue la celebración en el congreso de 2006 del 80º cumpleaños del escritor afincado en Madrid. Hubo actividades paralelas como exposiciones, publicaciones, documentales... Una preparación previa que se llevó en total secreto por las reservas de Bonald a este tipo de homenajes y reconocimientos, y en la que actuó como confidente la esposa del escritor, Pepa Ramis, de la que Fernando Domínguez asegura que es responsable "de mucho de lo que le ha pasado a Bonald. Sigue a su lado desde el primer día, cuidándolo, mimándolo para que Pepe no se distraiga en su trabajo y escritura. Es algo impagable. Creo que el premio le ha tocado a Bonald con Pepa Ramis". Y la sombra de Bonald se prolongó aún más con la creación del Premio de Ensayo de la Fundación, que ha recogido autores como Vargas Llosa, Enrique Krauze, Eugenio Trías... Los jerezanos empezaron a interesarse por el escritor, a leer sus obras, a ubicarle en el mapa de la literatura. Sin embargo, en la escenografía también sobresalían críticas injustas, envidias, incomprensiones, agoreros que dirían que esto (los congresos y la Fundación) no duraría. Los más cercanos a Bonald apuntan que los apoyos "nos los hemos ido ganando año tras año. Porque Jerez no perdona el éxito de nadie. Pero hemos tenido mucha esperanza, fe y fuerza. El impulso para seguir nos lo ha dado él mismo". Un enamorado del mar, de Doñana, un navegante jubilado que se limita ya a ver pasar, cuando puede, los barcos desde su casa de Sanlúcar. A bordo de su velero se han subido amigos y algunos enemigos "sin importancia". Una avenida, un instituto, una fundación..., tienen como objetivo sobrevivir al autor para hacerle inolvidable. "Ni en décadas ni centurias. Que nadie dude de que Bonald es el escritor más importante de Jerez".

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