La 'belleza' de los conflictos, en manos del jerezano Luis Grajales

  • El artista expone hasta el próximo día 19 de junio, en la Galería Belén, su colección llamada 'Tierras compartidas' · La búsqueda de la paz y los recuerdos de Machado quedan enmarcados en la muestra

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Una tierra de lienzo y papel se extiende por las paredes de la Galería Belén. Allí no hay lindes ni fronteras, tan sólo la división que surcan los trazos, obra de la mano del pintor Luis Grajales. El único límite es la belleza, porque allí es donde acaba la labor del artista.

'Tierras compartidas', que se podrá visitar en este espacio jerezano hasta el 19 de junio, surge del encargo a Grajales por parte del poeta Jesús Fernández Palacios de una ilustración para la portada de la revista que dirige 'Campo de Agramante', que saldrá en octubre. "Entonces fue cuando comencé a hacer todos estos trabajos, la mayoría en papel, excepto uno. En esta trayectoria creativa nació además el tema de la guerra entre Israel y Palestina. Algo que me influyó mucho. Y de este conflicto salió por ejemplo la obra 'Sangre en la franja de Gaza', comenta el artista, que reconoce que esta exposición "ésta muy influida por la guerra y por ver cómo un país destroza otro, aunque no exista país".

Sentimientos que salen de las entrañas de Grajales y en las que también hay un rincón para Antonio Machado, como homenaje a los 70 años de su muerte en Francia, en el exilio. "Me conmueve mucho este hecho, esas tierras compartidas de gente que ha tenido que salir de España por la Guerra Civil. Todas estas cosas conforman el signo de la exposición".

Reivindicar la paz y reconocer que la mayoría de los españoles tenemos sangre judía, han empujado a Grajales a crear estas obras. Así, en su última exposición en Pescadería Vieja, hace algo más de un año, también habló a través de sus cuadros del conflicto israelí. A una de sus obras la llamó 'Atalaya', que ahora permanece colgada en la Fundación Bonald. "No me voy a quedar tranquilo hasta que estas cosas entren en una normalidad de paz. Y como es difícil de conseguir, voy a tener que seguir pintando mucho para continuar reivindicándola".

Círculos llenos de color y siluetas de contorsionistas ponen música a la obra de Grajales. Figuras humanas parecen bailar al son de la alegría y la tristeza que guardan las cuatro esquinas del corazón enmarcado de su autor. "Pienso -añade el artista jerezano- que no es necesario hacer un expresionismo puro y duro para de alguna forma hablar de, por ejemplo, la guerra de Gaza o el recuerdo de Machado, que está en el tono dorado".

Una vida dura expresada a través de la belleza, aunque sea la de la muerte o de estar enterrado fuera de la patria. "Esa belleza -comenta- que quizás tampoco tenemos en mente porque no es efímera, es profunda, constante, trasciende al tiempo y yo he intentado reflejar".

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