La buena estrella del actor español

  • Su victoria tuvo un sentido de justicia poética para su estirpe de cómicos

Javier Bardem no lo sabía, pero su victoria a los tres cuartos de hora de iniciada la ceremonia dio suerte a No es país para viejos, que se convirtió en la gran triunfadora. Lo lamentamos por los defensores de la teoría de los titiriteros, pero el Oscar al Mejor Actor de Reparto no deja de ser un reconocimiento a una generación excepcional del cine español que a pesar de los pesares sigue adelante. Su victoria tuvo un sentido de justicia poética para su estirpe de cómicos. Hace 50 años Juan Antonio Bardem conseguía por primera vez que un film español, La venganza, fuese nominado. Medio siglo después un sobrino suyo recogía la estatuilla. A Javier le espera Coppola tras haber rodado con Woody Allen. Su carrera internacional parece imparable.

En este confuso año al menos la decepción de las candidaturas se arregló con la victoria como guionistas y directores de los Coen, al ser No es país para viejos la mejor película con diferencia. Aunque en justicia debería haber subido con ellos al escenario el huraño Cormac McCarthy, verdadero cerebro de la operación al haber sido prácticamente calcada su novela. Uno no deja de añorar los tiempos en que los hermanos no necesitaban pegarse a nadie para hacer Muerte entre las flores, Barton Fink o Fargo. Tal vez tras esta victoria recuperen su extraordinaria inventiva personal. Pero la Academia siguió la moda de los últimos años de repartir y todos los filmes finalistas como Mejor Película se llevaron su estatuilla: Day-Lewis y la fotografía para Pozos de ambición, la banda sonora de Expiación, el guión original de Juno y la andrógina Tilda Swinton salvó el partido para Michael Clayton.

Y no es de extrañar que la gran En el valle de Elah se quedara con una sola candidatura, teniendo en cuenta que una de las pocas guindas de la gala, a la que se le notó demasiado la huelga de guionistas, fue la chocante presencia de alegres soldados destinados en Iraq presentando el Oscar al mejor Corto Documental. Curiosamente ganó Freeheld, que habla de la discriminación de las lesbianas en el ejército USA. Este patriótico gesto no pudo evitar que tres de los cinco largos documentales nominados, incluyendo el vencedor Taxi to the Dark Side, hablasen de Iraq y de sus secuelas. Por cierto, Michael Moore figuraba con Sicko, su filípica sobre la industria farmacéutica americana, sin que nadie pareciera coscarse. ¿Sic Transit Gloria Mundi?.

La gran sorpresa la dio Marion Cotillard, que venció contra pronóstico como actriz en una película francesa. Fue como darle la razón a los que defienden la ausencia de papeles femeninos en Hollywood. De nuevo tuvieron que recurrir al doblete de Cate Blanchett para salvar las candidaturas, que en la categoría de secundarias olían a relleno. De hecho, Tilda Swinton sólo sale un cuarto de hora en Michael Clayton. Al sindicato de actores debe preocuparle que ninguno de los cuatro intérpretes ganadores sea estadounidense. Aún así, hay que decir que el cajonazo a Julie Christie, maravillosa en Lejos de ella, es de escándalo. De nuevo se prefieren las actuaciones retóricas frente a las matizadas.

Y una de las pequeñas grandes victorias de la noche fue la de la canción de Once. No deja de ser refrescante que esta pequeña y modesta película derrotase a la maquinaria de la Disney, que había colocado tres temas de Encantada, obra del anterior recolector de Oscars Alan Menken. La presencia de unos modestos Glen Hansard y Marketa Iglova puso el verdadero punto indie en una noche demasiado aburrida.

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