josé antonio ruiz. coreógrafo de danza española y flamenco

"Es hora de dejar de culpar a los políticos y reflexionar sobre nuestra propia actitud"

  • El ex director del Ballet Nacional de España y la Compañía Andaluza de Danza crea una nueva formación que estrena su primer trabajo el próximo domingo en San Petersburgo

El creador afincado en Sevilla, antes de comenzar uno de los últimos ensayos de 'Invocaciones flamencas'. El creador afincado en Sevilla, antes de comenzar uno de los últimos ensayos de 'Invocaciones flamencas'.

El creador afincado en Sevilla, antes de comenzar uno de los últimos ensayos de 'Invocaciones flamencas'. / Belén Vargas

Ha pasado casi medio siglo desde que creara, junto a la añorada Luisa Aranda, en 1973, su primera compañía, Siluetas. Desde entonces, José Antonio, sin duda uno de los más grandes bailarines del siglo XX, ha recorrido una senda difícilmente igualable que le llevó a crear una nueva compañía, la de José Antonio y sus Ballets Españoles (en 1994) y, más tarde, a dirigir (en dos ocasiones) el Ballet Nacional de España y también a la Compañía Andaluza de Danza (hoy Ballet Flamenco de Andalucía) desde 1997 hasta 2004. Entre sus reconocimientos se cuentan el Premio Nacional de Danza (1997) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005).

-¿Cómo ha surgido este deseo de volver a las trincheras cuando llevaba desde 2011 prácticamente retirado?

-No, yo nunca me he retirado; alejado, sí. Después de recorrer mil escenarios como bailarín profesional desde los 13 años y de haber dirigido las dos compañías públicas de España, necesitaba espacio, estar un tiempo sin grandes responsabilidades. Pero nunca he dejado de colaborar con otros artistas, con los conservatorios, etcétera. Esta vez el impulso me ha llegado de fuera. El empresario de un teatro de Estambul me pidió que repusiera Picasso: paisajes, una coreografía que realicé con la Compañía Andaluza de Danza, y que estrenamos en el Festival de Música y Danza de Granada en 2001, con ocasión de su 50 aniversario. Y lo cierto es que me he dejado arrastrar un poco.

-Pero antes van a San Petersburgo, y no con el Picasso.

-Es verdad. Yo tengo unas magníficas relaciones con esa ciudad donde tantas veces he bailado y, cuando hace tres años hice un espectáculo para el ciclo Los Veranos de la Villa de Madrid, con un colectivo más reducido, me pidieron que lo llevara a Rusia. Pero yo cancelé la gira y ahora, que nos han vuelto a invitar, no he podido negarme, aunque hemos tenido que dar un acelerón tremendo porque el estreno en Estambul del Picasso: Paisajes está previsto para el 22 de mayo y, un mes antes, hemos tenido que estructurar un programa completo de flamenco, de una hora y veinte de duración, titulado Invocaciones flamencas.

-El espectáculo se presentará en el Dance Open Festival de San Petersburgo este próximo domingo. ¿En qué consiste este trabajo?

-Es un conjunto de coreografías mías, como el zorongo de Café de Chinitas o la rondeña de La leyenda, y de Fernando Romero, como la farruca de Sabicas, pero totalmente revisadas. Sin ser un espectáculo con argumento, sí que hay un hilo conductor que las va entrelazando; hay un concepto de iluminación, un espléndido vestuario, cedido en alquiler por el Ballet Nacional de España, de Sonia Grande, Pedro Moreno y Rosa García Andújar, y un equipo artístico de primer orden.

-Y también va usted a bailar una pequeña pieza. En 2005, dijo a este periódico que se retiraba del baile, pero no de la interpretación. ¿Que quería decir?

-Es que lo que yo llamo bailar hace mucho que no lo hago. Para bailar hay que entrenar todos los días y tener el cuerpo a punto y hace tiempo que yo di prioridad a la dirección y a la coreografía. Pero de vez en cuando me atrae el hecho de subir al escenario unos minutos para contar algo, para transmitir mi forma de sentir, tanto la tristeza como el gozo. Aquí voy a interpretar una vidalita de apenas cinco minutos que creó para mí el guitarrista Diego Losada y que bailé el año pasado cuando me nombraron Patriarca Flamenco en la Cumbre de Murcia. Y, como entonces, me acompañará la voz extraordinaria de Miguel Ortega.

-¿Cual va a ser el equipo artístico de estas Invocaciones flamencas?

-Además de contar con grandes compañeros como Fernando Romero y Primitivo Daza, estarán en la compañía dos grandes cantaores, Miguel Ortega y José Ángel Carmona, las guitarras de Diego Losada y Enrique Bermúdez (ambos cedidos por el Ballet Nacion al de España) y la percusión de Nacho López. Y respecto al baile, hice una audición a principios de febrero y tenemos un equipo de seis mujeres y siete hombres para San Petersburgo y nada menos que ocho parejas para el Picasso. Algunos son muy jóvenes, salidos de los talleres del Centro Andaluz de Danza, y otros más veteranos, como lo ya citados o como Francis Núñez, Anabel Veloso, Carmen Coy y Raúl González Frías, que interpretaba al joven Dalí en Café de Chinitas.

-Después de bailar con Antonio, de interpretar a Jasón en la mítica Medea coreografiada por Granero, de dejar noches inolvidables como la que se vivió en el Lope de Vega, allá por 1994, con el estreno de su obra El Cachorro, ¿cómo afronta esta nueva aventura?

-Tengo una gran ilusión. Y respecto al trabajo estoy satisfecho con lo que hemos realizado, pero he decir que mi carácter y mi exceso de responsabilidad no me permiten disfrutar hasta que no veo caer el telón.

-¿Qué ha cambiado en el mundo de la danza desde que creara aquel Siluetas (1973), junto a su esposa, la extraordinaria bailarina Luisa Aranda?

-Ha cambiado todo; la profesión en general y, sobre todo, el concepto empresarial. Antes había empresarios que se interesaban por tu trabajo, te facilitaban las giras... Ahora hay agentes y programadores y muchos de ellos no conocen bien el mundo de la danza. Se ha institucionalizado todo y se han quedado muchas cosas por el camino. También los artistas. La técnica ha evolucionado muchísimo pero se han perdido esas identidades tan marcadas que existían antes, en la generación anterior a la mía. Yo creo sinceramente que tiene que haber, más que una revolución, una evolución interior generalizada en la profesión. Me preocupa el hecho de que los que deciden están generando una gran agresividad y están dividiendo en grupos a la profesión, y eso no beneficia en nada al colectivo. Pero ya es hora de dejar de culpar de todo a los políticos. Tenemos que reflexionar sobre nuestra propia actitud. Dar un puñetazo en la mesa y crear proyectos a largo plazo, no gastar el poco dinero que hay y las energías en cosas que nacen y mueren casi a la vez, y defender la creatividad, el trabajo bien hecho. Tenemos que concienciar a los políticos y a todos de que somos un servicio social. La humanidad podría vivir sin nosotros, pero sería más triste y más pobre porque son los artistas los que transmiten una cultura.

-¿Y cuándo podremos ver en Andalucía estos dos trabajos de la nueva compañía José Antonio Danza y Flamenco?

-No lo sé, cuando a alguien le interesen mis trabajos. Yo fijé mi residencia en Sevilla en 1997, aquí sigo y aquí he decidido crear mis nuevos trabajos, y me parece injusto que tengamos que promocionarnos más en nuestra tierra que en el extranjero. Pero no quiero pedir ayudas ni trabajo, porque, como a Gades, me gusta la independencia. Me gustaría que mi nueva compañía tuviera una continuidad, pero eso será el tiempo el que lo diga.

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