"Hay que cultivar el vínculo del teatro con el público, es algo muy delicado"

  • El autor habla de su obra 'Días estupendos', que se representa mañana en el teatro Pedro Muñoz Seca

Alfredo Sanzol es uno de los autores jóvenes más valorados del panorama escénico español. Hoy estará en El Puerto, donde mañana se representa su obra Días estupendos en el teatro Pedro Muñoz Seca.

-Días estupendos es un título muy adecuado para una obra que gira en torno al verano. ¿Qué o quién le inspiró este título?

-A mi abuelo le encantaba usar la palabra estupendo. Era un hombre muy optimista y todo le parecía estupendo. Mi abuelo me influyó mucho a la hora de ver siempre el vaso medio lleno. A la hora de disfrutar cada momento. Como siempre pasábamos los veranos con mis abuelos no podía hablar del verano sin usar la palabra estupendo.

-¿Qué tiene el verano que siempre nos da algo de nostalgia?

-En nuestra memoria el verano es igual a libertad. No tanto porque se acababa el colegio, sino porque los mayores se preocupaban menos de si estabas haciendo lo que debías hacer. Desaparecía la palabra deber, y los días se convertían en días para vivir aventuras, para jugar. No tengo una visión superficial del verano. Creo que esa sensación de libertad es muy importante porque pone al niño también frente a la responsabilidad. Poder hacer lo que quieras supone que tienes que elegir, y asumir las consecuencias. Y no creo que cualquier tiempo pasado fue mejor, si no que la infancia es nuestra patria, la infancia es un lugar del que tenemos que salir al perder la inocencia, y de alguna manera somos para siempre exiliados de ese tiempo. Y como los exiliados siempre tenemos la mirada puesta hacia el lugar del que nos fuimos. Y esa mirada puede estar teñida con todos los matices que quieras, desde la nostalgia, a la alegría por haber dejado de ser niño, a una mirada distante…

-La obra es la tercera parte de una trilogía que comenzó con Risas y destrucción y Sí, pero no lo soy, las tres con los mismos actores. ¿Se ha cerrado ya el ciclo?

-Creo que sí. Se está cerrando un ciclo muy importante para todos. Creo que aún necesito algo de perspectiva para saber lo que ha supuesto. Pero como todo final es un nuevo inicio, no tenemos tanto sensación de estar acabando algo, sino más bien de estar iniciando algo. Un nuevo ciclo. Ahora estamos preparando un proyecto que se estrenará en el Teatro de la Abadía en otoño, y estamos muy ilusionados.

-Para los actores tiene que ser un trabajo extra pasar de un personaje a otro a través de 16 sketchs diferentes. Imagino que para el director también es un trabajo más complicado.

-Sí. Hemos creado un estilo de interpretación que pudiera servir para contar las diferentes historias saltando de un personaje a otro. Hemos creado una dramaturgia escénica, también una gestualidad, un imaginario. Creo que hemos creado un mundo, una galaxia, al que pertenecen esas obras.

-Me llama mucho la atención la escenografía. Es difícil recrear en un escenario el claro de un bosque...

-Alejandro Andújar es el escenógrafo con el que he creado todos los espacios de esta trilogía. Nos gusta trabajar a partir de espacios reales para llegar a crear el planeta, el mundo, la atmósfera ficticia en la que se desarrolla la acción. Alejandro tiene la gran capacidad de poder crear un espacio que reconoces enseguida, en este caso, el claro de un bosque, pero que ves que es totalmente falso, artificial. Y los que vayan a ir a ver la función que dejen de leer esta respuesta y que pasen a la siguiente si no quieren perderse una sorpresa. Para los que no vayan a ir a verla les diré que la escenografía es toda ella en blanco y negro, pero tú no tienes esa sensación hasta el final, gracias a la iluminación (de Baltasar Patiño) y lo colorido del vestuario y de los objetos. Es una sensación que me gusta mucho. Tiene algo onírico.

-La música juega también un papel importante.

-La música es toda original de Fernando Velázquez. Y está muy presente en la función. Los veranos son muy musicales. Siempre hay una radio encendida, las verbenas, la música del coche…, y por supuesto hemos creado nuestra propia canción del verano.

-En su obra el sentido del humor resulta fundamental.

-Hay muchas cosas en esta vida que no tienen ninguna gracia, y no creo que debamos estar obligados a reírnos cuando las circunstancias no lo permiten. Ahora, el problema viene cuando la vida hace que se creen situaciones cómicas con cosas que a nosotros no nos hacen ninguna gracia en ese momento, pero que vistas de lejos, o con el paso del tiempo, nos permiten reírnos. A mí me interesa mucho ese problema. Creo que el objeto de nuestra risa, las razones por las que nos reímos, cómo nos reímos, y sobre todo cómo compartimos el sentido del humor con otros, son determinantes para saber quiénes somos y quiénes queremos ser. Para mí el humor es una herramienta de conocimiento. Reírse del propio dolor es muy difícil, pero mi experiencia me dice que es muy sanador. Eso no quiere decir que me ría de todo.

-Para la creación de cada una de las partes de la trilogía ha utilizado bastante Internet. ¿Qué le aporta la red como recurso creativo?

-Internet para mí es un gran juguete. Es una gran hemeroteca, una gran biblioteca, videoteca, también es un gran patio de vecinos, es un gran periódico, es un gran mercado, es un gran escaparate, es un gran diálogo de besugos, y un gran depósito de fotos, es un lugar erudito, y al mismo tiempo soez, bueno, no sé es un pequeño mundo de información que me lleva a lugares que yo no sabía que existían. Me lleva hacia maneras de pensar, hacia personas que yo no puedo imaginar. No es la vida, pero sí es una proyección de la vida. Es una gran creación colectiva de la humanidad, con todo lo bueno y lo malo. Internet a mí me dispara la imaginación. Me despierta los sueños. Y sobre todo me sirve para salvar la página en blanco, para empezar a escribir de cualquier cosa. Eso es muy importante.

-¿Cómo ve el panorama teatral en España? Parece que a pesar de la crisis y los problemas el público sigue llenando las salas...

-Creo que ahora el teatro español está recogiendo los frutos de todos los esfuerzos artísticos y económicos que se han realizado desde el inicio de la democracia y que han permitido avances muy importantes en la posición del teatro dentro de la sociedad española. De todas maneras es un equilibrio muy frágil, y muy delicado. No veo razones para echar las campanas al vuelo. La base del teatro español se sostiene sobre las giras que subvencionan los ayuntamientos, y la situación económica de los ayuntamientos está afectando también al teatro. También nos afecta la burbuja inmobiliaria. El público quiere pagar una entrada por ir al teatro porque los profesionales del teatro y las instituciones públicas han trabajado durante muchos años para crear un vínculo con ese público. Pero ese vínculo es delicado. Hay que cuidarlo y cultivarlo. Creo que sería un error histórico echar por la borda el trabajo de tantos años, y cuando vienen las crisis al primer sitio que se mira es a los presupuestos de cultura. Es una gran equivocación. La cultura es una gran generadora de riqueza. Un país con una cultura fuerte es un país que potencia la imaginación y la creatividad, que se atreve a plantearse los problemas de maneras diferentes, que no considera la cultura como algo decorativo. Pensar que la cultura es algo superfluo es una mentira.

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