La dulce ruptura del grabado

  • Pablo Pomar y Caridad Galindo, es decir, Pórfido, inauguran hoy en la sala Damajuana una colección de obras originales y mapas antiguos · 'Una propuesta miscelánea' que se podrá visitar hasta el 13 de junio

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Ponga un grabado en su vida. Una manera de "romper", un "contraste", un punto de fuga de todas las miradas. Desde el ambiente más clásico hasta el más minimalista, el grabado encuentra su sitio. Es un amor por el arte muy distinto. Lo saben bien Pablo Pomar y Caridad Galindo, o lo que es lo mismo, Pórfido, que hoy, a las 21 horas, inauguran en la sala Damajuana 'Una propuesta miscelánea', que se podrá visitar hasta el 13 de junio El objetivo de esta muestra es "ofrecer a Jerez una nueva visión de lo que es el grabado antiguo, que no está en esta ciudad demasiado visible porque no hay tiendas especializadas, y las galerías se dedican más al arte contemporáneo", comenta Pomar.

Las paredes de este espacio colgarán obras originales enmarcadas de forma "muy especial" con marcos antiguos, buscados a propósito para hacer redondo el trabajo. "Los grabados -asegura Pablo- están autentificados y los restauramos si es necesario, es decir, buscamos la historia de cada uno de ellos". Los grabados que se podrán ver desde hoy en Damajuana se centran en tres líneas principales que son: la arquitectura, la religión y la geográfica y vistas de ciudades. Así, la catedral de San Pedro de Roma, la toma de posesión del Papa en la romana San Juan de Letrán en el siglo XVIII, vistas de Jerez del XVI, de Conil, África, temas como toros, arquitecturas como Los Inválidos de París...

El precioso estudio de Pórfido recoge además un muestrario de marcos que aportan a los grabados el acabado perfecto. "Estamos recuperando técnicas antiguas de enmarcación con cartones con viseles dorados, lineados especiales, papeles de agua... Maneras olvidadas que estamos retomando, aunque sí es cierto que en ocasiones encarecen bastante", subraya Pomar. Sin embargo, es un arte para todos los bolsillos, con grabados que oscilan desde los 20 euros hasta los 2.000, tratados como lo que son, reliquias, que no son reproducciones.

Una plancha metálica de cobre, arañada con un buril, es entintada, un tórculo prensa el papel que se coloca encima, y así un número relativo de veces. Es un grabado. "Si se hicieron 1.000 en una obra del siglo XIX, en el que las planchas eran de acero, es decir, más resistentes, hace que hasta nuestros días sobrevivan más trabajos y sean más económicos que otros, por ejemplo, los del XVIII, con menos reproducciones", comenta Pablo, que añade que los grabados se encarecen también "dependiendo del lugar en el que se vendan, es decir, una vista de Sevilla será más cara en Sevilla que en Colonia. Nosotros compramos especialmente en el extranjero, o adquirimos lotes, casas que tenían importantes colecciones que deciden vender... Así va funcionando el mercado".

"Cuando empezamos la empresa -dice Pomar-, hace 3 años, había muchísima gente que no había tratado el tema del grabado. Desde que hicimos la primera exposición, en González Byass, muchas de las personas que se acercaron titubeantes ahora son clientes fijos. Se ilusionan porque han conocido una manera nueva de invertir en arte, de tener antigüedades sin arruinarse. Lo que tenemos aquí nunca va a valer menos de lo que cuesta ahora".

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