El escribiente se hace escritor

  • Expectación. Manuel Olivencia presentó en la Academia de Buenas Letras el libro 'La soldada rasa', un centenar largo de artículos escritos por el notario Pablo Gutiérrez-Alviz

De chico, Pablo Gutiérrez-Alviz y Conradi (Sevilla, 1959) soñaba con ser futbolista, torero o escritor. "Me faltaba velocidad para el regate, me sobraba para salir corriendo delante de los toros y terminé en la escritura, pero la escritura pública de las notarías". Con regates en la forma y verónicas en el fondo, el notario llenó el salón de actos de la Academia de Buenas Letras, la misma que dirigió su padre, Faustino Gutiérrez-Alviz, en la presentación del libro La soldada rasa (Páginas del Sur), con el patrocinio de la Fundación Unicaja y el Grupo Joly, en cuyos periódicos publicó el centenar largo de artículos ahora recopilados.

Pablo Gutiérrez-Alviz nació el año que llegó Eisenhower a España, Bahamontes ganó el Tour de Francia y Severo Ochoa el Nobel de Medicina. Llegó al mundo cuando el mundo empezaba a entrar a España. Pocos autores pueden presumir de una nómina de prologuistas tan cualificada. Rogelio Reyes le prologó Un patinete de lujo; Antonio Burgos, Cariño, quítate la corbata. Los dos, académicos de Buenas Letras, asistieron a la presentación que de La soldada rasa hizo el tercer prologuista, Manuel Olivencia.

El acto tuvo lugar en la Academia que dirigió su padre, Faustino Gutiérrez-Alviz "Es una sátira contra el lenguaje no sexista que quieren imponer con normas" (Olivencia)

Rafael Valencia, director de la Academia de Buenas Letras, no entiende que Manuel Olivencia no ocupe un sillón en la Real Academia de la Lengua. "No necesito ningún sillón en Madrid, porque ya lo tengo en la Academia de Jurisprudencia en la que acabo de estar para presentar el Diccionario Jurídico".

Presentar un libro no es leer un prólogo, dejó bien claro Olivencia. El primero es una pieza oral, en la categoría de los pregones, lo que se anuncia en la calle, "cada vez más en desuso", y que al decir de Marcel Proust le da a lo anunciado un marchamo de autenticidad, de valor añadido dicen los cursis. El prólogo es una pieza escrita con el producto ya terminado "se puede tocar, se puede leer". "El prólogo es un género literario", reiteró Olivencia, que recibirá el premio Manuel Clavero que conceden Diario de Sevilla y la Fundación Persán.

Dos generaciones de artistas plásticos le dan categoría a La soldada rasa. La portada y algunas de las ilustraciones que acompañan a los artículos son de Dani Rosell; la contraportada, es una obra de Manuel Salinas. Ambos presentes en el acto.

Sólo por la lectura de La soldada rasa que da título a la obra estaría justificada la lectura y, obviamente, la adquisición del libro. "Una sátira del lenguaje no sexista que con la imposición de una serie de normas jurídicas ataca a la riqueza del lenguaje", en palabras de Olivencia. A la recluta le correspondería el recluto. La soldada, argumenta el autor, es "salario o sueldo" y la quinta una casa de campo y a secas el fino de Osborne. La caba, femenino políticamente correcto del cabo, es "en el Quijote, mala mujer cristiana que trajo a los moros a la Península". Del cabo a Gabo, Gutiérrez-Alviz recuerda que "el coronel no tiene quien le escriba y la coronela es la leche entera que hemos tomado generaciones de sevillanos". Los derivados femeninos del comandante sorprenderían al mismísimo Che Guevara: "La comandita es un tipo de sociedad mercantil y la comanda un pedido u orden de menú". Sus dardos se dirigen al "camelo de la nueva cocina" -"gastrosadismo y gastromasoquismo"- y los nacionalismos y el camelo de la nueva política.

Olivencia inicia su prólogo con una cita del prólogo que Joaquín Garrigues escribió a sus Dictámenes de Derecho Mercantil. Decía de los juristas que aunque vivían "de las palabras dichas o escritas, no somos escritores, porque no buscamos la belleza literaria, sino escribientes que usamos la palabra como herramienta del oficio". Pero Pablo Gutiérrez-Alviz ha conseguido con La soldada rasa, entre los méritos señalados por su prologuista y presentador, "un libro bien escrito; un libro divertido en el sentido etimológico de la palabra, el agua que se sale del cauce normal, lo hace por diversión y para divertir al lector; y un libro costumbrista".

Gutiérrez-Alviz se encontraba como en su casa. "De niño viví la época en la que mi padre fue director de esta casa y trasladó la Academia de Buenas Letras desde los bajos del Museo de Bellas Artes a la casa de los Pinelo". En la sala donde presentó su libro hay un retrato de Faustino Gutiérrez-Alviz, justo encima del de Rogelio Reyes, el prologuista de Un patinete de lujo.

Es un escritor imparcial que critica en el mismo artículo a Juan Manuel Moreno Bonilla y a Leire Pajín y Bibiana Aído, zapateras prodigiosas. Que provoca la sonrisa e incluso la carcajada cuando cuenta la invitación para pronunciar una charla sobre ornitología, historia que recuerda a aquel agropecuario personaje de la novela de Evelyn Waugh ¡Noticia Bomba! que es enviado por error a cubrir como corresponsal una guerra en África.

José Joly, presidente del Grupo Joly, y Braulio Medel, de la Fundación Unicaja, ponderaron los méritos del autor. En el caso del primero, les une una amistad de más de treinta años, saldada con sus colaboraciones en los rotativos de este grupo periodístico que nació en el Diario de Cádiz. Medel citó a Manuel Alcántara, decano de los articulistas de la prensa, y dijo que "en nuestra tierra destacar no es fácil".

Pablo Gutiérrez-Alviz siempre tuvo claro que no había que confundir "cultura con tristeza ni trascendencia con aburrimiento". No quiere aburrir al lector ni tampoco a quienes acuden a la presentación de uno de sus libros. Al auditorio le alegró la tarde con divertidas disquisiciones sobre las nuevas tendencias en los nombres de pila y la extrapolación laicista de bautizos, comuniones y bodas. "Los sacramentos se han convertido en laicamentos para celebrar civilmente comuniones, confirmaciones y hasta la ordenación sacerdotal". En su notaría ha de dar fe de tantas cosas y casas como fedatario público que podría encontrar materia prima para otra trilogía de libros sin quitarse la corbata ni la toga.

Ha dividido el libro en artículos indeterminados, donde integra más de un centenar, con una habilidad portentosa para enganchar al lector con sus títulos; artículos sobre el espía Putin, del que contó un episodio sazonado con la boda de una dama de alta alcurnia con un estibador, un gremio casi hereditario que lleva en el oficio "desde el descubrimiento de América"; y finalmente artículos con toga. Cosa que celebra Manuel Olivencia. "El Derecho no sólo hay que enseñarlo ex cátedra, sino también difundirlo en los periódicos".

En la presentación estuvieron presentes su esposa, Concha Velasco, la misma que en tiempos de soltería le sugirió que opositara a notarías, y sus hijos Pablo, Carmen y Gonzalo. El autor de La soldada rasa ha ejercido su oficio de notario en cuatro destinos andaluces -Alameda, en Málaga, Utrera, Sevilla y Cádiz- y un bienio en Barcelona. "Fue muy enriquecedor pasar del ambiente rural de Utrera, donde me aficioné al flamenco, a una ciudad como Barcelona".

Maneja Gutiérrez-Alviz un sentido del humor y una fina ironía que, según Olivencia, "denota que ha leído a los clásicos". "Está feo presumir, pero yo he leído cuatro veces el Quijote. La primera, a una edad impropia; la segunda, en la mili, que hice entre San Fernando y la Torre del Oro". Cada diez años suele leerlo, "creo que ya me toca". Su debilidad contemporánea se llama Eduardo Mendoza y su maestro en el género del artículo Antonio Burgos. Lo efímero trascendente. Del oficio de Joaquín Costa, Blas Infante o Juan Díaz del Moral, o Salvador Espriu, que desertó de la notaría paterna, en la trayectoria de Pablo Gutiérrez-Alviz está presentar el tercer libro de Eleuterio Sánchez, el Lute. "Lo conocí en el palacio de la Magdalena, él como ponente y yo de alumno".

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