"Cuando estalle la paz"

  • Hoy se cumplen 70 años de la muerte en Londres de Chaves Nogales Su biógrafa evoca los últimos días del sevillano en su exilio londinense

Tenía 47 años y vivía el exilio en Inglaterra, como antes lo había vivido en Francia, arrastrado por el vendaval de la Guerra Civil española y los vaivenes de la inestabilidad europea, "a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos, el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia". Londres estaba ocupado por riadas de exiliados de todos los totalitarismos que asolaban Europa: alemanes, franceses, austríacos, españoles unidos por una común creencia en la democracia.

Pero Chaves no era un derrotado; su ánimo optimista y especialmente comprometido con la parte positiva del ser humano o tal vez aquellos principios masónicos a los que juró fidelidad en 1927 le llevaban a confiar en sus fuerzas, conocedor de los propios límites, consciente de que "hoy en Gran Bretaña nadie cree en ningún redentor". "Pero todo el mundo -escribió- cree más que nunca en sí mismo. Esto es, quizás, lo mejor que la guerra va a dejarnos. La esperanza más firme que tenemos para cuando estalle la paz". Lo cierto es que precisamente en las duras condiciones de ese exilio inglés encontró el camino que le permitió completar profesionalmente su vida. En ese momento y en un Londres sometido a los bombardeos continuos, en una ciudad en sombras ("la oscuridad forzada es una de las mayores torturas de esta guerra"), Chaves Nogales trabaja sin descanso, sin abandonar su puesto a pesar de las advertencias de las sirenas, confiado en que el hormigón resistirá a las bombas.

Es un republicano español que ha dejado atrás a su familia, esposa y cuatro hijos (a la cuarta nunca la conoció), para ir a Inglaterra a refugiarse en el último reducto de la libertad, donde todavía se confía en la democracia y el parlamentarismo y donde el liberalismo se ve como último espacio ideológico por el que se podría transitar en una Europa masacrada por los conflictos. Dirige una agencia de noticias que lleva la voz de Gran Bretaña a toda América Latina. Los periódicos transportan el mensaje de defensa de los ideales democráticos como única fórmula de convivencia; ideales que rechazan tanto los nacionalismos ("los fascismos son los nacionalismos exacerbados"), como los totalitarismos ("Hitler y Stalin son la misma cosa").

Su agencia, la Atlantic Pacific Press, es junto a la BBC la casa de América en Londres. "Nuestra oficina londinense ha sido instalada en el corazón de la City, en esta famosa calle de los periódicos, Fleet Street, donde centenares de rotativas escupen día y noche millones de ejemplares y donde jamás se interrumpe el ajetreo febril de las cien agencias de información inglesas y extranjeras, Reuters, United Press, Tass, Agence Française Independente, etcétera, cuyas vastas redes de comunicación, que las mantienen en contacto con los rincones más apartados del globo, forman aquí una maraña inextricable, una especie de gran centro nervioso o bulbo raquídeo del mundo desde el que se rigen los movimientos reflejos de toda la tierra". Como filial de Reuters, cuenta con el apoyo del recién creado Ministerio de Información, que ha seleccionado a periodistas europeos, Chaves entre ellos, para que lleven a cabo la labor de divulgación en los países de habla hispana de la apuesta de Inglaterra por la defensa de las libertades.

En la Atlantic Pacific trabajan exiliados españoles. Reuniones de alto nivel se concretan en ella, o también en el Reform Club, lugar de encuentro de los liberales londinenses, donde Chaves se cita con embajadores, incluso presidentes de repúblicas sudamericanas, para los que elabora textos de discursos y a quienes facilita relaciones en Londres. Estos diplomáticos intermedian para cobrar los artículos que han aparecido en periódicos de aquellas latitudes y que permitirán un respiro económico a los exiliados (no sólo autores españoles, André Gide, Jules Romains), a los que Chaves publica trabajos. Salvador de Madariaga, Jiménez de Asúa, Carles Pi i Sunyer, Luis Araquistáin, son contratados por Chaves, como antes hizo en España con Unamuno, Baroja, Gómez de la Serna, Valle Inclán... Incluso Luis Cernuda negocia y publica allí un texto sobre Gregorio Prieto.

Se trabaja duramente en aquella empresa y se empieza a vislumbrar el reconocimiento. Periódicos ingleses y de toda Sudamérica, desde Chile a México, incluso norteamericanos, publican artículos gestionados por la Atlantic Pacific, que forma equipo con tantas otras agencias en el Londres asediado. Cuando cae la tarde y todos los habitantes de la ciudad marchan a sus casas, en las agencias de Fleet Street se percibe el martilleo monótono de las máquinas de escribir y "el zumbido sordo, subterráneo, de las cien rotativas que van vomitando los millones de ejemplares que centenares de camiones llevan a los trenes de prensa para que mañana a las ocho cada inglés tenga su periódico junto con el breakfast".

Pero Manuel ha tenido un accidente de tráfico a finales de 1943 y su salud se complica con problemas intestinales a los que no da importancia. Adelgaza y se deteriora; en marzo va a Gales en busca de reposo y tranquilidad. El viaje no le hace mejorar y su ritmo de trabajo no baja. Por fin, a primeros de mayo es intervenido de una peritonitis en un hospital de Chelsea y muere tras salir de la operación, de manera inesperada. Le acompañan en el momento de la muerte el periodista Antonio Soto y Frances Kaye, secretaria de la Atlantic Pacific. "Tanto luchar toda mi vida por la democracia y ahora voy a morirme sin ver su triunfo", dice Soto que le comentó en aquellas escasas horas en que, tras la operación, Manuel pudo enfrentarse con su propia realidad. Era el 8 de mayo de 1944.

Meses antes de morir había escrito: "Londres es, cada día más, el centro nervioso más importante del mundo. En los tiempos que vienen, tanto en la consecución de la victoria como en el alumbramiento del mundo nuevo que habrá de resonar en todas partes, y desde esta antena de Fleet Street, nos proponemos captarla y retransmitirla limpia y directamente". Pocos días después de la muerte, el 6 de junio de 1944, soldados americanos a los que había entrevistado intervienen en el desembarco de Normandía, con lo que comienza la liberación del dominio nazi y el triunfo de los aliados.

Pero Chaves no pudo cumplir su deseo. Ya no estaba allí para contarlo.

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