Un estudio sitúa en el periodo Barroco los orígenes del flamenco

  • Antonio y David Hurtado sostienen en 'La llave de la música flamenca' que el germen de ésta apareció en 1600, fruto de la mezcla del mundo afrocubano y un sustrato árabe de la cultura popular andaluza

¿En qué momento, por qué, dónde nace una música? El ejercicio, una búsqueda a veces envuelta en encendidos alquimismos, ha estimulado desde la antigüedad la curiosidad de investigadores y aficionados por igual. El terreno llega a ser particularmente resbaladizo si se trata de averiguar los orígenes del flamenco. Ahí se ubican los sevillanos David y Antonio Hurtado, hermanos y profesores de composición y piano que en La llave de la música flamenca proponen una "descripción histórica" del nacimiento del flamenco "alejada de las mitologías al uso".

Su tesis es la siguiente: el germen del flamenco surgió cuando empezaba a florecer el Barroco. Antes, dicen, no hay "un solo rastro" que remita al flamenco, o sea que nada tiene éste de "milenario" o "ancestral". Desde 1600 se mezclaron aquí "nuevos aires" del mundo afrocubano (fruto de los viajes transoceánicos, ya normalizados) con sustratos populares andaluces, procedentes en parte de la cultura árabe. Esos "nuevos aires" y este sustrato fueron reelaborados por intérpretes "profesionales o especializados" y gran parte de ese sonido, que llaman "preflamenco", se incorporó al repertorio de la música antigua.

"Piezas fundamentales" como la zarabanda, la chacona, la jácara, el fandango, el cumbé y el zarambeque, explican, llegaron de ultramar mucho antes de que los llamados cantes de ida y vuelta se asumieran como palos flamencos. Entre éstos, las guajiras o las rumbas, dicen, heredaron la "base rítmico-armónica" de los primeros.

El libro, financiado por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, será editado en español e inglés por Signatura. Estará terminado, dicen, "antes del verano". Por ahora no hay fecha prevista para su publicación, aunque por "razones estratégicas" barajan que vea la luz en paralelo a la celebración de la Bienal de Flamenco, cuya inauguración está prevista para el próximo 10 de septiembre.

El volumen incluirá un disco con una antología de "músicas preflamencas" -de entre 1690 y 1892-, algunas de cuyas piezas han sido grabadas "por primera vez", interpretadas por los Hurtado con instrumentos de música barroca. De su escucha, aseguran, puede "deducirse, incluso por alguien no muy entendido en música, que muestran de forma reconocible y evidente acordes, giros y ritmos flamencos".

Por ejemplo, hay una jácara de Antonio de Santa Cruz (de alrededor de 1692) en la que se aprecia "un ritmo y una armonía (unos acordes) propios de la seguirilla actual". Incluyen una tonadilla compuesta por Tomás de Abril en 1799, La anónima, en la que "aparece por primera vez la palabra tango" y que demuestra, según los autores, que "la seguidilla no tiene nada que ver con la seguirilla y que la tonadilla no tiene una influencia ni parentesco directo con el flamenco". Hay otra pieza, un fandango de 1730 de Santiago de Murcia, "muy famoso entre guitarristas barrocos", que por su "armonía y su ritmo básico" dio lugar a lo que más tarde se conocería como soleá; es decir, para los Hurtado la soleá no sólo "no es un cante del tronco", sino que es "al contrario", pues "se desgajó" de la estructura del fandango. Otra canción, La caracolera, de 1870, ilustra otra de sus tesis sobre la génesis de los cantes flamencos: "Muchos nacían como una reelaboración de canciones populares, reinterpretaciones a su vez de tonadillas, óperas, zarzuelas o cantos callejeros de la época". Así ocurre, explican, con La caracolera, una canción que se usaba como reclamo comercial para vender caracoles por la calle, buena parte de cuyo texto es "igual" que el que se puede escuchar en un palo en la década de 1920, el cante por caracoles.

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