Cuando todo es mucho más fácil

Cuando todo es mucho más fácil Cuando todo es mucho más fácil

Cuando todo es mucho más fácil

El mundo del arte en general y el de la pintura en particular presenta muchos desajustes que inciden, de manera determinante, en el desapego que existe de gran parte de la ciudadanía hacia los planteamientos artísticos contemporáneos. Falta de criterios unánimes, lo que se argumenta, para algunos, como realizaciones superiores se ven disminuidos considerablemente para otros; demasiadas posiciones igualatorias, con todo parecido a todo; esa falta absoluta de personalidad que aqueja a la pintura contemporánea; evidentes fantasmadas - que son las que hacen esos fantasmas que tanto abundan en la creación -; admisiones de obras supervaloradas de forma gratuita sin poco fundamento; consideraciones artísticas espurias en nombre de una mal entendida modernidad y, así, una serie de planteamientos esquivos que hacen que exista un claro rechazo, por parte de una gran mayoría, hacia lo moderno. Y a todo esto hay que sumar que a la creación contemporánea se le quiere dotar de un espíritu elitista, de gran complejidad y poca frescura, cosa que nada aporta a una realidad que necesita mucha cercanía y, sobre todo, festivos planteamientos para conseguir romper esa manifiesta deserción que existe hacia la creación más inmediata. Por eso cuando nos encontramos con una muestra como la presente, se abren muchos horizontes y se clarifica una realidad artística que tiene las formas mucho más fáciles que las que se empeñan en hacernos ver.

Antonio Sánchez Temblador no es un pintor nuevo en los circuitos; lo hemos visto en varias comparecencias y fue artista de los que ocuparon los espacios expositivos de ARTEADIARIO. En todas sus actuaciones nos ha ofrecido una pintura cercana, fresca, juiciosa y abiertamente festiva y, además, sin excesos compositivos, conceptuales ni dialécticos. Ahora, en la sala de la Torre de Guzmán, en plena vorágine veraniega conileña nos presenta una exposición que ya, desde el título, "Simios, personas y un conjunto pop", crea la mayor expectación.

ANTONIO S. TEMBLADORSala de la Torre de GuzmánCONIL

Los que vayan buscando una exposición de pintura al uso, con los argumentos plásticos y estéticos habituales, con los postulados técnicos de un realismo efectista y con las posiciones de una creación exacta, imitativa y una representación ilustradora exclusivamente de lo real, que pasen de largo de la sala. Nada de esto existe en la pintura de Antonio Sánchez Temblador. Eso lo dan, más o menos convincente, los que tratan a la pintura con los recursos inamovibles de lo meramente imitativo. El artista jerezano ofrece mucho más. Abre las perspectivas de la representación, pinta una realidad que manifiesta sólo mediatas posiciones, suspende el hilo conductor con los postulados de la pintura tradicional y deja constancia de un universo a contracorriente, de una sociedad con muchas situaciones surrealistas, de una humanidad que él hace festiva a pesar de la losa social que soporta.

Plásticamente la obra promueve el espíritu de una figuración moderna, con los perfiles concretos diluidos en un poderoso expresionismo que acentúa esa dimensión representativa y potencia el concepto ilustrado. Pero la pintura de este artista promueve una realidad que atrapa porque la encontramos tremendamente cercana. Por sus cuadros pasa una entrañable sociedad que va desde aquellos emigrantes de los años sesenta, con su emotiva carga de tristeza y su ansia de esperanza y de bienestar - "La Partida", "Abuelos", "Parrino", "Mujeres sentadas" - hasta personajes de esta sociedad actual con tantas limitaciones - "Observando el mundo", "Niña con abrigo y ramito", "Susana y los viejos", "El Diógenes de la calle Zaragoza", "El bisnieto de la estirpe de los Valdez-Romerales ve la vida desde su balcón", "La importancia del aire acondicionado" -. Junto a ellos una colección de monos que dejan entrever mucho que más que su propia dimensión animal; además una serie de obras de muy dispar naturaleza significativa -"Gibraltar español", "Balcón rojo", El tío del altavoz" y su contrapunto, "Señor con megáfono", "Arrepentimiento o Josep Beuys", Vetusta Merlo" - que atrapan la mirada y levantan una sonrisa cómplice.

De nuevo, Antonio Sánchez Temblador nos convence por su pintura distinta, sin complejos, festiva, lleno de frescura y sin ataduras ni restricciones de ningún tipo. Una pintura que no deja indiferente y nos ofrece un capítulo muy a contra estilo de esos habituales registros pictóricos llenos de elitismo, complejidades y tonterías. Este artista nos indica que todo es mucho más fácil.

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