La ciudad de la historia

El jerez andalusí, a debate

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BRILLANTES han sido las recientes jornadas sobre el Jerez andalusí, celebradas días pasados en el salón del Consejo Regulador, organizadas por el Centro de Estudios Históricos Jerezanos junto con el Centro de Profesores de Jerez y con la estimable colaboración del Consejo Regulador del Vino de Jerez. Como viene siendo habitual, estas jornadas han acrecentado el problema que plantea la continuidad del doblamiento en la zona de Jerez. De nuevo, más que evidencias históricas surgen nuevos misterios por resolver, nuevas hipótesis, nuevos planteamientos de investigación.

Como viene siendo habitual, la arqueología no se encuentra en consonancia con las fuentes escritas. Como quedó claro por los diversos ponentes, las fuentes árabes hablan de la existencia de una importante Sharish islámica al menos desde el siglo IX. De ella, como matizó el investigador Miguel Ángel Borrego, se citan en las fuentes islámicas consultadas a jerezanos relevantes: poetas, médicos, personalidades religiosas…

El profesor Lirola Delgado acentuó las causas de la meteórica arabización e islamización de la Península Ibérica. El profesor Juan Abellán aclaró las ricas fuentes que sirven a los historiadores para estudiar las relaciones en la frontera con el reino nazarí (donde se encontraba Jerez) aclarando que no todo fueron acontecimientos bélicos, sino que hubo prósperos intercambios comerciales y culturales a ambos lado de la frontera. Virgilio Martínez Enamorado planteó en una idea original la escasez de poblamiento en el sur de la Península Ibérica, pues no aparecen apenas restos arqueológicos de épocas emiral, califal y taifa. Plantea la casi total ruralización de la población islámica en pequeñas villas o alquerías. Considera el extraordinario desarrollo urbano del siglo XII con los almohades como un proceso paralelo con el desarrollo urbano que se desarrolla en Europa en los mismos años.

Por otro lado, las jornadas pusieron en evidencia algunos mitos que plantea la cultura islámica de Al Andalus en la zona: la dificultad de encontrar un espacio definido de la batalla del Guadalete (La Janda, La Ina, Cortijo de Casablanca, Laguna de Medina), remarcando Agustín García Lázaro que dicha batalla, más que un acontecimiento bélico, representa un claro choque de civilizaciones; la importancia de la Cora de Sidonia como configuración del estado islámico en la zona, la dificultad de delimitar sus fronteras, la ubicación de su capital así como los cambios de capitalidad (Medina Sidonia, Sidueña-Doña Blanca, Calsena, Jerez).

El arqueólogo Laureano Aguilar profundizó en la importancia geográfica de la actual Jerez, en alto, rodeada y atravesada de arroyos naturales, con abundancia de pozos de agua potable. Reseñó la escasez de restos anteriores al siglo XI, apenas algunos restos, aunque importantes, de cerámica califal y taifa, sin encontrarse estructuras de habitación, que ponen en duda la existencia de una gran ciudad islámica anterior al siglo XI.

De nuevo, la historia en la zona vuelve a chocar con las fuentes escritas. La arqueología, que encuentra poco y excava menos (no por falta de interés, sino por falta de presupuesto) se muestra como el saber científico que refuta o no las fuentes escritas.

Como ocurrió en las anteriores jornadas dedicadas al mundo romano, la continuidad del poblamiento en la zona de Jerez no encuentra en la arqueología una refutación científica. No se sabe dónde estuvo la Ceret romana (algunos plantean incluso que no existió) y se cuestiona que la Sharish islámica, nombrada en las fuentes árabes desde el siglo IX, sea la actual Jerez. Son ya cientos de voces las que exigen de las administraciones excavaciones importantes en dos zonas de poblamiento continuado que quizá tengan la clave del poblamiento en la zona: Mesas de Asta (Hasta Regia,) y Gibalbín (quizá Ceret), ambas con restos de un poblamiento continuado desde el neolítico a la época almohade. También Calsena (Junta de los Ríos) es un yacimiento clave para la mayor comprensión de la importancia de la Cora de Sidonia.

Mientras la arqueología no aborde extensamente y con rigor estos yacimientos, los historiadores de la zona para las etapas prehistórica, antigua y medieval seguirán ciegos. Y cada cual seguirá contando la historia que más le convenza.

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