Aquí, junto al agua

 DEBO reconocer que los libros de fotografía son mi perdición. Pero si además obedecen al trabajo constante de más de dieciocho años de un fotógrafo de la calidad de Rafael Trobat, todo cobra una dimensión especial.

El pasado martes el miembro de la Agrupación Fotográfica San Dionisio Cándido Roldán realizó un análisis del libro de Rafael Trobat, ‘Aquí, junto al agua. Nicaragua’. Que es el fruto de casi dos décadas fotografiando la vida y las personas en el país centroamericano, al que el autor cordobés está muy vinculado por su esposa e hija. El acto tuvo lugar en la sede de dicha Agrupación en la barriada de La Plata.

Rafael Trobat (Córdoba 1965) es licenciado y doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, en la que actualmente imparte clases. Desde 1990, y durante más de quince años, trabajó como asistente con Cristina García Rodero. Realizando en paralelo trabajos fotográficos encargados por prestigiosos medios de comunicación e instituciones españolas y europeas.

‘Aquí, junto al agua’, uno de los posibles significados del nombre del país en la lengua indígena náhuatl, hace referencia a la importancia del agua en la geografía, la cultura y la identidad nicaragüenses. Editado por Lunwerg Editores en colaboración con el Centro Andaluz de la Fotografía, ha servido de acompañamiento a la exposición que lleva el mismo nombre.

Ciento sesenta imágenes en un blanco y negro tradicional de gran calidad cuya principal diferencia radica en el nivel de implicación e intimidad que el fotógrafo ha conseguido con las personas y los ambientes que retrata. Integrarse con ellos durante muchos años le ha permitido acceder a situaciones donde otros no podrían hacerlo, integrándose como uno más de ellos, pero manteniendo a la vez la mirada crítica del extranjero cuyas raíces beben de otra cultura.

Sin duda, el trabajo de Trobat se impregna de la obra de García Rodero, pero también de los grandes fotógrafos del reportaje humano como Koudelka, Bresson o Salgado. Otorgándole a su obra un cierto carácter atemporal, o de viaje de ida y vuelta en el tiempo y en el espacio, que nos traslada a otros mundos, otras culturas y otras sociedades con una magia especial, como es el caso de Nicaragua.

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