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La magia dentro del amor

  • Guy Pearce y Catherine Zeta-Jones protagonizan esta historia donde se recupera la figura del gran escapista Harry Houdini que se enamora de la galesa

El estreno hoy de El último gran mago prolonga la racha de profesionales de la ilusión que poblaron las carteleras hace poco más de un año. Los maestros del Nada por aquí, nada por allí se vieron reflejados en dos películas muy disímiles. El ilusionista, un drama romántico al viejo estilo con detalles mortuorios que lo estropeaban todo al final con un desenlace tramposo. Y El truco final, que adaptaba la inquietante novela del no menos inquietante Christopher Priest, sobre la rivalidad de dos magos en la Inglaterra victoriana. A ellas dos se une desde hoy El último gran mago, que parece seguir algunas de las constantes de sus antecesores.

Para empezar, está ambientada en 1926, con lo que se mantiene la reconstrucción de época. También tiene su punto sobrenatural, aunque en este caso más tramposo al haber profesionales del timo con el más allá. Pero en lo que innova respecto a las otras dos es en presentar como protagonista a un mago real, Harry Houdini, el genio del ilusionismo que revolucionó el género. Este húngaro judío emigrado a Estados Unidos conmovió a la sociedad de su época con sus espectáculos de escapismo, donde se desataba y salía indemne de baúles, jaulas y urnas con agua. Su perfeccionismo le costó la vida en una de sus funciones. En los años 50, Tony Curtis le dio vida en una biografía filmada. El gran Harvey Keitel también lo interpretó en el film Cuento de hadas de 1997.

En lo que sí continúa El último gran mago lo que le han marcado El truco final y El ilusionista es en el gran reparto que presenta. Guy Pearce, uno de los australianos que saltó a la fama con L.A. Confidential, es Harry Houdini. Y Catherine Zeta-Jones en un nuevo papel tras su regreso con Sin reservas hace unos meses. Precisamente, en este film tiene una hija de ficción, Saroise Ronan, la niña que consiguió una candidatura al Oscar por Expiación. Dirige la australiana Gilliam Armstrong, conocida por su versión de Mujercitas y por su drama de espionaje Charlotte Gray. Lo curioso es que mientras los guionistas, Tony Grisoni y Brian Ward, escribían la historia, no tenían en mente el personaje de Houdini. La historia se centraba en el personaje de Zeta-Jones y su hija, ambas dos mujeres que se ganan la vida con un fraudulento espectáculo de médiums. Otro detalle particular es que el productor americano del film conoció el guión hace dos años, pero en aquel momento se planteaba como una película de bajo presupuesto, así que lo descartó. Pero el proyecto independiente no cuajó y le llegó de rebote de nuevo, con lo que ya pudo afrontarlo.

La trama nos presenta a un deprimido Houdini en los años 20, cuando llega a Edimburgo en el marco de su gira mundial. El éxito que está consiguiendo se ve empañado por la reciente muerte de su madre. Obsesionado con el tema, ofrece una recompensa de 10.000 dólares al médium que consiga hablar con ella en el más allá y le diga sus últimas palabras. Esta generosa oferta es oída por una mujer que se gana la vida con su hija en un teatro de variedades estafando al público. Decide intentarlo, pero lo que no imagina es que se enamorará del legendario mago. Tendrá en contra al fiel representante de Houdini, que se huele que es una timadora. Este personaje está encarnado por Timothy Spall, convertido en uno de los grandes secundarios.

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