"Es en los papeles femeninos cuando me libero totalmente, pierdo el freno"

  • El artista cordobés regresa a las tablas del Teatro Villamarta, hoy, a las 20,30 horas, con 'Mujeres de Shakespeare', una obra con mensaje social que ha sido para el propio productor todo un "redescubrimiento"

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Ha cumplido 40 años sobre los escenario, pero Rafael Álvarez 'El Brujo' no se aburre. Cada día para este cordobés es diferente, lleno de aventuras, las que trae el teatro, la televisión, y el cine, "y la propia vida", actividades que compagina desde 1986. En 1995 fundó, junto a María José Norte, su propia productora, Producciones El Brujo, S.L. dedicada a la distribución y la producción de teatro y audiovisuales. El autor visita de nuevo las tablas del Villamarta, a las que se ha subido en numerosas ocasiones, "y es que actuar en Jerez es una fiesta, una locura, porque me hacen palmas por bulerías cuando acaba la función". Hoy, a las 20,30 horas, lo hará con la obra 'Mujeres de Shakespeare', recomendada para el fomento de la igualdad de género y en la que Álvarez ha redescubierto al escritor inglés. Galardonado en 2002 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el polifacético Brujo acerca al público, y a sí mismo, un 'nuevo' Shakespeare a través de los papeles femeninos.

-¿Qué es 'Mujeres de Shakespeare'?

-Es un espectáculo hecho a partir de la lectura de un libro, no a partir de un libro que yo haya plagiado, sino que me inspiró el escritor norteamericano Harold Bloom, y su obra 'Shakespeare, la invención de lo humano'. Me llevé la obra de vacaciones al Caribe hace dos años y leyendo, leyendo, leyendo vi que las mujeres de Shakespeare son más interesantes que los hombres de Shakespeare, que son todos muy muermos. Todas ellas son brillantes, magnéticas, inteligentes, carismáticas y tienen una capacidad de comprensión emocional por encima de sus amantes, pretendientes, parejas, esposos... Entonces decidí hacer un espectáculo sobre las mujeres de Shakespeare para ir a Jerez, entre otros sitios.

-Entonces ha redescubierto a Shakespeare...

-Sí, porque mi conocimiento del autor inglés no era, sinceramente, muy exhaustivo, al margen de las lecturas de las tragedias. Pero las comedias las desconocía, las he visto representadas, pero no todas. Volví a leer a Shakespeare después de haber leído a Bloom y he visto cosas en las que antes no hubiera reparado, sobre todo, mucho sentido del humor fino e ironía.

-¿Cómo ha sido la selección de las mujeres?

-No podían estar todas porque el espectáculo hubiese sido excesivamente largo. He cogido las más significativas y que tienen un carácter más potente y se prestan mejor a hacer un discurso actual sobre el tema de la mujer, en comparación con el XVII. He escogido a Rosalinda ('Como Gustéis' y 'Trabajos de amor perdidos'), Beatriz ('Muchos ruido y pocas nueces') y Catalina ('La fierecilla domada'), comedia que se presta mucho a la polémica de machismo y feminismo y ese tipo de conflictos, y esto podría ser actual, visto con humor. He hecho un análisis del papel de la Fierecilla en relación a las pautas de dominación machista y feminista, con humor y sorna.

-Además de mostrar al público un Shakespeare diferente, también la obra tiene un objetivo social.

-Sí, el objetivo social de ilustrar y arrojar luz sobre una serie de temas, divertir y hacer reflexionar sobre la utilidad pedagógica del teatro. Porque acabar con la discriminación es cuestión de cultura, sencillamente. Incluso las propias mujeres que no tienen mucha cultura se prestan a esa discriminación y forman parte de ella y la fomentan. Y los hombres que tienen una mayor liberación y cultura no tienen ninguna necesidad de competir con una mujer, ni de dominarlas. Esperemos que poco a poco la humanidad vaya deshaciéndose del lastre.

-Usted ha comentado alguna vez que con esta obra, Shakespeare le acompaña en el escenario.

-Sí, lo dije en Zaragoza, porque me preguntaron si no tenía miedo a Shakespeare, en el sentido en que había muchos eruditos que lo habían estudiado. Y dije que no porque yo cojo de él lo que tiene que coger un cómico, no un estudioso. Yo me quedo con la pasión del descubrimiento de lo que es mágico. Y por eso me acompaña en el escenario esa pasión por el descubrimiento.

-¿Es más difícil meterse en un papel femenino que masculino?

-Los papeles de mujer son mucho más interesantes. Es muy divertido para un hombre meterse en el papel femenino. Yo los hago en plan parodia porque son fragmentos en los que lo importante es que yo expongo, comento. Realmente mi papel en el espectáculo es como el de un profesor que explica a Shakespeare en las comedias y en los papeles femeninos de las comedias. Es un profesor un poco loco. Y explicando a Shakespeare pues hago los roles masculinos y los femeninos, pero donde realmente pierdo el freno es en los papeles femeninos. Me libero totalmente y me convierto en una loca.

-Y también se le pierde el miedo a Shakespeare.

-Sí, a Shakespeare, a las mujeres, a Rajoy, a Rubalcaba, a De Guindos... Y entonces, ¿qué miedo nos queda? El miedo a la muerte. Si le perdemos el miedo a la muerte se acaba la crisis.

-Cuarenta años sobre los escenarios, ¿no se aburre?

-No, cada día es diferente y cada día hay un nuevo interés que es ¿¿cobraré hoy?? (risas). Esto hace que la vida en el teatro sea de una intensidad y con un sentimiento de incertidumbre y aventura que nos mantienen siempre vivos.

-Pues en eso de cobrar, le recuerdo que viene usted a Jerez, que no está la cosa muy boyante.

-Ya he tomado mis precauciones y espero que no haya problemas. De todas formas, no vamos a dejar de ir a Jerez por miedo a no cobrar. Hay que hacer un esfuerzo por salir de la situación y nosotros damos facilidades de pago. Creo que a la cultura no se le debe asfixiar, porque es de una fragilidad tremenda y últimamente nadie pide dinero para la cultura porque no hay ni siquiera para la sanidad. Pero lo poco que hay, una vez trabajado, que se pague. Es lo único que pedimos.

-A la vista, ¿algún redescubrimiento?

-Estoy con la 'Odisea', para presentarla en el Festival de Mérida y estoy girando con una obra de Fernando Quiñones que se llama 'El testigo', que se estrenó con el Centro Andaluz de Teatro en el Festival de Cádiz . Para mí sería una gran satisfacción poder llevar esta obra a Jerez en algún momento, porque allí iba a ser comprendida en toda su profundidad. Es una obra que plantea el pensamiento existencial y la actitud filosófica de los grandes cantaores que vienen del analfabetismo, pero que son transmisores de un sentido de la vida completamente provechoso para el mundo moderno. En Jerez sería la bomba.

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