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Lo que promueve el concepto

  • 'A black hole of needs, hopes and ambitions', por primera vez en España

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El arte de los últimos tiempos, años sesenta en adelante, tuvo un discurrir absolutamente vertiginoso, encontrándose modos y medios que discurrían por rutas totalmente ajenas al sentido tradicional de lo artístico; algo que comenzó años anteriores con las apasionadas y apasionantes ideas de Duchamp y las intrépidas acciones de Klein. Poco a poco la idea ocupó los espacios de la forma y lo contemporáneo desarrolló sistemas novedosos que han servido, además, para abrir caminos en un arte que ha abierto absolutamente los horizontes. En este sentido, el Action Art que puso en marcha la actividad pictórica de Jackson Pollock, decantó en los happennings, aquellas acciones que tuvieron, en un primer estadio, el desarrollo escénico del músico John Cage y del coreógrafo Merce Cunninghan y que se manifestaban en unos espectáculos para los que se solicitaba la participación del público y cuya intervención contribuía al propio desenlace del acto. Artistas como Wolf Vostell, Allan Kaprow, el grupo japonés Gutai, así como el también colectivo Fluxus, con la obra de Joseph Beuys, como ejemplos más significativos de una desmaterialización del arte que culminó en el llamado Arte Conceptual y que tiene a la idea como motivo esencial de una obra, cuya no realización física, incluso, hasta era posible. Los artistas conceptuales se valen de fotografías, películas, vídeos, conversaciones, palabras y textos para sus proyectos ideográficos. Los autores principales de esta modalidad forman un grupo de hacedores intelectuales que han patrocinado un estamento creativo de infinita fuerza artística. Los nombres de Joseph Kosuth, el grupo inglés Art and Language, los españoles Antoni Muntadas, Nacho Criado, Francesc Torres, Alberto Corazón… forman un ramillete de primerísimo categoría, donde también destaca la artista italiana Mónica Bonvicini, cuya obra A black hole of needs, hopes and ambitions viene a presentarse, por primera vez en España, en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, auténtica referencia de lo más avanzado que se presenta en nuestro país.

El centro de la muestra lo constituye la instalación Satisfy me -Satisfáceme, en español-, un monumental andamio sostiene las letras del texto, que llegan a medir 1.750 x 300 x 300 centímetros y que fue concebida para ser colocada sobre un espacio verde, que fue anteriormente vertedero, en la ciudad alemana de Herne, cuando ésta fue candidata a la Capitalidad Europea de la Cultura. La autora quería ofrecer una relación, no exenta de ironía, con el pasado anterior de la industrial ciudad y la nueva realidad. Ahora, la gigantesca pieza pasa del exterior a los espacios sacrosantos de un museo. La idea permanece pero adoptando una nueva dimensión. La reflexión suscita nuevos estamentos significantes que se trasladan a nuevas identidades que, no obstante, dejan entrever posiciones referenciales a la antigua circunstancia del propio edificio -Antiguo Mercado de Mayoristas de Málaga-. Algo que está dentro del universo conceptual de la artista italiana preocupada por las relaciones entre arquitectura, sociedad y poder, realidades que están sujetas a los postulados intrínsecos que mantienen vivos la propia circunstancia museística.

Mónica Bonvicini nos coloca en los caminos de un arte contemporáneo que ofrece mucho más de lo que la vista alcanza y que somete al espectador a infinitas complicidades para que obtenga conceptos de muy dispar naturaleza.

De nuevo, Fernando Francés convence con una exposición del arte más comprometido, ese que nos adentra por espacios complejos donde la idea suscita referencias de mediatas e inmediatas manifestaciones.

CAC Málaga

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