La restauración como fuente para la historia

  • La Academia, hoy

L A dedicación al ejercicio de mi profesión como conservador-restaurador me ha permitido vivir en primera persona la evolución constante de conceptos, técnicas, criterios y metodologías.

Se trata de una labor que en escasos veinticinco años se ha reglado con normativas y leyes, ha sido asumida por una sociedad más concienciada y, se la ha dotado de medios tecnológicos tan sofisticados que comparativamente con mis inicios son casi de ciencia-ficción.

Aunque aún conserva cierta dosis de oficio, se ha dejado atrás aquella visión romántica de una actividad artesanal, hermética y oscurantista, siempre entre recetarios, donde las habilidades artísticas -casi milagrosas- se anteponían a la obra de arte.

Sin embargo, a pesar de la regulación que funciona con absoluta normalidad en iniciativas impulsadas desde la administración pública, aún coexisten en ámbitos privados, tendencias opuestas y confusas que favorecen la aparición de controversias.

Así, no es extraño que todavía, sin unidad de criterios, podamos contemplar restauraciones exageradas, intervenciones arbitrarias que ceden a exigencias estéticas o, posiblemente las más censurables, aquellas que por sustracción o adición modifican indiscriminadamente la composición original.

La intervención sobre el bien cultural en la actualidad no recae exclusivamente como era tradicional en la figura del restaurador. En un contexto de alto nivel de exigencia, no se concibe el proceso de restauración sin la participación de diversas disciplinas que permiten establecer estrategias y adoptar los criterios oportunos. Este proceso de investigación resulta indispensable, ya que elimina riesgos innecesarios proporcionando un profundo conocimiento de la obra desde distintas áreas: histórica, técnico-constructiva, científica y conservativa.

De estos estudios preliminares deseo destacar, por su valiosa aportación documental, las investigaciones histórica y científica que, cada vez más, aprovechan las posibilidades excepcionales que brindan los procesos de restauración.

Mediante la realización de complejos proyectos que incluyen planimetrías, ensayos de laboratorio, analíticas sofisticadas y exhaustivos estudios históricos se obtiene un volumen de información tan significativo y específico, que además, permiten en más de una ocasión revisar vías de investigaciones anteriores, o esclarecer dudas sobre la autenticidad de las obras.

Igualmente, en ocasiones muy aisladas, al rigor metodológico se le unen la casualidad y la fortuna que deparan en el hallazgo de documentos, inscripciones, firmas y objetos -que aunque la mayoría de las veces son de escaso valor- siempre contribuyen a la investigación.

En definitiva, la restauración actual está en constante transformación fruto de los nuevos criterios, normativas y avances tecnológicos en materia de la salvaguarda del patrimonio histórico-artístico. La adaptación a estas exigencias explica la enorme evolución de la profesión en las últimas décadas, donde el empleo de nuevas técnicas y materiales nos ha obligado a alcanzar un notable grado de especialización. No obstante, como señala en una de sus publicaciones la profesora D.ª Ana Calvo, ni todo lo nuevo es mejor, ni todo lo antiguo es siempre lo más adecuado.

Esta tarde a las 20:30, en la sede de la Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras, desarrollaré algunas de las consideraciones aquí expuestas mediante testimonios directos y anécdotas que espero sean de su interés.

Francisco Bazán Franco

Conservador-Restaurador

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