Crítica

El tirón del neoaprendizaje de Pérez Floristán

  • Para Pérez Floristán, la música no es necesario entenderla, sino que hay que disfrutarla y vivirla

Tal vez les suene raro el titular con el que comienza este artículo, sobre un joven intérprete de piano, Juan Pérez Floristán, que a los 24 años, es capaz de llenar el Teatro Villamarta de melómanos y músicos, junto al fiel público villamartino de la programación ordinaria del mismo.

Pero no se me ocurre otra manera de explicar lo que transmite en sus conciertos. Es la tercera vez que lo escucho, y cada vez me convence más.

Su actitud frente al espectador, desborda credibilidad. Con una enorme y sólida personalidad, se dirige al público y expone su versión hablada de las piezas que inmediatamente va a interpretar, de manera que, sin necesidad de decirlo explícitamente, el espectador asume que lo que Pérez Floristán está diciendo, y luego interpretando, lo hace con una enorme honestidad, pero además con la conciencia plena de dejarle claro una cosa al espectador: Disfruta primero de la música que interpreto, y luego, si quieres, júzgame. El espectador se siente partícipe del espectáculo, y vislumbra la diferencia entre lo que sería la mera ejecución de una pieza y lo que es en realidad la interpretación musical que hace este joven sevillano, residente en Berlín.

No creo que Pérez Floristán sea antiacademicista, ni anti-nada, porque desborda sentimientos positivos, pero sí creo que es capaz de demostrar que hay otras vías de llegar a la excelencia musical. Y creo que lo hace día a día, buscando la cercanía al público, compartiendo emociones, sensaciones y vivencias. Hablando de la vida. Y no olvidando el enorme esfuerzo continuo que supone aprender y ser a la vez un artista de talla internacional, dando giras por medio mundo.

El concierto el pasado viernes 6, comenzó con la Fantasía Baética de Manuel de Falla. Una obra difícil de entender y de escuchar, pero que Pérez Floristán quiso incluir en el Programa del concierto para comenzar un viaje musical en sentido inverso, es decir, de los compositores más modernos a los más clásicos.

Siguió el programa con una extraordinaria interpretación de los Juegos de agua de Maurice Ravel, que en mi opinión fue de lo mejor de la noche. Excelente.

Sin solución de continuidad, terminó con cuatro Preludios de Serguéi Rachmaninov, que, en palabras del pianista, sirvieron de transición para la segunda parte del concierto, dedicada a obras más clásicas. Realmente, los preludios de Rachmaninov en las manos de Pérez Floristán encendieron todas las posibilidades rítmicas, melódicas y tímbricas del Sreinway& Sons gran cola del Teatro Villamarta. Muy bien.

La segunda parte del concierto, fue de corte clásico, comenzando con la obra Papillon Op. 2 de Robert Schumann, autor sobre el que Pérez Floristán hizo una interesante semblanza psicológica y musical.

El concierto, en lo referente al programa de mano, acabó con la Sonata núm. 23 en Fa menor "Appasionata" de L. v. Beethoven, obra a la que el pianista le puso fuerza y carácter. Muy bien.

Hubo propina, al final, inesperada para muchos de los asistentes, ya que fue una versión propia de Los Caños de Meca, una bulería del disco El Gallo Azul de Gerardo Núñez (que se encontraba, por cierto, entre el público). Y es que Pérez Floristán es capaz de ponerle color a muchos estilos musicales, y no lo digo por los calcetines azul y grana que lució en el concierto en contraste con su traje y camiseta negro riguroso. Lo digo porque lo siento así. A Juan Pérez Floristán le espera una gran carrera artística por delante, que probablemente lo hará más grande aún de lo que ya es, porque además, tiene tirón. Es cuestión de tiempo.

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