La ciudad de la historia por Eugenio J. Vega y FCO. Antonio García

A vueltas con Jerez 'el viejo', que ya sí es viejo

ESCRIBÍA el fraile Jerónimo Rallón que Asta Regia era "Xerez el viejo" ('Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera…, tratados I 3, II 1, V 5'), mudado desde la célebre colonia romana a nuestro solar en época vándala (y llamado "Auxis"). Esta vejez, aunque "moderada", era increíble para muchos, pero es ya evidente a raíz de las conclusiones de las XX Jornadas de Historia de Jerez que hemos celebrado semanas atrás. Tranquilícense, por tanto, aquellos a quienes disgustaba el nombre de "Seritium" para uno de nuestros institutos y con quienes mantuvimos algún rifirrafe dialéctico (y amistoso, por supuesto) en el pasado. Algo había aquí, es seguro (que se lo digan a al-Razi), antes de los moros y de alguna manera se tendría que llamar. Jerónimo Zurita no nos estaba engañando cuando en sus 'Índices de Aragón'afirmaba que la "Batalla del Guadalete" se entabló inter Seritium (o Sericium) et Assidonam. Otra cosa es que el viejo Seritium (o Xarez o Xeritium: realmente nos da lo mismo) esté debajo de la plaza de Plateros o del Mercado, o sea, bajo el Museo Arqueológico.

Por nuestra parte, hemos defendido por oral y por escrito con muchos argumentos durante más de dos décadas la antigüedad "con mayúsculas" de nuestra ciudad (léanse los variados trabajos de cehj.org) y recordamos perfectamente esos años en que algunos (sedicentes) buenos conocedores sin duda de nuestra historia local, tachaban de ficción novelesca, cuando no de falsedad consciente, una obra como la 'Historia de Jerez de la Frontera. Parte Segunda. Sheris Sadhuna. El Jerez Musulmán' (711-1264) (CEHJ, 1987), de uno de los grandes investigadores locales (y nacionales en el campo de la hagiografía): José Luis Repetto Betes. Era imposible, decían aquellos zoilos ("… por más que el mordaz Zoilo lo gruña", ya advertía Bartolomé Gutiérrez en su Poema Histórico), hablar de un Jerez antes de la época de nuestras soberbias murallas almohades. Jerez antes de los almohades no era nada, unos campos de pan llevar, un mustio collado, hasta que llegaron los dichosos almohades y lo construyeron…, en un fin de semana, añadíamos nosotros entonces cum mica salis, sabiendo que era mucho más seguro apostar por la altura intelectual y la fiabilidad de Repetto que por esos susodichos (y sedicentes, insistimos) modernos sabios de nuestra historia. Pues bien, hoy la arqueología ha demostrado lo que apuntaban entonces las fuentes documentales de toda época que, según los incondicionales detractores, estaban o equivocadas (quizá alguna) o falseadas (puede que otras) o escritas por tontos iletrados que ya en su siglo o no sabían nada o, con admirable previsión, pensaron en nosotros para engañarnos. Y lo que han demostrado los arqueólogos, que deben ejercer de santo Tomás (y lo entendemos, aunque a veces parece que tienen que meter no ya el dedo sino la mano y el antebrazo en la llaga), eso mismo lo viene ya desde hace años corroborando el compañero del CEHJ Miguel Ángel Borrego, nuestro particular 'alim ("experto") en estos temas.

Hay que tener paciencia, ¡hombre!, y desde luego saber lo que se dice y lo que no hay que ser es derrotistas. Una cosa es sonreír ante la simpática exageración del doctísimo sastre Bartolomé Gutiérrez en su precioso 'Poema histórico en octavas reales' ("… que es de antes del Diluvio fundación") y confiar únicamente en la arqueología, y otra decir que Ceret es tan solo el nombre de una urbanización, como con inigualable gracejo han bromeado algunos atrevidos, recurriendo a veces, ellos sí, a verdades a medias, a argumentos trastocados o a informaciones más que deficientes.

En esas estamos. Hay topónimo y hay indiscutiblemente monedas con su leyenda. ¡Qué es eso de un error con Jerez de los Caballeros, ni de tesorillo para justificar el obispado, ni qué ocho cuartos! ¡O que hay que desconfiar de Agustín Muñoz porque acaso confunda el nombre de dos plazas! ¡Agustín Muñoz nada menos, el gran conocedor de nuestra arqueología y nuestro callejero, y correspondiente en Jerez de Fita y Hübner, por cierto! Que sí, que hubo intentos torticeros de añadir antigüedad para ganar la sede; que sí, que hubo invenciones; que sí, que vale; pero no siempre, ¡hombre! Y lo cierto es que cada vez hay más monedas en la zona (y no nos las hemos traído nosotros). Y cada vez más restos romanos y más indicios de población.

Todos, Montescos y Capuletos, debemos agradecer a nuestro equipo de arqueólogos del Museo Arqueológico esa constante búsqueda que a buen seguro dará muy novedosos resultados. Los últimos hallazgos en el Alcázar (de los que nos habló Laureano Aguilar en las Jornadas) son más que interesantes: cerámica tartésica, una inscripción de época romana y dos tumbas tardorromanas con cerámica sigillata norteafricana asociada de los siglos IV-V; así como los alfares romanos en calle Visitación, junto a la catedral, y asociados al arroyo que discurría a sus pies, lo que implica, sin duda, una población estable y permanente en una zona donde había agua potable en abundancia, sin que se pueda precisar aún el tipo de poblamiento en cada uno de estos periodos. Sí, se está avanzando, y Jerez ya no puede ser visto como un campo despoblado y hallado virgen por los musulmanes.

Oigamos y leamos a Agustín García Lázaro, a Jesús Montero, a Jesús Caballero... El Jerez urbano y periurbano está rodeado de restos romanos: nuestra campiña es uno de los grandes centros exportadores del imperio con un buen número de terratenientes hispanorromanos. Uno de los documentos literarios sobre el campo "ceretano" (aparte de los Ceretana del gaditano Columela, De re rustica III 3,3; III 9, 6) es el de Marcial, un autor también hispano (de Bilbilis, Calatayud), que nos habla de vino ceretano (Epigr. XIII 124) y de un hombre "Alegre" (es lo que significa hilarós en griego) en estas tierras nuestras (Epigr. VI 73):

Nam Ceretani cultor ditissimus agri/ hos Hilarus colles et iuga laeta tenet:

"Pues el labrador más rico del campo ceretano, Hílaro, posee estas colinas y fértiles altozanos" (colles et iuga: elevaciones, mesetas, ¡mesas!, ¿como las de Asta?)

Y recordemos que don César Pemán descubrió en el 'Cortijo de Espartinas' una inscripción con el nombre Baebius Hilarus (AEArq 14, 1940-41, pp. 556 ss): más "Bebios". Podrá haber dudas, pero es mucha coincidencia.

La epigrafía viene en nuestro auxilio con casi un centenar de inscripciones latinas (que estamos recopilando) y nos habla de los estrechos lazos entre los Bebios, Elios y Fabios (estos quizá originarios de la zona), "gentes" con una nutrida representación en Cádiz y Jerez, en Bornos, Medina Sidonia o el Campo de Gibraltar. No olvidemos tampoco que la cuna de la familia del emperador Adriano, Aelius Hadrianus, está aquí y tenía estrechos lazos con los Fabios.

Para concluir, nos quedamos con estas palabras de B. Gutiérrez, a mediados del XVIII, (Historia de Xerez…, t. I, pp. 80-81):

… si acaso dijere que pudieron traerlos desde la meza de Asta, unos y otros; pues, viendo las Bazas y columnas aplicadas á remendar paredes y las estatuas rodando por las calles, no habrá juicio que imagine que para cosa futil emplearían los carros en el viaje de más de dos leguas para traer piedras tan pesadas y para emplearlas en calzos que con cualquiera piedra pronto se podría suplir; y lo que es más, en conducir las estatuas para cantos de esquinas de calles y embutidos de paredes extramuros de la ciudad donde de nada ha servido ni se hacía caso de ellas (…) es presumible que todos ellos son ciertamente de la Población en donde están; y más, cuando los tales referidos (…) fueron embutidos en los muros, por los moros; y esto es tan cierto que cuando se ganó la Ciudad se hallaron introducidos, y sirviendo de mucho tiempo antes en ellos.

Seguiremos esperando lo que queremos (speremus quae volumus, dijo Cicerón): la confirmación definitiva, si es que todo lo que ya sabemos y lo que ya está demostrado, no es suficiente para algunos escépticos.

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