Juan Alfonso Romero

La hipocresía en la Semana Santa

Sí, es cierto que puede haberla pero eso ocurre en el resto de celebraciones, eventos religiosos y no religiosos. Es algo que hay que combatir con buenas maneras. Así somos de imperfectos los seres humanos. Todo viene a colación de una de tantas conversaciones mantenidas con buenos amigos en esta Semana Santa.

Yo decía que era muy sorprendente el crecimiento positivo en cantidad y calidad que han tenido la Semana Santa y las hermandades en los tiempos que corren, donde estamos siendo atacados por parte de nuevas 'corrientuchas políticas'. Sí, la tendencia actual -irascible o de emociones negativas como uno de los caballos del mito del Auriga- es atacar nuestras costumbres y tradiciones religiosas y culturales. Pero se han encontrado frontalmente con otra tendencia, la concupiscible o tendencia a la bondad como el otro caballo del mismo Auriga, siendo evidente y muy positivo indicador para el buen futuro de nuestras cofradías. Han incrementado notablemente los cortejos de las mismas y aumentado el número de hermandades. Es decir, aumenta el número de simpatizantes por llamarlo así. Curioso, ¿verdad Kichi y Cía? Recordemos que hace tiempo, cuando no se manifestaban tanto los que atacaban estas costumbres y tradiciones, las cuadrillas de costaleros eran de profesionales (cobraban) y ahora la mayoría lleva varias cuadrillas de hermanos (no sólo no cobran sino que pagan). El Papi -genial capataz de aquella época- sabría bien lo que digo. En todo caso, la conversación a la que me refería al principio iba por ahí. Cuando mi querido amigo gesticuló con su mirada y movimiento de cabeza como diciéndome que sí, que muy bien, que tengo razón pero que lo que él ve en la Semana Santa "es que hay mucha hipocresía. Que todo el año nada y ahora nos queremos rasgar las vestiduras". Mi respuesta no fue otra que darle la razón, que así es. Pero así es en todos los días y meses del año y en todas las acciones humanas, no sólo en Semana Santa. Como en política o como cuando muere alguien al que siempre se ha estado criticando y vemos su entierro lleno de cariacontecidos tristes, falsos y melancólicos, muchos de ellos llorando. ¿No es eso también hipocresía? ¿O es que quizás tienen que ocurrir determinadas experiencias para poder darnos cuenta de lo pobres de corazón que somos muchas veces y tenemos derecho a arrepentirnos? Yo le decía que en el Rocío, la Feria, la Semana Santa, en las bodas, bautizos y comuniones, actos públicos y 'entrega de trofeos' en general, el comportamiento de las personas, de la mayoría, es así exactamente. No hace falta que sea Semana Santa para observar la presencia de la hipocresía. Además, los 'malas horas, mete patas y malhechores' son siempre los mismos. Sea Rocío, Feria, Semana Santa o los Viernes Flamencos. Los que son hipócritas estarán siempre ahí pero hay una diferencia. Alrededor de la Semana Santa está la fe y muchas veces viendo la Pasión y Muerte de Jesucristo podemos cambiar y podemos convertirnos. Fíjate bien, le dije, el Miércoles Santo la visita del ministro Dastis que, aunque sabiendo que sus siglas defienden nuestras costumbres y tradiciones, ya quedamos pocos ilusos y sabemos que vino para hacer campaña, utilizando el inmenso poder de convocatoria que tiene El Señor del Prendimiento y apoyar a su partido en Jerez. Pero lo más apoteósico y sorprendente es que vinieron a ver al Prendimiento políticos no muy alineados con esto de la Semana Santa. ¡Qué poder el del Prendimiento! ¡Qué grande! Ha sido capaz de reunir y hacer rezar -con la colaboración necesaria del ministro (de la Iglesia) obispo Don José Mazuelos- nada más y nada menos que a la señora Susana Díaz, a quien se le presupone no ser muy religiosa o pro Semana Santa viendo el discurso de su partido. Por eso insisto en que el poder que tiene la Semana Santa es ese precisamente. Donde vienen tantas personas atraídas por tan variados objetivos puede ocurrir el milagro. Que de entre un millón de personas la mitad sean agnósticas y que de esas que no creen se conviertan algunas de ellas. Ese es el mejor de los regalos tras el esfuerzo de la Iglesia y cofradías. Conseguir que al menos alguien que parecía no creer empiece a creer como es el caso de Susana, y vaya usté condió.

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