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La educadora social

La carta pone de manifiesto las herramientas morales que tenemos en una sociedad que sufre una amenaza muy real

Uno de los documentos más interesantes de estos días ha sido la carta abierta de la educadora social que había trabajado con los autores de los atentados yihadistas. "¿Qué estamos haciendo mal?", se preguntaba estupefacta esta educadora. Sus alumnos habían sido niños responsables y atentos. Estaban muy bien integrados y no sufrían problemas económicos. Pero a pesar de todo esto, acabaron convirtiéndose en asesinos fanáticos. ¿Qué estamos haciendo mal?

La carta pone de manifiesto cuáles son las herramientas morales con que contamos en una sociedad que sufre una amenaza muy real (de la que muchos no quieren ser conscientes). Y lo que revela esta carta es muy preocupante. Para empezar, la educadora se pregunta qué hemos hecho mal nosotros como sociedad, pero en ningún momento se cuestiona lo que han podido hacer mal esos jóvenes. De hecho, la palabra "responsabilidad" no aparece en ningún momento. Tampoco la palabra "individuo" ni mucho menos el término "conciencia individual". En cambio, la palabra que se repite una y otra vez es "niño". Por lo demás, el desconocimiento del contexto histórico en el que vivimos es alarmante. La educadora no parece haber oído hablar de un solo atentado yihadista. Su mundo no es el mundo desagradablemente real en el que las cosas son como son -nos gusten o no-, sino el mundo ideal en el que las cosas son como nos gustaría que fuesen. Y ésa es la única plantilla moral que le sirve para juzgar la realidad.

En la mente de la educadora no existen las palabras moral ni religión. El mal como concepto tampoco existe, y peor aún, ni siquiera parece posible. Para la educadora, los buenos sentimientos son las únicas condiciones necesarias para que la convivencia sea posible. Y aunque vive en Cataluña, donde funciona desde hace años una poderosísima maquinaria de manipulación ideológica (de la que ella quizá sea víctima), la educadora no parece consciente de que pueda haber otra maquinaria de manipulación ideológica que se dirija a otras personas y que use otros mitos: el mito del califato perdido de Al Ándalus, por ejemplo, en vez del mito de la Cataluña Libre.

Indudablemente, la educadora es una buena persona que creía estar educando a buenas personas con una ideología hecha para las buenas personas. Pero la ingenuidad de su visión del mundo pone los pelos de punta.

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