Pornografía en las redes: ¿la ‘gasolina’ de las violaciones grupales?

Enredados

La Fiscalía pone en el punto de mira a las redes sociales tras el aumento de los delitos sexuales

Menor de edad usando redes sociales a través de un Smartphone.
Menor de edad usando redes sociales a través de un Smartphone. / Pepe Santos
Pepe Santos

15 de septiembre 2019 - 06:23

El pasado lunes la Fiscal General del Estado, María José Segarra, alertó del “inquietante” y “preocupante” aumento de la violencia de género y los delitos sexuales entre los menores de edad.

Las violaciones en España se han incrementado un 43% con respecto a 2018, sobre todo las grupales. En palabras de Segarra “existe una inequívoca tendencia al incremento de la violencia entre menores, adolescentes y jóvenes. Esta tendencia se refleja tanto en el ámbito doméstico como en las relaciones sentimentales iniciadas a una edad cada vez más temprana, y que se asientan sobre pautas de control y dominación del chico sobre la chica".

Estudio sobre la nueva pornografía

Un estudio reciente, elaborado por la Red de Jóvenes e Inclusión Social en colaboración con la Universidad de Islas Baleares,“Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales”, desprende lo siguiente:

Al menos 1 de cada 4 varones de entre 16 y 29 años ha consumido pornografía en Internet antes de los 13.

El primer contacto se adelanta a los 8 años debido a la facilidad de acceso a las nuevas tecnologías, especialmente el móvil.

A nivel global, el 25% de los niños de 13 años reconoce haber tenido ya algún contacto con el porno.

A los 15 ya son la mitad los que han visto contenidos sexualmente explícitos.

Ninguno de los encuestados refirió haber utilizado medios impresos como las revistas o libros para consumir porno.

El móvil es el sistema más utilizado: un 47,9 % lo emplearon para visitar contenidos sexualmente explícitos, mientras que un 46,2% reconocieron usar para ello el ordenador.

La influencia de las redes sociales

Para la Fiscal Segarra existe un posible efecto contagio que está haciendo que se multipliquen las violaciones en grupo, un fenómeno que, a su juicio, “guarda relación con el uso de la pornografía a través de las redes sociales, donde se presenta a la mujer cosificada”, concluye.

Cuéntame cómo paso

En pocas décadas hemos vivido un cambio radical en la búsqueda de cualquier información. Ahora en pocos segundos podemos acceder a documentos que antes nos podían llevar horas, meses o incluso años encontrarlos. Y todo, gracias a Internet.

Nunca ha sido tan fácil como hoy el acceso a determinados contenidos pornográficos, y ahí está la base del problema, un coto “sin vallar” para todo el público, tengas la edad que tengas.

Los que peinamos algunas canas podremos recordar cuando en el colegio nos daban el diccionario Sopena, en la década de los noventa. La curiosidad propia de un niño de 8 o 10 años hacía que lo primero que buscase fueran palabras que se oían a personas adultas como: teta, follar, culo, coño, puta… Y siempre a escondidas, claro.

Ahora, en pleno siglo XXI, si te regalan un diccionario sería algo, incluso, extraño, puesto que los niños y niñas de 2019 tienen toda la información del mundo (tanto buena como mala) a golpe de clic en un ordenador o deslizando los deditos a través de una pantalla de un móvil.

Lo que se lleva hoy en día es regalar un Smartphone, o lo que lo mismo para un niño de corta edad: un arma. Permítanme el símil, por favor. Muchos de estos dispositivos se regalan en la Primera Comunión o lo traen los Reyes Magos por Navidad, lo que significa que muchos niños y niñas de 8 o 9 años en adelante ya tiene su primer móvil en sus manos.

Por cierto, mi primer móvil lo tuve con 16 años y solo me permitía hacer llamadas de teléfono y algún que otro mensaje de texto (SMS) que te lo pensabas antes de enviarlo porque te salía caro.

Todo este cambio generacional está provocando que los menores tengan acceso libre a una “discoteca” con distintas salas donde elegir a la carta: biblioteca, videojuegos, Wikipedia, la plataforma online del colegio, tutoriales sobre drogas, fake news, pornografía de todo tipo, violencia, ejecuciones terroristas, etc.

Todo al gusto del consumidor. Todo a solo varios clics. Un consumidor, menor, que puede libremente acceder a lo que le dé la gana sin que nadie esté informándole de lo que es apto o no ver/leer para su edad.

La opinión de los expertos

Teniendo en cuenta las declaraciones recientes de la Fiscal Segarra donde pone en el punto de mira a las redes sociales tras el aumento de los delitos sexuales es importante conocer, también, la opinión de los expertos en la Psicología.

Bruno Moioli, doctor en Psicología.
Bruno Moioli, doctor en Psicología.

Así pues, para Bruno Moioli, Doctor en Psicología, “se trata de una tendencia que se observa hace años, donde el acceso libre y generalizado a las redes ha facilitado a su vez el acceso sin restricciones a la pornografía en la que los modelos tradicionales de relación sexual, cosifican a la mujer y la ponen al servicio del hombre. Ella asumiendo papeles sumisos y pasivos centrados en el placer y dominio del hombre, con un sexo exclusivamente coital y genital, en ausencia de emociones y como juego para varios hombres, lo que facilita la transmisión de modelos grupales de agresión y abuso sexual como si fueran lo normal y deseable”.

"No comparto la idea de que cualquier menor de edad disponga de acceso a internet sin ningún control"

Moioli, que celebra el próximo 28 de septiembre en Sevilla el mayor programa de crecimiento personal presencial del sur de Europa, no comparte la idea de que cualquier menor de edad disponga de acceso a internet sin ningún control.

Y ante los estudios que indican que de media a los 12 años es cuando los niños y niñas acceden a contenidos pornográficos a través de las redes sociales se muestra muy contundente: “¡Es una edad muy temprana! Al menos en nuestra sociedad, por varias razones, la educación sexual formal que ha recibido el adolescente es nula o muy pobre con un gran desconocimiento afectivo sexual, y la educación informal propia de su grupo de iguales y de los tópicos sociales está sesgada hacia lo coital, genital y pornográfico. A su vez su grado de madurez personal es insuficiente como para discernir con suficiente voz crítica la influencia que recibe”.

"Los padres tienen una enorme responsabilidad y no pueden inhibirse desde el silencio o la vergüenza"

En su opinión, los padres tienen una enorme responsabilidad y “no pueden inhibirse desde el silencio o la vergüenza a tratar estos temas, son modelos que están conformando la sexualidad de sus hijos desde pequeños, y son los principales encargados de preparar y facilitar un adecuado y sano desarrollo de todas las dimensiones de la persona, incluida la afectivo sexual”.

"No hay que prohibirles que tengan curiosidad y hagan preguntas o se exploren"

Por tanto, “no hay que prohibirles que tengan curiosidad y hagan preguntas o se exploren, al contrario, hay que señalar los espacios adecuados para esas conductas, han de responder desde la propia formación, tal vez con lecturas educativas o la participación en escuelas de padres donde se tratan estos temas. Siempre acorde al nivel de madurez y desarrollo del menor”.

"Hay que preparar bien al menor para que sepa distinguir lo saludable, lo éticamente aceptable de lo que no lo es"

Por último, Bruno Moioli aconseja seguir una serie de pautas por parte de los padres: “Además de las propiamente restrictivas, limitar el acceso a contenidos, el uso sin control paterno de ningún tipo, creo que las preventivas son más necesarias y finalmente más influyentes, a fin de cuentas el adolescente ha de saber gestionarse como persona con intereses sexuales en un mundo donde la pornografía existe y circula libre, y hay que prepararlo para distinguir lo saludable, lo éticamente aceptable de lo que no lo es para el modelo social que pretendemos, por tanto estará expuesto y ha de conocer la pornografía precisamente para saber escoger y diferenciar".

En cuanto a la prohibición de contenido sexual, "dependerá de la edad del menor, mientras no sea sexo explícito. Por desgracia, también está en muchos sitios: anuncios de refrescos o perfumes a horarios infantiles y juveniles, en magazines de libre acceso, etc.”, concluye el Doctor en Psicología.

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