Soltando grillos

Algunas cosas que ocurren, mientras nos distraen con la crispación

  • La actualidad está llena de informaciones importantes que no alcanzan un día de vida, mientras nos pasamos días dando la barrila con noticias que apenas lo son

Ilustración de Rosell Ilustración de Rosell

Ilustración de Rosell / Rosell

En mitad del juicio del Procés; los líos por las candidaturas electorales para el 28 de abril; las exageraciones de Pablo Casado; los tumbos de Albert Rivera y los decretos de Pedro Sánchez con la legislatura agotada, me dio mucha alegría que un tertuliano en la radio introdujera en la conversación un asunto realmente importante. Ocurrió el otro día en el Hoy por Hoy de la cadena Ser y la culpa la tuvo Joaquín Estefanía. Los datos que ofreció están a la vista de todos, pero como estamos ocupados con el palabrerío y la crispación, apenas nos queda tiempo para detenernos en cosas esenciales.

Y así nos levantamos cada mañana, viendo amanecer en un nuevo día de la marmota

Vamos con ello. La OIT, la Organización Internacional del Trabajo, en su último informe sobre perspectivas sociales y el empleo en el mundo para 2019, afirma que la mayoría de los 3.300 millones de personas que tienen un trabajo en este planeta no gozan de un nivel suficiente de seguridad económica, bienestar material e igualdad de oportunidades. En porcentaje, el dato tira de espaldas. La OIT estima que el 61% de esos 3.300 millones de trabajadores –la friolera de más de 2.000 millones de personas– tienen un empleo indecente. O lo que es lo mismo, un trabajo que no les da para vivir con dignidad. El informe advierte de otro dato preocupante: más de una de cada cinco personas que habitan este planeta y que no han alcanzado los 25 años de edad ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación, por lo que sus perspectivas de trabajo en el futuro se ven más que comprometidas.

La actualidad está llena de informaciones que no alcanzan un día de vida, mientras nos pasamos días dando la barrila con noticias que apenas lo son. Vamos con otra. Esta pasada semana Comisiones Obreras publicó un estudio de su gabinete económico tan demoledor como efímero en su recorrido mediático. Según este informe, hace tiempo que se fue al garete uno de las pocas cosas en la que todavía creíamos, esa que decía que disfrutar de un contrato indefinido en España era sinónimo de un empleo estable. Pues no es así, y apenas se habla de ello. El año pasado se firmaron en España 2,3 millones de este tipo de contrato, pero al acabar 2018 prácticamente 900.000 de ellos habían desaparecido. Esto supone que un 37% se rescindieron por el camino. Un porcentaje que aumenta al 50% si se lleva la comparativa a la duración de dos años. Este deterioro del contrato indefinido, como es obvio, ha ido parejo a la entrada en vigor de la reforma laboral en 2012. Hasta ese año, la inmensa mayoría de los contratos indefinidos en España, el 88% de ellos, se mantenían cuando terminaba el año.

Resulta que los seis principales grupos bancarios españoles se embolsaron la friolera de 27.959 millones de euros en concepto de comisiones en 2018

Hay otra noticia reciente que ha tenido menos vida que una pompa de jabón. En un país que sigue padeciendo los efectos de una grave crisis económica, y donde, nosotros los contribuyentes, tuvimos que poner miles de millones de euros para rescatar a la banca antes de rescatarnos a nosotros mismos, cualquiera podría pensar que la noticia que les voy a contar debería haber provocado un auténtico maremoto de indignación. Resulta que los seis principales grupos bancarios españoles se embolsaron la friolera de 27.959 millones de euros en concepto de comisiones en 2018, lo que viene a ser cerca de 7.000 millones más que el año anterior. Eso quiere decir que después de rescatarlos, sin que nos devolvieran más que una pequeña parte de las ayudas, nos están friendo a comisiones y el asunto no alcanza ni dos horas mediáticas de vida.

Mientras nos tienen entretenido con la crispación, tampoco se escapa la Unión Europea

En este recuento de las cosas que ocurren, mientras nos tienen entretenido con la crispación, tampoco se escapa la Unión Europea. Hace unos días se ha tomado una decisión que apenas ha ocasionado una crítica. Con lo difícil que es llegar a acuerdos unánimes en los debates en Bruselas, es llamativo el rápido consenso que alcanzaron los Gobiernos europeos en un asunto de calado: realizar una lista negra comunitaria de países cuya legislación favorece el blanqueo de capitales y la financiación de grupos terroristas. Claro que el acuerdo fue unánime para votar en contra. La Comisión Europea considera que 23 países, entre ellos Arabia Saudí y cuatro territorios de Estados Unidos, tienen jurisdicciones de “alto riesgo”, pero a los Gobiernos que sustentan a esa misma Comisión les parece que la lista negra se ha hecho con “falta de transparencia y de credibilidad”. Para que nos hagamos una idea de lo que estamos hablando, bueno es ponerle números a esta iniciativa. Bruselas cifra en 110.000 millones de euros al año el dinero sucio que se cuela por las rendijas del sistema financiero europeo, pero con Arabia Saudí y Estados Unidos, hemos topado, amigo Sancho.

Y ahora, después de este relato de algunos hechos destacados, a seguir con lo nuestro y su parafernalia de gritos y ruidos. Guaidó está de vuelta en Venezuela; Susana Díaz y Pedro Sánchez, vuelven a la carga ahora con las listas a las generales; el Procés no lo organizó nadie y la actuación de la Policía se diseñó ella sola; ayer tocó el gran escándalo del relator y pasado mañana volveremos con la reconquista, un asunto tan cercano en el tiempo. Y así nos levantamos cada mañana, viendo amanecer un nuevo día de la marmota.

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